Ejercicio completo y conveniente

Javier Vargas

La esgrima es el arte de atacar y defenderse con arma blanca. Comprende el manejo del florete, el sable y la espada. Los tres simbolizan las virtudes guerreras: bravura, justicia, poder, honor y sabiduría. Por el brillo de su hoja, la espada representa la luz y el relámpago. Acaso por eso el director de teatro Alejandro Jodorowsky ha dicho: “La espada del guerrero sabio no corta ni atraviesa, refleja la luz”.

Una leyenda dice que el sable sagrado de Japón fue extraído de la cola de un dragón. Según el Diccionario de símbolos, dos espadas simbolizan la fuerza y el honor del samurái. En China, el trigrama li, que corresponde al sol, remite a la centella y a la espada. En Irlanda simboliza la fe católica. Los antiguos escitas representaban el centro del mundo con una espada clavada en la cima de una montaña. Pero en la tradición bíblica, la espada también forma parte de las tres plagas: guerra, hambre, peste.

En el Manual de Esgrima y de Duelo, de Antonio Heraud y Clavijo de Soria, editado en 1892, se lee: “La esgrima antigua se distingue de la moderna en que estaba íntimamente enlazada con el arte de la guerra”.

En 1675, don Miguel Pérez de Mendoza y Quijada, escribió un tratado en el que sostiene que todo esgrimista debe reunir cuatro virtudes: “Del león, el corazón; del águila, la vista; de la zorra, la astucia, y del gato, la ligereza y elasticidad”.

Como deporte, la espada es un arma de estoque. El florete también, aunque más ligero y flexible. En la competencia, los adversarios deben tocar al rival en un área previamente establecida. Cada punto se computa electrónicamente.

La esgrima debutó como deporte olímpico en Atenas 1896, aunque en la rama femenil se incorporó en París 1924. Según Roger Duchaussoy, “Todos los autores están de acuerdo en clasificar la esgrima entre los ejercicios más completos y más convenientes para la educación. Todos los músculos y todos los resortes del cuerpo humano trabajan; los brazos y las piernas adquieren un vigor y una flexibilidad extrema; los hombros se fortalecen y el andar se hace libre y desenvuelto. Si añadimos a esto que pone a contribución todos los recursos del espíritu: la decisión, la oportunidad, la agudeza para sorprender al adversario, el juicio, la serenidad y, en una palabra, las cualidades en las que la inteligencia reina soberana, no le negaremos ciertamente la calidad de deporte completo”.

Sin embargo, el escritor inglés William Shakespeare, también hizo notar: “Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”.

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