Michelle Bachelet, presidenta de Chile, vino a México. La visita no tuvo eventos fuera de lo que normalmente son ese tipo de visitas de trabajo. Quizás el único evento diferente estuvo en la reunión que el pasado viernes organizó la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado de la República (Gabriela Cuevas), la Subsecretaría para América Latina de la cancillería (Vanessa Rubio) y el Inmujeres (Lorena Cruz). La convocatoria fue amplia y plural, ahí estábamos muchas mujeres —seguramente faltaron muchas otras líderes.

La biografía de esta mujer presidenta es una de las más interesantes. La propia subsecretaria nos recordó que le gustaba jugar voleibol, cantar y tocar la guitarra. Hasta ahí se oye muy bien; sin embargo, la violencia le quitó a su padre a quien el mismo día del golpe de Estado a Salvador Allende se le arrestó y murió después de seis meses de encierro y tortura. Después ella fue encarcelada por la dictadura, salió al exilio en donde terminó sus estudios de medicina. Pediatra, luchadora por sus ideas, gran mujer, es por segunda vez presidenta de su país. No se ve en su rostro ni en sus actos la venganza. Ahí estaba con nosotras Michelle Bachelet.

El aplauso fue generalizado y con fuerza. Sin duda es una personalidad fuerte, que es aceptada por mujeres que pensamos distinto pero que nos une la idea firme de que el desarrollo de los pueblos pasa por el desarrollo de las mujeres. Compartimos muchos retos en términos de género. En Chile se discute una cuota del 40 al 60 por ciento en el Congreso y en México hablamos de paridad. En Chile tienen muchas más mujeres tomando decisiones en el poder ejecutivo federal y aquí no pasamos de 4. Nuestros dos países comparten la desproporción de oportunidades laborales entre hombres y mujeres.

Afortunadamente no es el primer evento en el que nos encontramos muchas mujeres de distintos partidos políticos y niveles de gobierno, de diferente manera de pensar, de distintas organizaciones. Lo he visto muchas veces, quizás por eso, se vio claramente la fuerza de las mujeres cuando decidimos estar en lo que nos une.

Elecciones internas: Mientras escribo este artículo, se desarrolla el proceso interno del PAN para decidir quién encabezará la dirigencia nacional durante los próximos tres años. También son varios estados los que eligen a su dirigente estatal. La elección se lleva a cabo con un padrón y prácticas cuestionadas por todos los candidatos. Independientemente del resultado, el PAN tiene retos específicos en términos de transparencia, libertades e inclusión. No es precisamente edificante hablar de esos temas como retos del propio partido. Habrá que esperar a que se desarrolle la elección, así como los resultados a nivel nacional y local para opinar al respecto.

Hace unos días, Jesús Silva Herzog escribió a propósito de la renovación de la dirigencia de los tres partidos que fueron los de la transición democrática: PRI, PAN y PRD. Cada uno con su propia crisis. En su editorial señalaba que “la pregunta que puede hacerse hoy es si esos partidos de la transición pueden ser los partidos de la democracia”. De los tres partidos escribe sobre sus crisis. Del PAN, este politólogo destaca que “los escándalos de corrupción del PAN lo dañan particularmente porque destrozan la prenda que, en principio, debería distinguirlos”; que ha dejado de ser un referente ético.

En el PAN se requiere un verdadero compromiso para una transformación profunda en las prácticas y en las reglas a fin de que sea el partido de libertades, de la ética, del bien común, de la transparencia, de la honestidad, de la oposición clara, valiente y constructiva que todavía sigue convenciendo.

Quien quede para encabezar el PAN requiere de un compromiso absoluto con el partido para que realmente sea el instrumento ciudadano al que está llamado a ser en la vida democrática de nuestro México. Puede ser la última oportunidad.

Abogada

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