5 historias de supervivencia en la naturaleza que sorprendieron al mundo

Los protagonistas de estas historias lograron sobrevivir aun en las más improbables circunstancias

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Destinos 26/05/2021 00:28 Samantha Michelle Guzmán Actualizada 00:29
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Existen historias de supervivencia que, si vieras en una película, te parecerían completamente inverosímiles por las complicadas situaciones en que se encuentran los protagonistas y el número de obstáculos que enfrentan. Sin embargo, son reales. Y sí, normalmente terminan por inspirar diversos libros y películas. 

Hoy en Destinos recopilamos 5 de estas historias ocurridas en la naturaleza que dieron la vuelta al mundo. 

Steve Callahan

Cuando tenía solo 29 años, un accidente mientras navegaba dejó al estadounidense Steve Callahan a la deriva. Sobrevivió 76 días en medio del Atlántico, en completa soledad y con pocas provisiones. 

Según le contó al diario The Guardian, Steve siempre amó los botes y para cuando organizó su primer viaje solo, él mismo había diseñado su embarcación. Pasó varios días solo, y fue en el trayecto de regreso que todo se complicó. 

“Cuando una tormenta comenzó, yo no estaba muy preocupado: sabía que el bote y yo la habíamos pasado peor. Más tarde esa noche, algo (probablemente una ballena o un gran tiburón) golpeó el bote con un estruendo ensordecedor, creando un agujero en el casco”, relata Steve. Después de eso, la embarcación se hundió rápidamente. 

historias_supervivencia_naturaleza_2_0.jpgFoto: Wikimedia Commons/ North Yarmouth Academy

El joven logró salir en una balsa cargado con agua, comida, un fusil, bengalas y un sleeping bag. Tenía provisiones para unos pocos días, pero se hallaba a más de mil 287 kilómetros de la isla más cercana y la corriente lo llevaba en la dirección opuesta.
 
Logró sobrevivir pescando y utilizando un destilador solar para poder beber agua, medio litro al día. 

Durante los 76 días, nueve embarcaciones pasaron cerca pero no alcanzaron a verlo, relata el Mariners Museum and Park. Mientras se movía hacia aguas tropicales, el clima se volvió más cálido y la deshidratación aumentó. 

“Una de las peores partes de estar a la deriva por tanto tiempo es el malestar físico, el agua salada haciendo llagas en mi cuerpo, el hambre y la sed constante”, cuenta. 

Al final, un grupo de pescadores lo encontraron en una asombrosa coincidencia: se habían trasladado a un sitio desconocido para ellos, solo porque vieron aves cerca y pensaron que sería un buen punto para pescar, le contó Steve a National Public Radio. 

Para cuando fue encontrado, había perdido una tercera parte de su peso. Le tomó seis semanas caminar bien de nuevo. 

Steve Callahan escribió un libro sobre su experiencia e incluso trabajó como consultor en la película “Life of Pi”, que cuenta una anécdota similar a la que él vivió. 

historias_supervivencia_naturaleza_1.jpgPelícula "Life of Pi"

La familia Robertson

Cinco miembros de una familia (entre ellos un adolescente y dos mellizos de nueve años), junto con un viajero que se les unió en el camino, pasaron 38 días varados en el océano Pacífico. Aunque sufrieron hambre, sed y miedo, todos sobrevivieron para contar la historia, que después se trasladaría a dos libros y una película, llamada "Survive the savage sea".

Sucedió en 1972. El padre de familia inglés Dougal Robertson juntó los ahorros de toda su vida para comprar un buque de madera y llevarse a su familia a viajar por mar, deteniéndose en puertos de todo el mundo. Salieron desde el condado de Cornwall sin fecha de regreso y, durante 17 meses, la experiencia salió muy bien. Pero toda la situación cambió cuando una manada de orcas golpeó su barco cerca de las Islas Galápagos, y la embarcación naufragó. 

Las provisiones para las seis personas eran mínimas. Llevaban botellas de agua, pan seco, cebollas y fruta, lo cual les alcanzó para solo seis días. En un principio, todos se acomodaron en una balsa donde cinco personas cabían estando relativamente cómodas. 

historias_supervivencia_naturaleza_6.jpgFoto: Unsplash/ Mike Doherty

Desafortunadamente, después de 16 días la balsa se volvió inutilizable y tuvieron que trasladarse a una lancha con apenas tres metros de largo, donde tenían que tomar turnos para sentarse en la “parte seca”.

Durante ese tiempo, las tortugas se volvieron la base de su dieta, según le contó Douglas, el hijo adolescente, a la BBC. “Bebíamos su sangre cuando no teníamos agua, secamos su carne, la racionamos y almacenamos. Dejamos la grasa en el sol para hacer aceite, el cual frotábamos en nuestra piel”, relató. 

Cuando un barco pesquero japonés los encontró, estaban a 483 metros de tierra firme, de acuerdo con el diario The Guardian. Para este punto, estaban tan deshidratados que no habían orinado en unos 20 días y apenas podían hablar. 

La fotografía de abajo fue tomada tras el regreso de la familia a Inglaterra. La lancha donde pasaron los últimos días varados está en el Museo Marítimo Nacional de ese país. 

historias_supervivencia_naturaleza_5.jpgFoto: Museo Marítimo Nacional

Juliane Koepcke

De los 91 pasajeros que viajaban en el mismo avión que ella, Juliane Koepcke fue la única sobreviviente. La adolescente nacida en Perú y con nacionalidad alemana cayó desde una altura de tres mil metros sin ninguna clase de protección, pasó 10 días caminando en la inmensa selva amazónica y logró salir con vida. 

