El prestigio internacional de México está ensangrentado desde el sexenio pasado, cuando el presidente Felipe Calderón declaró la guerra al crimen organizado. Llegó el presidente Enrique Peña Nieto y la sensación de que en sus primeros meses la violencia había disminuido, terminó siendo falsa.

En diez años, los seis de Calderón y los cuatro de Peña, la estrategia policiaco-militar para enfrentar el problema no ha tenido grandes variaciones. Acaso en el actual sexenio hubo ajustes en la manera de comunicar a la sociedad los asuntos del crimen, acaso —y con altibajos— una mejor coordinación entre los altos funcionarios.

Los muertos, las balaceras, los secuestros han teñido de sangre la imagen que proyecta México al exterior. Las noticias más importantes que se leen sobre nuestro país en los medios de comunicación del mundo tienen que ver con la violencia. Y marcadamente, cuando ocurre en las ciudades mexicanas que son más conocidas en el mundo.

Acapulco fue la primera víctima. Guerrero se volvió de los sitios más violentos del mundo. Y Acapulco una ciudad extremadamente roja. El turismo extranjero disminuyó tanto que hasta cancelaron el spring break. Hubo momentos de enorme sequía y el turismo nacional, con miedo, entró al quite.

Esta semana ha sido devastadora para Quintana Roo con su Riviera Maya, que se imaginaba como un reducto en México exento de la violencia del crimen organizado.

Era cosa de tiempo: el narcomenudeo estaba desatado en los polos turísticos de Quintana Roo. Lo reportaban locales y visitantes. La cantidad de dealers en las calles había roto récords. El mal gobierno y la corrupción no ayudan. Así, las balaceras en Playa del Carmen el lunes y en Cancún el martes han venido a “despescuezar” a la “gallina de los huevos de oro” del turismo nacional, para ponerlo en términos de moda.

Los centros turísticos viven de la imagen que proyectan, de la confianza que generan en el visitante de que van a estar tranquilos y pasar unas ricas vacaciones. Ayer cancunenses, en redes sociales y cadenas de mensajes por celular, se sugerían ya mejor no hablar de las balaceras, ya no decir nada de la violencia, tapar la sangre para que en el mundo no se enteraran y no les estropearan el modo de vida.

Imposible e inconveniente. Porque los avances tecnológicos divulgan las noticias más rápido que nunca y porque la verdad termina por imponerse. Mejor denunciar con firmeza y exigir soluciones de fondo.

SACIAMORBOS. Dicen en el gobierno de Carlos Joaquín que no negociaron con Roberto Borge su impunidad. Que simplemente, tras ganar las elecciones, su plan fue primero arreglar la casa y luego revisar el pasado; primero detectar el tamaño del boquete financiero y renegociar las deudas, y luego perseguir al ex mandatario y a su grupo. La última semana de diciembre completaron un paso financiero clave. A ver qué pasa con las solicitudes de orden de aprehensión. El golpe que atribuyen a Borge es de 25 mil millones de pesos. Nomás.

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