Por Francisco Javier Aguilar García

Mi historia en la UNAM inicia en 1966, cuando ingresé a la ENP Gabino Barreda. Desde aquel momento, mi vida transcurrió en medio de la academia y de movimientos estudiantiles que ocurrieron tanto en la Universidad como en el país.

De 1966 a 1968 cursé el bachillerato en el corazón mismo de la Ciudad de México. En aquel entonces, el plantel número 3 de la ENP se denominaba Justo Sierra y estaba ubicado en la calle de Donceles No. 16, donde estaba y está el histórico edificio San Ildefonso, con su salón El Generalito y los grandes murales de Diego Rivera, de Orozco, de Siqueiros, de Leal, entre otros. Mis compañeros y yo podíamos contemplar, una y otra vez, estas destacadas obras que nos mostraban gran parte de la historia de México. La preparatoria estaba situada a dos cuadras del Palacio Nacional y de la Catedral de México.

En estos años de bachillerato, me correspondió participar en algunos eventos relevantes. Puedo destacar la huelga estudiantil de la UNAM en 1966, con la demanda inicial de limitar al cuerpo de vigilancia de la propia Universidad. En el transcurso de este movimiento se planteó y se obtuvo el pase automático a las escuelas y facultades de la Máxima Casa de Estudios. También se propuso y se consiguió la petición de mayores libertades para actividades políticas y culturales. Con la huelga se alcanzaron las exigencias solicitadas por el conjunto de alumnos. En esta coyuntura, el rector Ignacio Chávez (proveniente de Medicina) renunció a su puesto y lo sustituyó el ingeniero Javier Barros Sierra.

En 1967, los miembros de la Prepa 3 apoyamos las demandas planteadas por los estudiantes de la Universidad Michoacana y de la Universidad de Monterrey. En ese año, junto con mis amigos y compañeros del bachillerato, organicé el Grupo Rubén Jaramillo, que se dedicó a actividades culturales y políticas. Transmitimos varias películas de carácter social, publicamos un periódico, distribuimos propaganda de otras universidades, entre otros quehaceres. Teníamos inquietudes y las compartíamos con los demás colegas.

En 1968, los alumnos de la Prepa 3 del turno vespertino y de la Prepa 1 del turno matutino participamos en el movimiento estudiantil de ese año (de esta parte de la historia redacté un artículo). Afortunadamente salí ileso de lo ocurrido, pero también muy asustado e indignado.

El colectivo protestaba por las condiciones de represión, por la falta de apertura del régimen priista, por la liberación de los numerosos presos políticos y para obtener la libertad de expresión. El movimiento lo viví tanto en el plantel preparatoriano como en el campus de Ciudad Universitaria, sin olvidar el 2 de octubre de 1968. De Tlatelolco escapé milagrosamente intacto.

La experiencia estudiantil marcó mi vida y me condujo a tratar de comprender qué pasaba en el gobierno, en la sociedad, en las instituciones mexicanas. Quería entender qué estaba sucediendo en el país. Quería saber por qué se reprimía de manera tan salvaje y violenta a los estudiantes mexicanos. Recordemos que el movimiento se dio igualmente en otras ciudades de la República y en otros países como Francia, Italia, Japón, etcétera. Estas vivencias me formaron y me inclinaron a escoger mi área de estudios: las ciencias políticas y sociales. En 1969 ingresé a la carrera de Sociología en la FCPyS.

En enero de 1971, la Rectoría de la UNAM encabezada por Pablo González Casanova impulsó la creación del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades (CCH). Ese mismo año se abrieron los planteles del CCH en Naucalpan, Vallejo y Azcapotzalco. En el año siguiente se inauguraron las sedes Sur y Oriente del CCH.

En 1972 concluí todos los créditos en la FCPyS, y en 1973, después de un riguroso examen de admisión, empecé a dar clases de Historia en el CCH Sur. Poco antes de iniciar mi carrera docente, en octubre de 1972, estalló otra huelga, ahora de los trabajadores administrativos que demandaron el reconocimiento a su sindicato y la firma de un contrato colectivo. También hubo una huelga del personal académico en 1974.

En 1974 ingresé a la FCPyS como asistente de investigación. En 1975 tramité mi cambio al Instituto de Investigaciones Sociales. Enseguida solicité auxiliar al doctor Pablo González Casanova, quien tenía el proyecto La Clase Obrera en la Historia de México. Después de analizar cuidadosamente mi solicitud, aceptó que lo ayudara como asistente. Durante varios años lo apoyé en el proyecto mencionado y en el del Movimiento Obrero en Latinoamérica. En los años 70 impartí varias materias en la FCPyS.

En 1978 me inscribí en la maestría de Ciencia Política, en la FCPyS. Participé en el Seminario de Movimiento Obrero del propio González Casanova y en el Seminario de Ciencia Política de Arnaldo Córdova. En octubre de 1979 obtuve el título de dicha maestría y la Medalla Gabino Barreda. De 1981 a 1984 realicé los estudios del doctorado en Ciencia Política.

En 1980 me convertí en investigador asociado del IISUNAM mediante un concurso abierto. De ahí en adelante, mi vida académica se desarrolló y se multiplicó. Escalé todas las categorías de investigador hasta convertirme en investigador titular C. Desde entonces he participado como docente en la licenciatura y en el Posgrado de Ciencias Políticas y Sociales. Funjo como tutor principal y de posgrados en Estudios Latinoamericanos, Trabajo Social y Ciencias de la Administración. Asimismo, he colaborado en diversas comisiones dictaminadoras y evaluadoras de la UNAM. En 2023, la Universidad me otorgó el reconocimiento por 50 años de actividad académica.

Mis principales líneas de investigación son: 1) Estado mexicano, crecimiento económico y agrupaciones sindicales; 2) la tasa sindical en Norteamérica y Europa; 3) globalización y trabajo en México; 4) movimientos y protestas sociales en el siglo XXI; 5) la pandemia de Covid-19 y sus efectos sociales y políticos; y 5) la juventud y el mercado laboral mexicano.

Agradezco a la UNAM todas las condiciones que me dio para desarrollarme como académico, es decir, como investigador, docente y difusor del conocimiento. Me brindó amplias facilidades para diversas actividades de intercambio académico en las que expuse mis proyectos. Realicé varias estancias de investigación dentro y fuera del país. He tenido oportunidad de publicar numerosos libros y artículos científicos. En fin, mi vida fuera de la Máxima Casa de Estudios no la puedo imaginar.

La Fundación UNAM, a la cual conozco hace tiempo, es una asociación fundamental de la Universidad Nacional. Promueve apoyos constantes a miles y miles de estudiantes, al igual que la investigación y la difusión de la cultura. Respalda los centros multidisciplinarios y ofrece cursos de educación continua, entre otros programas. Sin duda, la FUNAM ha enriquecido la vida universitaria.

Investigador titular C de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM

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