Ayotzinapa: la CNDH tiene otra historia

Héctor De Mauleón

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, CNDH, ha pedido que la Procuraduría General de la República, PGR, investigue si fue circunstancial el hecho de que los únicos dos autobuses de los que fueron sustraídos los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, —el 1568, detenido en la calle Juan N. Álvarez, y el 1531, acorralado en el Puente del Chipote— hayan sido los mismos en los que los estudiantes se trasladaron de la escuela Raúl Isidro Burgos a la ciudad de Iguala.

La pregunta está llena de implicaciones. Sobre todo, porque resta importancia al famoso “quinto autobús” en el que, según el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, podría estar el móvil del ataque contra los estudiantes.

Según el GIEI, la reacción extremadamente violenta de quienes el 26 de septiembre de 2014 tomaron parte en la detención y desaparición de los alumnos, podría estar relacionada con “algo” escondido en el autobús 3278, de la empresa Estrella Roja, que los alumnos “tomaron” en la terminal de Iguala.

El GIEI solicitó, desde septiembre del año pasado, que se investigara la utilización de autobuses de transporte público para trasegar pasta de heroína al mercado estadounidense. De acuerdo con el grupo, existe una ruta entre Iguala y Chicago, por la que camiones de pasajeros transportan heroína.

Para los expertos, todo parece indicar que el operativo desatado la noche del 26 de septiembre tuvo como fin impedir que los autobuses —es decir, su cargamento— salieran de la ciudad.

La CNDH parece en poder de otra historia.

Entre las 19:30 y las 20:10 de aquella noche, los alumnos arribaron a la colonia Rancho del Cura en el autobús 1531, y a la caseta de Iguala en el 1568.

A las 20:15, ocho estudiantes intentaron “tomar” un tercer autobús, el 2513. Según los informes de la CNDH, varios pasajeros se negaron a que el camión fuera entregado. ¿Quiénes eran los viajeros? No se sabe: lo relativo a dicho autobús nunca fue investigado. En todo caso, la negativa provocó que los alumnos admitieran ir a la terminal para que el chofer dejara el pasaje.

Los normalistas sostuvieron que el chofer los dejó encerrados y pidieron ayuda a sus compañeros. Esto hizo que los otros dos autobuses entraran a la ciudad.

El grupo que llegó a apoyarlos tomó otros autobuses (2012, 2510 y 3278). El autobús, cuyos pasajeros fueron a dejar, el 2513, quedó abandonado en la terminal. ¿Este autobús era más importante puesto que no los dejaron llevárselo? No hay respuesta.

Los alumnos salieron en caravana y circularon por Galeana con el 1531 a la delantera. El célebre “quinto autobús” avanzó por Altamirano, con 14 alumnos a bordo. Fue el único que no fue atacado: de acuerdo con el GIEI, una patrulla de la Policía Federal lo interceptó cerca del Palacio de Justicia: los alumnos que iban a bordo se bajaron y corrieron hacia un cerro. El camión habría sido escoltado hasta la caseta. De acuerdo con la PGR, los alumnos abandonaron el camión al percatarse de su mal estado (era “de servicio económico” y estaba limitado a circular, por lo demás, únicamente por Guerrero y Morelos).

El autobús 1531 fue forzado a detenerse en el Puente del Chipote por agentes encapuchados de la Policía Municipal de Iguala. Los alumnos que iban a bordo fueron obligados a descender mediante el uso de gases lacrimógenos y subidos a cuatro patrullas —presumiblemente de Huitzuco—.

El autobús 1568, que iba en tercer lugar de la caravana, fue atacado en Juan Álvarez y Periférico. El único sobreviviente vio que sus compañeros eran detenidos y llevados en patrullas de la municipal de Iguala.

Así que los únicos alumnos desaparecidos son los que viajaban en los autobuses que llegaron a Iguala, y no en los que salían de Iguala. No los que viajaban en el famoso “quinto autobús”: todos ellos salvaron la vida.

¿Quiere esto decir que los sicarios no iban a cuidar un cargamento? ¿Que buscaban otra cosa, tal vez a alguna(s) persona(s)? ¿A qué se refiere en concreto la pregunta de la CNDH?

En su informe de hace 15 días, este organismo se pregunta por qué no ha quedado claro quién llevó a los estudiantes a Iguala, por qué precisamente a los alumnos de primero, cómo se conformó el grupo, quién lo organizó y si tuvieron injerencia en esa decisión las autoridades escolares.

Hay que responder estas preguntas, dice la CNDH, y tener claro que investigar no es revictimizar. “Es más delicado que la PGR ignore o desestime información proveniente de su propio expediente”.

@hdemauleon

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