“Yo, por supuesto, soy inmigrante, pero me mudé acá en el año 93 y tengo otro estatus legal”, dice el artista Javier Téllez (Valencia, Venezuela, 1969) desde Nueva York, antes de reflexionar sobre el escenario turbulento del que Venezuela se ha vuelto eje. Téllez, quien ha participado en bienales como Documenta, Kassel de Alemania (2012) y cuya obra forma parte de las colecciones del de Nueva York, rechazó públicamente representar a Venezuela en la Biennale de Venecia de 2003 como protesta por el régimen populista y autoritario.

En esta línea, la marginalidad y la presencia de los excluidos —dos de sus principales inquietudes— se encuentran en la pieza que hace dos años hizo en colaboración con inmigrantes venezolanos y que tituló Amerika; su principal influencia fue The Great Dictator, de Chaplin. Para crear esta película/pieza, Téllez convocó un grupo de personas que nunca había hecho cine o teatro para trabajar en un guion: The Great Dictator fue una especie de emblema para ellos, un cruce entre y Donald Trump, una figura a la que interpretan con esta ambigüedad en el guion, alguien que los persigue porque antes fueron perseguidos en Venezuela y ahora son perseguidos en Estados Unidos. En este contexto, Téllez ve a Trump como una encarnación del Ubú roi, el personaje esperpéntico y guiñolesco de Alfred Jarry.

Es una pregunta imposible: ¿cómo describiría el presente?

Creo que ni un vidente podría decir qué va a pasar en los próximos meses. , lamentablemente, está en el inicio de esta especie de laboratorio delirante del poder que, por supuesto, refleja una especie de neofascismo, un resurgimiento del fascismo, citando aquella famosa frase de Marx: la historia se repite, “una vez como tragedia y la otra como farsa”.

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De nuevo, Venezuela parece que está involucrada, de alguna manera, entre telones en este delirio por aquel deseo reprimido de Trump por el Nobel de la Paz.

La intervención militar de Estados Unidos también es una cuestión absurda. Si estudiamos la historia de las intervenciones, que obviamente siempre han sido trágicas para el continente, ésta es muy curiosa porque lo que hace es intervenir para apresar a Maduro y dejar al mismo régimen que está allí, operando en una especie de protectorado donde Trump se declara presidente. Estamos viendo este impulso completamente autoritario que no pertenece ni siquiera al siglo XX: es resucitar abiertamente la Doctrina Monroe, es retrasar el reloj de América Latina al declarar al país como un protectorado.

¿Cómo percibe las persecuciones políticas?

Una de las cosas que me duele más de ese gesto indigno de María Corina Machado de entregar el Nobel de la Paz a Trump es que, cuando ella habla de los venezolanos, está ignorando que son 8 millones de venezolanos que viven fuera del país, pero en Estados Unidos hay 600 mil. Y muchos migrantes venezolanos han sido deportados y torturados en Alligator Alcatraz en Estados Unidos y CECOT en el Salvador, una de las peores prisiones del planeta.

¿Qué opina de Nicolás Maduro?

Maduro es un dictador y es también un personaje ubuesco. Yo critico la intervención de Estados Unidos en Venezuela porque es un crimen internacional contra de los Derechos Humanos y establece una especie de paradigma en el continente que ya habíamos, de alguna manera, empezado a olvidar. Nos recuerda todas las intervenciones de los Estados Unidos. Y no sólo es la intervención, sino tomar la soberanía y decretar a Venezuela como un protectorado bajo la presidencia de Trump. Realmente es inaceptable.

Pero que yo no acepte eso tampoco quiere decir que antes haya aceptado la dictadura de Maduro, que ignoró las elecciones. Venezuela necesita una renovación. Pero ésta tiene que ser dada por el pueblo, no por un agente externo. Y menos uno como Trump, que pretende controlar al país indefinidamente.

¿Cuáles son los países más amenazados?

