De túneles y leyendas

Felipe Leal

La creación de los túneles tiene su origen con el oficio de la minería. La mina más antigua del mundo se localiza bajo un cerro en Suazilandia al sur de África, y data ni más ni menos del año 40 mil a.C. En ella el hombre de Neandertal buscaba la piedra de sangre, utilizada para ritos mortuorios; mas el primer túnel de la historia, se dice, fue el que mandó construir Semíramis —reina de la antigua Asiria— bajo el río Eúfrates para comunicar el Palacio y el Templo de Belos en la Babilonia del 2200 a.C.

A lo largo de la historia distintas culturas han construido túneles con diversos objetivos; así, tanto en el antiguo Egipto como en las civilizaciones orientales el túnel tuvo un carácter religioso, en otras se ha caracterizado por un propósito ingenieril e hidráulico. El más famoso de ellos es el de la Isla de Samos, en Grecia, con una longitud de un kilómetro, abastecía el agua al centro de la isla y funcionó durante un milenio; fue considerado una de las maravillas del mundo heleno. Más cercano a nuestros días además de la minería, el ferrocarril hizo que estos espacios horadados aparecieren por doquier para transportar personas y mercancías evitando barreras naturales y terrenos accidentados.

Hoy resulta impensable una ciudad sin túneles, ya sea para la distribución del agua, encausar el drenaje, desarrollar el Metro, para la movilidad vehicular y peatonal, la conducción de energía y las telecomunicaciones, como interconexión de edificios en complejos arquitectónicos, en fin, la lista resultaría interminable. Y qué decir de los grandes túneles subacuáticos y submontañosos de extensos recorridos que superan barreras físicas con gran complejidad, uniendo territorios y naciones. Baste mencionar el Eurotúnel bajo el Canal de la Mancha, el del Mont Blanc y San Gotardo bajo los Alpes, el del Cristo Redentor en los Andes entre Argentina y Chile.

Más las leyendas sobre los mismos son vastas, lo soterrado y subterráneo siempre resultará enigmático, sorprendente, se asientan ahí bunkers, bóvedas para atesorar monedas y bienes, pasadizos secretos entre castillos y construcciones aledañas, corredores lineales oscuros bajo tierra en conventos, templos, palacios, cuarteles y casonas, sitios fantásticos que han dado rienda suelta a la imaginación colectiva propiciando mitos y leyendas inimaginables, así como hechos verídicos, espacios que por naturaleza propician el secreto y el misterio, instrumento extraordinario para el escape. Ya se trate de fugaces salidas para gozar de experiencias momentáneas distintas a las cotidianas o de fugas o huidas espectaculares, la literatura y el cine han sido fieles narradores de muchas aventuras e historias. Por ello no es de sorprender la incredulidad reinante en la sociedad mexicana sobre el escape cuasi cinematográfico del Chapo Guzmán y del cómo sabiendo lo que han significado los túneles a lo largo de la historia y de la utilización que el personaje ha hecho de ellos para múltiples usos, se le tenía recluido en una celda a ras de tierra; ¿ignorancia o complicidad?

 

Arquitecto

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