Realidad a modo rumbo a 2018

Sandra Martínez Aguilar

En noviembre del año pasado el gobierno federal recuperó el control sobre el Inegi, la institución pública encargada de recopilar la información social y económica que debiera reflejar la situación del país y sus principales problemas para así elaborar las políticas públicas encaminadas a resolverlos. Así, mediante la designación de Julio Alfonso Santaella, el gobierno mejorará el maquillaje de al menos dos de las mediciones que le han sido incómodas: la pobreza y el Producto Interno Bruto.

Respecto de la medición de la pobreza, el Inegi provocó, recientemente, un debate por los cambios que hizo en la metodología para cuantificar la cantidad de mexicanos en tal situación. El presidente del instituto justificó esos cambios argumentando que se había estado sobrevalorando la cantidad de pobres que realmente existen debido a que los encuestados tienden a mentir acerca de sus ingresos, así que se aplicaron criterios más estrictos para tratar la información.

Diversos especialistas en el tema argumentaron que el incremento de más del 30% del ingreso de los más pobres no es posible, además, el cambio de metodología impedirá hacer comparativos con los datos anteriores, e incluso el Coneval, la institución encargada de medir la pobreza en México, dijo que las cifras no eran creíbles, dada la evolución de otras variables que inciden en los niveles de pobreza. Pero lo más grave será el impacto que tendrá el nuevo diagnóstico de la pobreza en las políticas públicas que se lleven a cabo para atacarla. Finalmente resulta que el problema a resolver no es la pobreza, sino la falta de veracidad de la información que reportan los ciudadanos a la hora de ser encuestados.

Otro hecho importante que va en un sentido similar al anterior fue la reforma constitucional del 17 de junio de 2014, mediante la cual se elevó la edad mínima para trabajar de 12 a 15 años. Con esto, quedan fuera de la medición de la Población Económicamente Activa (PEA) alrededor de 2 millones de niños que trabajan o que buscan hacerlo. El hecho de que el criterio para considerar a alguien como parte de la PEA se haya modificado de 12 años a 15 años, no significa que los menores de 15 años que necesitan un ingreso dejen de trabajar o de buscar un empleo.

El pasado 7 de julio el presidente Enrique Peña Nieto festejó la creación del empleo número 2 millones durante los tres años y siete meses de su administración. Lo que es congruente con la evolución de la PEA ocupada pues en el mismo lapso, ésta se incrementó en 1 millón 956 mil 650 personas y la desocupada se redujo en 355 mil 708 personas, es decir, la desocupación se redujo de 4.9 a 4.0%. Habrá que ver cómo incidió el cambió en la metodología de medición de la PEA en esta mejora del empleo.

Sin embargo, las variables económicas como el ingreso de las personas o el empleo siguen tendencias y patrones que se modifican de manera significativa cuando lo hacen otras variables, como el PIB. Por eso, seguramente pronto veremos sus cifras maquilladas para hacer congruentes las reportadas de pobreza y empleo.

Maquillar el PIB parece una tarea difícil. Hasta el momento ha mostrado una fuerte tendencia al estancamiento. Para 2016 el Banco de México prevé un crecimiento del PIB de apenas 2.36%. Por otra parte su crecimiento hasta ahora ha dependido en mayor grado del ritmo de la economía de Estados Unidos y en menor medida, de la europea. Como hasta el momento ambas economías no muestran signos claros de recuperación, no se ve por donde nos venga el impulso para crecer.

Se trata de crear nuevas percepciones, como si con ello se cambiara la realidad. La pobreza se redujo de un plumazo en poco más de 30%, la PEA se va ajustando sólo a un sector de la población que permita hablar de incrementos en el nivel de ocupación. Sólo falta el PIB.

Profesora de la Facultad de Economía e Integrante del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social, CACEPS –UNAM.

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