Todo el mundo está en riesgo con Trump. Obviamente los países más amenazados son México, Cuba y Colombia, aparte de Groenlandia. Pero esa situación también puede cambiar , es impredecible. Todo esto sería muy triste, porque hace casi 180 años fue la ocupación del territorio mexicano por Estados Unidos. Sería una actitud realmente grave. El problema es que ahora Venezuela se usó como una especie de laboratorio para ver la reacción inmediata del mundo frente a este acto de ocupación.

La invasión a Venezuela no sólo es un crimen internacional. Es un acto antidemocrático porque no fue aprobado por el Congreso de Estados Unidos. Trump constantemente hace ese tipo de manipulaciones y actos antidemocráticos.

¿Puede cambiar algo con las elecciones de noviembre?

Habrá que llegar primero a las elecciones para ver el resultado. Si no sale el gobierno de Trump, es probable que se recrudezca el aparato donde el Estado persigue y que se convierta en una sociedad mucho más controlada. El problema es que va a pasar un poco como con Venezuela y el chavismo. El trumpismo va a continuar después de la muerte de Trump, que tampoco tiene una edad ni una salud muy estable. Pienso que esa manifestación de la extrema derecha, ese nuevo Partido Republicano que empezó con el trumpismo, va a continuar más allá de Trump.

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¿Qué opina de la fuerza de la extrema derecha en el mundo?

Muchas personas saben que Trump es delirante, pero lo apoyan porque fundamentalmente ese programa las beneficia económicamente mediante la explotación de los otros: la explotación de los americanos, de los venezolanos, del continente. Siguen siendo los mismos temas, lo que cambia son los recursos. Es también, digamos, la pervivencia del fascismo más allá de los nazis.

¿Ha especulado cuál podría ser la solución para Venezuela?

La solución no puede y no debe ser convertirnos en un protectorado de Estados Unidos. Venezuela tiene que pasar necesariamente por la democracia. La solución es clara: elecciones inmediatas y amnistía tanto a los chavistas como a los opositores. De un total de casi mil presos políticos en Venezuela, 260 han sido excarcelados entre diciembre de 2024 y enero de este año. Es importante que se produzca la liberación de todos los presos políticos. Y que se pueda llegar a una renovación de las instituciones de manera democrática; que se mantenga la nacionalización del petróleo que se hizo en Venezuela a mediados de los años 70 y no se privatice la acción del petróleo como piensa hacer Estados Unidos

¿Cuál sería el peor escenario?

El peor escenario sería un protectorado de Venezuela bajo los mismos miembros del régimen u otros. Esa situación de protectorado es inestable. En algún momento —pienso— habrá un movimiento de resistencia y puede producirse una guerra civil en el país. Lo cual es una paradoja porque, mientras más ocupación haya de Estados Unidos en Latinoamérica, más inmigración habrá y más inmigración de supervivencia en Estados Unidos habrá. Estados Unidos, inevitablemente, se va a latinoamericanizar también. Salvo que haya una situación realmente distópica de campos de exterminio. Si la situación de Venezuela empeora, que es algo que va a pasar si Estados Unidos sigue extrayendo el petróleo completamente y sigue manteniéndose el , es natural que esa gente va a inmigrar como sea. No habrá muro que la detenga. También va a cambiar completamente el paisaje del continente: la presencia de Venezuela en América Latina es considerable, son millones de personas.

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En el contexto global es muy difícil ver una situación de equilibrio más allá de pensar que Trump pierda las elecciones, que de alguna manera se siga manteniendo la estabilidad del orden mundial como tal. Todo indica que no va a mejor por ahora. Para mí se articula en una frase de Gramsci: “El viejo mundo se muere, y el viejo lucha por nacer; ahora es el tiempo de los monstruos”. Para mí funciona como algo en lo que uno puede creer para generar optimismo. La labor del artista es hacer arte políticamente, no hacer política con el arte.

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