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En la lucha libre mexicana, pocas familias han marcado con tanta intensidad el cuadrilátero como la Dinastía Imperial, conocida con respeto y admiración como Los Villanos. Sus máscaras, convertidas en símbolos eternos del pancracio, representan no sólo un legado, sino un compromiso con la historia de este deporte.
Hoy, los descendientes directos de Villano III (Hijo de Villano III y Villano III Jr.), campeones de parejas en la legendaria Arena Coliseo, encarnan la nueva sangre ruda, que —con disciplina y entrega— se ha ganado un lugar en las carteleras más importantes del Consejo Mundial de Lucha Libre.
Cada combate es, para ellos, más que una victoria: Es la oportunidad de engrandecer el apellido que portan y demostrar que la herencia familiar sigue viva en cada llave, cada caída y cada triunfo, porque el deseo es mantener a la dinastía en la cúspide.
“Pesa mucho llevar las máscaras, pero más aún la preparación. Cuando traes escuela, el público responde. La Dinastía [Imperial] nos enseñó que éramos herederos, que teníamos todo para triunfar, pero debíamos estar listos. Hoy, lo demostramos en cada función”, compartió —orgulloso— Hijo de Villano III, en entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL Deportes.
Su participación en la función por el 83 aniversario del Embudo de Perú 77 simboliza un acto de respeto hacia quienes los precedieron y, al mismo tiempo, un paso firme hacia la consolidación de su propia historia. Con fuerza, preparación y orgullo, los jóvenes Villanos buscan dejar una huella tan profunda como la que su familia grabó en la memoria de la lucha libre mexicana.
“Para un peso descomunal, dos hombres con preparación. Construimos nuestra historia con cada aparición y queremos que estas máscaras sigan levantándose con orgullo, como tantas veces lo hicieron antes”, finalizó Villano III Jr.
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