Lo que viene

Alfonso Zárate

El gobierno tendría que aplicar, con urgencia, medidas de excepción para encarar tiempos que se anticipan difíciles

El doctor Agustín Carstens no suele ser catastrofista sino, más bien, lo contrario. No faltan quienes recuerden su desafortunado diagnóstico, en febrero de 2008, sobre el posible impacto de la desaceleración económica en Estados Unidos: no sería una pulmonía, dijo, apenas un “catarrito”. Por eso habría que tomar en serio su advertencia sobre los riesgos que enfrentan economías emergentes ante el deterioro de sus mercados. La venta de acciones y bonos por parte de los inversionistas internacionales, alerta el gobernador del Banco de México, podría provocar una contracción crediticia que dificultaría a las empresas de estos países pagar sus deudas. “El ajuste podría ser violento y los responsables de crear políticas necesitan estar listos para ello”, dijo en entrevista con el Financial Times el lunes 18 de enero.

Es cierto. El entorno económico se oscurece y no hay nada que permita suponer que este escenario será pasajero. Por otra parte, las bendiciones que se dijo acompañarían a las reformas jurídico-institucionales del primer bienio, siguen sin traducirse en bienestar para los mexicanos. De allí el imperativo de que nuestra clase dirigente demuestre que entiende las circunstancias que enfrentará el país en el futuro próximo y que, por supuesto, cuenta con una estrategia para reducir los impactos negativos que se anticipan.

En una colaboración para EL UNIVERSAL, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, sostiene que para enfrentar las dificultades tenemos tres activos de indudable valor: primero, los sanos fundamentos de la economía, la fortaleza de las instituciones y el elevado monto de nuestras reservas internacionales; segundo, los resultados favorables de las reformas estructurales, y, tercero, la integración de nuestro sector manufacturero a un mercado, el de Estados Unidos, que sigue demandando nuestro productos.

Más allá de esta lectura siempre optimista desde el búnker hacendario, es evidente que algunas cosas han cambiado para mal. El petróleo, que siempre fue nuestra salvación, ya no lo es más; hoy la mezcla del petróleo mexicano está por debajo de los 20 dólares, muy cerca del equivalente al costo de producción. El peso sigue depreciándose, por causas ajenas al desempeño de nuestra economía, es cierto, pero con efectos delicados que ya desbordan el eventual “beneficio” a las exportaciones. Por otro lado, la “deuda bruta del sector público federal” (no sólo del gobierno) ha crecido de manera preocupante en los últimos tres años (en septiembre pasado alcanzó 44.9% en proporción al PIB, 10 puntos más que el registrado en la administración anterior).

La clase gobernante tendría que instrumentar, con sentido de urgencia, medidas de excepción para encarar, con los menores efectos sociales, tiempos que se anticipan difíciles. Pero lejos de ello, de la disciplina y austeridad exigibles en el gasto público, la clase gobernante sigue viviendo en un mundo irreal, gastando sin ton ni son. La corrupción, por otra parte, está desbordada y en algunos casos ya no es, siquiera, el diez por ciento de moche que se acostumbró hace muy poco; la sobrefacturación de las obras, como ocurrió con el Viaducto Bicentenario, alcanza niveles estratosféricos.

¿Cuándo se impondrán, en toda la administración pública, medidas enérgicas de ahorro en el gasto corriente y mayor racionalidad en el gasto de inversión? Es imprescindible cancelar viajes innecesarios y eliminar los privilegios de que goza la alta burocracia; pero, asimismo, deben suspenderse obras innecesarias e impedir los escandalosos sobreprecios de algunas de ellas.

Hay mucho por hacer. Para promover mayores inversiones, nacionales y extranjeras, el gobierno necesita implantar una política fiscal de aliento, avanzar en una reforma educativa que forme a los profesionales que reclama el sector productivo y mostrar determinación en el combate a la delincuencia. La plena vigencia del Estado de derecho debe ser una realidad en todas las esferas de la vida social y productiva.

El momento que vive el país reclama lucidez, honestidad y patriotismo de sus gobernantes. ¿Estarán a la altura?

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario

@alfonsozarate

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