Replantear el modelo económico

Editorial EL UNIVERSAL

En México tenemos más de dos décadas aplicando los principios de libre mercado dictados por las instituciones financieras internacionales, y pese a haber experimentado crecimiento en la economía y un desarrollo considerable, la desigualdad y el desempleo en nuestro país son cada vez mayores, y la pobreza, lejos de disminuir, se ha incrementado.

Ayer el gobierno federal anunció que hará un recorte al gasto programable de 43 mil 800 millones de pesos que le ayudará, dijo, a cumplir con el compromiso de reducir la deuda pública, de acuerdo con los PreCriterios Generales de Política Económica (PCGPE). Con dichos ajustes, la expectativa de crecimiento de la economía para 2018 es ahora de entre 2% y 3%, con lo que para fines de esta administración la tasa de crecimiento promedio entre 2015 y 2018 se estima que sea de 2.3%, lejos de la expectativa anticipada por la Federación a principios de este sexenio, cuando se calculo un crecimiento de 5% por la contribución de las reformas estructurales.

Sabemos que la estimaciones de crecimiento económico difícilmente son acertadas, y es innegable, por ejemplo, que en comparación con algunos países latinoamericanos, México crece más y posee mayor estabilidad macroeconómica. Asimismo, no puede dejarse de lado la existencia de un contexto internacional francamente desfavorable para el crecimiento, por la inestabilidad económica mundial, la desconfianza de inversionistas que ésto provoca, la volatilidad de las bolsas y, en especial para el caso mexicano, por el discurso proteccionista y antiinmigrantes de Donald Trump. Todo ello sin duda influye considerablemente en un mundo globalizado.

Sin embargo, continuar como hasta ahora solamente por el camino de la apertura económica de corte liberal —con el acotamiento de la acción gubernamental sobre la economía y la creciente liberalización de las industrias que conlleva—, o seguir sosteniendo que los beneficios de las reformas estructurales se verán pasado cierto tiempo, ya no es suficiente. Prueba de ello es que hoy hasta el antiguo mayor promotor del libre mercado, Estados Unidos, emprende un viraje a sus políticas económicas y comerciales.

Transcurridas dos terceras partes de la actual administración vemos que los beneficios prometidos no llegan. Por lo que ya no basta con que funcionarios nos digan que no se ha logrado la meta de crecimiento por la caída de los precios del petróleo, por la menor producción industrial y la subida de tasas de interés en EU, por la incertidumbre en torno a la desaceleración en China, etcétera. Queda clara la gran influencia del exterior.

No obstante, ante el hecho de no haber alcanzado las metas planteadas, toca al gobierno y al empresariado hacer una revisión de los factores internos que están fallando. Debemos evaluar ya un cambio en nuestro modelo de desarrollo.

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