Todo comenzó en la víspera de Navidad de 1971, cuando Juliane y su madre se dirigían desde Lima hasta la ciudad de Pucallpa, narra el sitio web 9News. Mientras sobrevolaba la Amazonia peruana, el avión fue golpeado por un rayo; normalmente este fenómeno no es peligroso, pero en aquella ocasión la aeronave se incendió y cayó en picada. 

Es posible que los 30 metros de ramas y hojas gruesas disminuyeran la velocidad de su caída, lo cual impidió que el impacto la matara. Aun así, terminó con una clavícula rota, un ojo hinchado, una espinilla parcialmente fracturada y múltiples cortes en brazos y piernas. 

historias_supervivencia.jpgFoto: Unsplash/ Vlad Hilitanu

Tras la caída y permanecer casi un día inconsciente, Juliane tuvo que poner a prueba todos sus conocimientos sobre la selva. Había pasado año y medio en esta región, pues sus dos padres eran científicos. 

Durante sus 10 días de caminata, una bolsa de caramelos fue lo único que comió. Avanzó desde un arroyo hasta un río más grande, con la esperanza de ser encontrada así. 

Al final fue hallada por un grupo de leñadores, quienes al principio pensaron que era un “espíritu del agua”, por el tono de su piel y el cabello rubio. 

Existe una película italoestadounidense de 1974 basada en su historia, llamada “Miracles still happen”. 

historias_suervivencia.jpgFoto: Wikimedia Commons/ Cancillería de Perú 


Jan Baalsrud 

Nacido en 1917 y originario de la ciudad de Oslo (entonces llamada Kristiania), Jan Baalsrud fue un militar que formó parte de la Resistencia Noruega durante la Segunda Guerra Mundial. Tras una misión fallida, se convirtió en el protagonista de una historia de supervivencia y solidaridad. 

Él y otros 11 hombres fueron enviados a Troms, una provincia que se encontraba en el extremo norte de Noruega, país bajo la ocupación nazi; el equipo debía reclutar nuevos miembros de la Resistencia y realizar operaciones de inteligencia, pero fue traicionado durante su llegada por mar. Baalsrud fue el único hombre que escapó con vida, un 30 de marzo. 

La única opción para sobrevivir era viajar a pie desde ahí hasta el país vecino de Suecia, que era territorio neutral. Su ruta de escape abarcó 200 kilómetros, entre fiordos helados, cruce de ríos y montañas. 

historias_supervivencia_naturaleza_3.jpgFiordo de Lyngen, en Noruega. Foto: Wikimedia Commons/ Ximonic

Aunque un pequeño grupo de soldados nazis le había disparado, logró evadir la costa de Troms gracias a la ayuda de unos niños que lo llevaron a su casa para curarlo, según cuenta el blog del US Naval Institute. Esta familia fue la primera de muchas que, arriesgando sus propias vidas, lo asistieron durante su travesía. 

Mientras viajaba, una avalancha le provocó ceguera temporal y tuvo que refugiarse en una remota cabaña de madera, que irónicamente él llamó Hotel Savoy. Ahí pasó algunos días, hasta que un grupo de locales lo llevó hasta una cueva perdida en una montaña, donde estaría relativamente seguro. Para llegar a este punto recorrieron más de cinco kilómetros de caminos rocosos cubiertos de nieve. 

historias_supervivencia_naturaleza_4.jpgFoto: Wikimedia Commons/ Julius Jääskeläinen

En la cueva, que más bien era una fisura entre las rocas, Baalsrud pasó aproximadamente tres semanas. Mientras esperaba a que el clima mejorara y pudiera ser rescatado por grupos de la Resistencia, el hombre tuvo que cortar casi todos sus dedos de los pies, que ya estaban gangrenados debido al frío. También debió pasar hambre, aislamiento y la consecuencias de su ceguera temporal. 

Fue hasta el 1 de junio que Jan Baalsrud logró llegar a Suecia. Su historia se contó por primera vez en el libro “We die alone”, que tuvo su propia versión cinematográfica. En 2017 se produjo otra película basada en el mismo acontecimiento, “El duodécimo hombre”. 

Norm Ollestad 

Este hombre surfeó por primera vez antes de aprender a caminar del todo y para los tres años ya sabía esquiar, cuenta el sitio web ABC News. Su padre siempre lo condujo a emprender nuevas aventuras y retar sus capacidades físicas, pero nadie se hubiera imaginado lo que Norm Ollestad Jr. viviría. 

Cuando tenía apenas 11 años, en 1979, su padre rentó una avioneta para llegar a las montañas de Big Bear, en California, donde el chico recibiría un reconocimiento de esquí. Además de Norm y el piloto, viajaba su papá y la novia de éste, Sandra.

Llevaban 10 o 15 minutos de vuelo cuando una tormenta provocó la caída del avión. Solo Norm y Sandra sobrevivieron al impacto. 

“Le grité a mi padre, instintivamente”, contó Norm al sitio ABC News. Al no recibir respuesta, “una parte de mí pensaba ‘está noqueado, y no soy lo suficientemente fuerte para despertarlo’. Y no podía concebir que estaba muerto”. 

Mientras intentaban bajar una montaña escarpada y llena de hielo, Sandra apenas podía caminar y se apoyaba en Norm. Sin embargo, en algún punto resbaló y murió por la caída. 

Pasaron nueve horas más de descenso para que Norm pudiera encontrar huellas, y después un rescatista. 

“Me siento cerca de él cuando estoy perdido entre los árboles, esquiando solo, lo cual es mucho de lo que hago”, contó sobre su padre varias décadas después. 

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