La fuerza y el lado oscuro de la comunicación

José Carreño Carlón

Cada quien habla del séptimo episodio de La guerra de las galaxias según sus expectativas

Yoda y Shakespeare. Cada quien habla del séptimo episodio de La guerra de las galaxias según sus expectativas. Y en la primera semana de la llegada a México de este portento de la cultura popular y del marketing de la globalidad, por allí podemos ver a sus primo espectadores: niños, adolescentes y jóvenes predispuestos por sus padres a deslumbrarse con las peripecias de La Resistencia (antes la Alianza Rebelde y La República) enfrentada a la crueldad abismal del Lado Oscuro, en esta última entrega llamado El Primer Orden (The First Order).

Pero por acá andamos, también, en las abarrotadas salas de cine, ya sea nostálgicos o exigentes, los adultos mayores de hoy: jóvenes adultos cuatro décadas atrás, pegados entonces a las pantallas con sus hijos pequeños. Sólo que aquellos hijos ahora llevan a los suyos a seguir la huella del peregrinar cósmico de Luke Skywalker, quien, por cierto, se volverá a echar a andar en el episodio ocho, a juzgar por la última escena del siete.

Por mi parte, acepto que podría prescindir en adelante de Han Solo, si es real lo que vimos en el momento más dramático del actual estreno planetario. Pero a la vez confieso que no me he repuesto de la ausencia de Yoda, el frágil y a la vez poderoso maestro Jedi que, con su enrevesada sintaxis, en los anteriores episodios solía envolver sus mensajes en reflexiones que podrían provenir lo mismo de Buda o de Gandhi, que de Jung o Shakespeare.

Miedo y traición. Inolvidable en este punto, la premonición de Yoda de que el radiante joven Anakin Skywalker ya pintaba desde niño para ser el tenebroso Darth Vader. “Percibo mucho miedo en ti y el miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento”, le decía Yoda a Anakin, como quien hubiera leído la revelación de Lady Macdufff en Macbeth, en el sentido de que el miedo lleva a la traición.

El tema es tan actual como la portada de esta semana de The Economist, con la cabeza “Jugando con el miedo”, sobre los rostros de Trump, Le Pen y el nuevo líder antiinmigrante sueco. Y la narrativa populista, de acuerdo al reportaje, busca alimentar el miedo a que los gobiernos no pueden mantener a salvo a sus países.

Y entre “el despertar de la fuerza”, que tomo del título del nuevo producto de la franquicia de Star Wars, y su propio lado oscuro, oscila la comunicación pública en México al cerrar este 2015. Y a ello hay que agregar lo que nos espera en 2016, en que los partidos, sus seguidores y sus sicarios verbales se disponen a sobrepoblar los medios y las redes sociales con mensajes generalmente tóxicos del debate público, excepcionalmente ingeniosos y, más rara vez, propositivos.

La invasión de las conversaciones. Y allí estará buena parte de los medios tradicionales mexicanos, anclados al modelo de periodismo partisano de principios del siglo XIX, llenando sus espacios con las promociones, proclamas, provocaciones y bravuconadas de los actores políticos, incluidos aquí los políticos con piel de ciudadanos. Pero también estarán, por esta vía, repeliendo a lectores y audiencias que, en buena medida, siguen en espera de un periodismo más atento a los intereses de la gente común.

En paralelo, ya hay anticipos del activismo digital partidista, invasivo de las conversaciones del público en las diversas plataformas de la red. Éstas son usadas como vehículos del rumor y la desinformación al servicio de ambiciones, sentimientos y resentimientos, presentados como proyectos políticos. Y bajo el nuevo paradigma de la comunicación electoral, que parte de que la gente no visita los sitios de los partidos, los partidos han decidido irrumpir adonde está la gente en la red.

La desilusión de la red: el lado oscuro de la libertad en internet, el libro de Evgeny Morozov, el editor de The New Republic, viene a cuento aquí ante este “despertar de la fuerza” de los medios y las redes, en las fronteras del lado oscuro. De cualquier manera, feliz Navidad y que la fuerza los acompañe.

Director general del Fondo de Cultura Económica

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