Oscars, maestros y Trump en su ‘Supermartes’

José Carreño Carlón

También los hace sobresalir su habilidad para leer las inclinaciones estéticas y políticas de sus jurados, a fin de presentarse al examen con las mayores posibilidades de una buena calificación

Gusto y fobia por la evaluación. El ganador dos veces consecutivas del Oscar a la mejor dirección, Alejandro González Iñárritu, y el vencedor tres veces seguidas por el Oscar a la mejor fotografía, Emmanuel Lubezki, son mexicanos de excepción pero no sólo por sus logros en la industria cinematográfica mundial. Lo que los hace excepcionales en el entorno doméstico es su disposición a competir, a medirse, a ser evaluados en sus méritos por jueces impredecibles de la globalidad. También los hace sobresalir su habilidad para leer las inclinaciones estéticas y políticas de sus jurados, a fin de presentarse al examen con las mayores posibilidades de una buena calificación.

Quizás esto los ha llevado a desarrollar un cierto gusto por acudir a la evaluación anual de mayor visibilidad en el mundo del cine. Pero no están solos. Pertenecen también a este rango nuestros futbolistas en ultramar; un segmento empresarial que se atrevió a conquistar mercados externos a raíz de las reformas estructurales de los años de 1990, y un puñado de mexicanas y mexicanos que se abren espacios en la academia y en los altos centros de las artes, la ciencia y la tecnología del planeta.

Sin embargo, igual que la parálisis: ese calambre emocional que suele hacer presa del mexicano enfrentado a la portería a la hora de los penalties en un torneo mundial, en México hay una especie de fobia a probarse en exámenes de cualquier tipo. Pero esto no forma parte de la esencia del mexicano, para usar un giro afortunadamente en desuso. Más bien se ha construido en generaciones sometidas al paternalismo y a otras formas —anacrónicas— de competencia. Por ejemplo: por el favor de los dadores: gobernantes, patronos y mecenas empresariales y caciques rurales, urbanos y sindicales, así se presenten estos últimos como portaestandartes de sindicalismo independiente o revolucionario.

Evaluación no es inquisición. Pero los tiempos están cambiando incluso en los grupos citados al final del párrafo anterior. De acuerdo con el puntual informe presentado el lunes por el secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, publicado ayer por EL UNIVERSAL, sobre la primera etapa de evaluación de los maestros, menos del 2% de ellos han sido dados de baja por no haberse presentado al examen. Y cada vez aparecen más aislados quienes se aferran, incluso con violencia, al recurso atávico de obtener y conservar plazas magisteriales por la gracia de los caciques sindicales y no por probar capacidades para enseñar.

Por otra parte, han sido elocuentes los testimonios recogidos estos días por los medios, en los que exponentes del 98% que sí acudió a esta primera etapa de la evaluación relatan su tránsito del miedo a la evaluación, al valor para prepararse para la prueba y al aprovechamiento de las oportunidades abiertas a los maestros para obtener estímulos por sus propios méritos. Así, cerca de la mitad de los maestros resultaron bien o muy bien evaluados, contra los líderes que confundían evaluación con inquisición, en coincidencia lamentable con grupos patronales que descalifican en bloque a los maestros y parecen quererlos llevar a la hoguera. La otra mitad sólo obtuvo el nivel de suficiencia o resultó francamente insuficiente y para ellos se preparan programas de capacitación y no piras de la inquisición.

Mexicanos en EU: cristales rotos. Hasta la tarde de ayer —del Supermartes— todo parecía apuntar a la reafirmación de las tendencias que llevarían a Hillary Clinton a la candidatura presidencial demócrata y a Donald Trump a la republicana, rumbo a la incierta elección de noviembre. Pero ya hay una certidumbre ominosa: el discurso y los desplantes antimexicanos de Trump —con las reacciones de sus seguidores— están generando tales efectos de distorsión cognitiva y de actitudes adversas a todo lo que huela a México, que no sería remoto el efecto siguiente: conductas de agresión a la manera que el discurso nazi antijudío condujo a sus seguidores a la noche de los cristales rotos. ¡Ojo!

Director general del Fondo de Cultura Económica

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