Más Ciberpunk

Herles Velasco

Acabar siendo absorbido por el mercado y la cultura de las masas es un proceso natural de todo producto originado en la contracultura. En ese sentido, el Ciberpunk (o Cyberpunk), que nació como subgénero literario a mitad del siglo XX para plantarle cara a la ciencia ficción que se hacía por aquellos tiempos, no se ha librado del manoseo pop y el mainstream que alguna vez criticó; ya Murakami (Haruki, no Takeshi) le ha suavizado el tono en un puñado de novelas que han provocado el nacimiento espontáneo de toda una nueva generación de fans de este “nuevo” Ciberpunk y sus mundos distópicos, no del todo fieles a los orígenes que no dejaban de tener una carga política muy presente.

Algo así parece estar pasando con uno de los iconos de ese movimiento, no en su parte más literaria sino en la gráfica y cinematográfica: Ghost in the Shell, manga que comenzó a publicarse a finales de los 80 y que llegó a la pantalla grande por primera vez en 1995 (más una serie de televisión). A unas semanas del remake de este “thriller policiaco” protagonizado por la neoyorkina Scarlett Johanson, en el papel de Motoko Kusanagui y que narra las misiones de esta ciborg y, más en el subtexto, las consecuencias éticas y filosóficas del desarrollo de la inteligencia artificial y las relaciones entre humanos y máquinas, ha desatado (como siempre) la rabia de los más puristas en las redes sociales, que ven a esta versión de Kusanagui muy descafeinada. Más allá de las críticas (enfocadas casi exclusivamente en la nacionalidad de la protagonista), y a falta de ver la película, hay que decir que por lo menos la estética abigarrada del manga y las primeras series, así como el frenesí en las escenas de acción fieles a los primeros productos, prometen. No se llevaron a Motoko Kusanagui de Japón, un elemento fundamental en la historia original, lo cual se agradece. En cuanto a lo más profundo de la obra y sus contextos socio-tecnológico-culturales habría que esperar un par de semanas más para emitir un mejor juicio.

Reacciones similares se han producido por otras propuestas muy recientes de remakes de otras dos efigies de este género: The Matrix (1999) y Blade Runner (1982); de la primera ya se están haciendo para atrás las productoras; de Blade Runner (basada en la novela de Philip K. Dick) ya está más que pactada para proyectarse el año que viene; eso sí, para suavizar a los fanáticos han prometido a Harrison Ford, protagonista original, y la asistencia al nuevo director Denis Villenueve por parte del director británico Ridley Scott. Esto pone en la mira a otros clásicos del Ciberpunk ochentero como “Tetsuo”, “Akira” o “Videodrome”.

El Ciberpunk está de vuelta y las próximas películas con esa temática lo demuestran, el que los grandes estudios (con igualmente grandes recursos) estén interesados en este tipo de películas le aseguran salud por un largo tiempo a este alguna vez subgénero y bandera contracultural de los 80.

 

@Lacevos

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