Teatro y danza batallan contra el abandono institucional

Para la comunidad artística es claro que no existe una estrategia económica federal que los ayude a salir de la crisis provocada por la pandemia. “No saben ni cuántos somos”

Teatro y danza batallan contra el abandono institucional
Las becas y convocatorias son muy pocas, y vivir de la danza no es posible, así lo cuenta el coreógrafo, bailarín, maestro y director de Convexus, Francisco Rojas. Foto: DIEGO SIMÓN. EL UNIVERSAL
Cultura 15/04/2021 02:10 Alida Piñón Actualizada 09:24
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Los profesionales de la danza y el teatro que trabajan de manera independiente se enfrentan a una de las peores crisis de su historia. Además, coinciden los gremios, lo han tenido que hacer prácticamente en abandono institucional. Especialistas en gestión y producción advierten que no existen cifras que puedan dar cuenta de la dimensión de la tragedia. Por ejemplo, el Consejo Nacional de Danza, que agrupa a 4 mil 500 miembros en todo el país, sólo consiguió que 197 pudieran tener un Crédito a la Palabra del gobierno federal.

Tampoco existen cifras de las pérdidas económicas. La Red de Espacios Culturales Independientes, que agrupa a 10 foros dedicados principalmente al teatro, apunta pérdidas de más de 144 millones en un año. Un dato entre miles que no se registran de la devastación económica.

Lo que sí existe, dicen los profesionales, son historias que se van contando por cientos, sobre cómo compañías de teatro y danza han desaparecido. “Cuando nos permitieron abrir al 20% empezamos a preguntar a las compañías para saber quién podía presentarse, nos fueron cancelando porque ya no existían”, dice la productora Itari Martha.

Los teatros del INBAL en un año recaudaron sólo 361 mil pesos en taquilla. Una cifra que refleja que a nivel institucional el ingreso fue bajo, por lo que a nivel independiente los teatros con poca difusión podrían haber recaudado muchos menos dinero.

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Hasta ahora existen tres estudios que dan cuenta del impacto de la pandemia en el sector cultural: Impacto del Covid-19 en el sector cultural, realizado por la UNAM; México Creativo Desarrollo Cultural Sostenible, de la Secretaría de Cultura federal; y Módulo sobre Eventos Culturales Seleccionados, del INEGI. Sin embargo, ninguno tiene cifras sobre pérdidas económicas y de empleo, ni de cierre de espacios, pero sí hay aproximaciones que a casi un año de ser recopiladas, podrían estar ya rebasados.

197 MIEMBROS del Consejo Nacional de Danza, que agrupa a más de 4 mil, consiguieron un Crédito a la Palabra del gobierno federal.
 

Por ejemplo, el INEGI dio cuenta de una baja de asistencia a eventos presenciales durante 2020. Y entre las actividades a las que sí asistió la gente, el cine tuvo 37.7%, mientras que danza sólo el 12.1% y el teatro 11.9%. Secretaría de Cultura reveló con su sondeo que 87% consideraba en junio del 2020 que su situación económica podría estar de igual a mucho peor en los siguientes seis meses. Mientras que la UNAM dio a conocer que en mayo de 2020 la población más afectada por la pandemia tenía entre 25 y 55 años, la gran mayoría se consideraban artistas independientes y casi 40% dejó de percibir ingresos.

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El Foro Shakespeare, en una imagen de los días de confinamiento, se mantiene en pie con gran esfuerzo. Foto: GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL
 

“En los tres estudios se da cuenta del impacto de la falta de lo presencial y esto ha generado diferentes niveles de impacto en gremios específicos. La lectura en danza y en teatro es que eran disciplinas que no tenían el hábito de producirse y difundirse en lo digital, a diferencia del cine o la música. Por consiguiente, para estas disciplinas fue mucho más difícil realizar la mutación, pero también creo que fue en muchos sentidos exitoso. La danza y el teatro se repensaron, buscaron recursos económicos para poderse soportar en el ámbito institucional, y luego tuvieron que buscar al público. En la encuesta de públicos que hicimos se vio claramente que no había seguidores de danza, teatro y ópera, pero después, con la pandemia, creció”, dice Juan Melía, director de Teatro UNAM, una de las áreas responsables de los estudios que ha realizado la UNAM.

Abrir el telón

Para el productor Eloy Hernández si bien es cierto que lo digital fue una ventana, después de más de un año el público ha llegado también al cansancio de tener gran parte de su vida frente a una pantalla y el regreso a los escenarios, con aforos reducidos, ha sido muy difícil pues, muchas veces, la producción, frente a lo que se recaba en taquilla, no alcanza ni para pagar a los actores.

“Las cosas son realmente muy tristes, muchas compañías que no pudieron seguir, otras que migraron a sus ciudades de origen, teatros que cerraron, escenógrafos y técnicos que ya andan en otro giro, alumnos que desertan, economías alrededor de un teatro que tampoco la han librado. Algunos hemos tratado de pedir créditos, por ejemplo, a Nafinsa, nos dicen que todo bien, pero nos preguntan que por qué no tenemos ingresos en los últimos seis meses, ¡pues porque tengo el teatro cerrado!”, dice Hernández.

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El productor añade: “Nosotros tuvimos que aprender lo digital, a adaptar nuestras obras con medidas sanitarias, ¿qué aprendió el gobierno? En 2020 estábamos en modo sobrevivencia, todos, incluido el gobierno. Un año después, ¿en dónde están?, ¿por qué no han podido hacer políticas públicas con nosotros, hemos hecho muchas propuestas?”

144 MILLLONES DE PESOS de pérdida en un año, calcula la Red de Espacios Culturales Independientes.
 

Por su parte, el productor Sergio Villegas reconoce que el teatro no está considerado como algo esencial, sumado a que se trata de una actividad de riesgo pues supone estar en un espacio cerrado, de modo que el impacto ha sido brutal. “Hemos sido muy responsables, pero el teatro se ha convertido en una empresa imposible de sostener. En este sentido, los últimos del eslabón de la cadena de producción, es decir, nuestros talleres de escenografía y vestuario, técnicos, lo han resentido terriblemente. Sabemos que muchos de esos talleres no regresarán con nosotros, seguramente muchos ya están haciendo otras cosas. Cuando la actividad se normalice en otro nivel, será cuando veamos cuántos no volvieron”.

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La Titería, en agosto de 2020, en una grabación de la obra de marionetas Tú eres tú. Foto: GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL
 

Itari Martha, productora y directora del Foro Shakespeare, advierte que la industria teatral mexicana es la cuarta cartelera más importante del mundo. “Hacemos maravillas sin recursos. Si algunos seguimos de pie es por la enorme resistencia que tenemos, no ha sido gracias a las instituciones y por eso a ninguna secretaría le importa siquiera hacer un diagnóstico de nuestras pérdidas como sector, se curan en salud diciendo que nos dieron un apoyo de 3 mil pesos para que nos compremos la mitad del súper de una familia. Y mientras la Secretaría de Cultura lanza sus convocatorias, nosotros nos seguimos enterando de compañías que desaparecen, es la cruda verdad”.

El desinterés por la danza

Erandi Fajardo, miembro del Consejo Nacional de Danza, cuenta que a poco más de un año de la pandemia no existen indicadores que ayuden a visualizar la catástrofe en el gremio. Dice que hay una crisis económica aún por evaluar.

“Salvo aquellos que dan clases en escuelas públicas, quienes pudieron tener al menos uno de sus ingresos, todos los demás la han pasado muy mal. Por ejemplo, los maestros que dan clases en las casas de cultura, coreógrafos, bailarines, maestros, gestores culturales se quedaron sin producción. Hubo casos que pudieron trasladar al terreno digital, pero fueron muy pocos”, explica la gestora.

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A través del Consejo Nacional de Danza, con 4 mil 500 miembros, lograron conversar directamente con responsables de cultura de 21 entidades. “Conseguimos algún tipo de apoyo, por ejemplo, compromisos de contrataciones, circuitos de presentaciones en Hidalgo y otras cosas. Era necesario acercarse para explicar que, en un contexto tan crítico, la danza tenía requerimientos específicos”, explica Fajardo.

Este ejercicio gremial fue fundamental para mantener un diálogo permanente con las autoridades, así, dice Fajardo, les quedó más que claro que no hay una estrategia económica federal para la recuperación de la danza. “Hay convocatorias de producción, pero benefician a muy pocas personas y en danza el porcentaje es aun más reducido. No vemos una política transversal en coordinación con los estados para proteger al gremio dancístico”.

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“Cuando permitieron abrir al 20% preguntamos a las compañías quién podía presentarse: nos fueron cancelando porque ya no existían”
Itari Martha, productora

 

Los apoyos tendrían que dirigirse, plantea Fajardo, también a la capacitación en cuestiones sanitarias. Para las alrededor de 386 academias de danza en el país, (podrían ser muchas más) pedían información sobre cómo abrir con protocolos de salud.

“Las bibliotecas tienen protocolo, las academias de danza no, lo pedimos a la Secretaría de Cultura, pero seguimos esperando, no tenemos siquiera esa protección. Lo que conseguimos como organización civil no es suficiente, pero si nos hubiéramos quedado esperando el plan de emergencia de Cultura Federal... no existe después de un año”, lamenta.

El problema para tener indicadores sobre el impacto económico radica, entre otras cosas, en que nadie sabe cuántas personas viven del arte y la cultura. El Registro Nacional de Agentes Culturales que impulsa la Secretaría de Cultural cuenta con apenas 26 mil registros. “No saben ni cuántos somos. ¿Qué han hecho en todo este tiempo? No sabemos, lo que sí sabemos es que no estaban cuantificando los daños y siguen sin hacerlo”, ataja Fajardo.

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“Nuestros talleres de escenografía y vestuario, técnicos, lo han resentido terriblemente, muchos no regresarán, ya están en otras cosas”
Sergio Villegas, productor

El director de la compañía Convexus, Francisco Rojas, cuenta que producir danza es de por sí un trabajo colectivo que requiere de una suma de esfuerzos. “Las artes escénicas, cuya naturaleza es presencial, hemos tenido que enfrentar muchos retos (con la pandemia). El terreno digital sigue siendo un espacio de exploración, de modo que cuando se dice que ha sido importante, pues sí, no lo dudo, pero no ha sido fácil. Trabajo de manera independiente y lo hago por proyecto, es decir, no tengo una beca ni subsidio de 365 días. He seguido trabajando, doy clases, pero no he podido vivir de la danza. Hay becas, convocatorias, pero llegan a muy pocos. Los artistas seguimos haciendo las cosas, la danza es mi vida y he luchado por hacerla con y sin pandemia, con y sin apoyo”.

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