En Twitter se esparció el rumor de que Lorenza Manrique, directora de Estudios Churubusco, estaba avisando que habría un grave recorte en el IMCINE, por lo que el Instituto tuvo que sacar un comunicado para decir que sí habría “ajustes a gastos operativos”, pero la comunidad siguió advirtiendo afectaciones a apoyos y estímulos; la directora de cine Natalia Beristáin hizo cuestionamientos. María Novaro, titular de IMCINE, le respondió que se armara una reunión virtual con interesados y que con mucho gusto aclaraba dudas porque era su obligación. Y lo es, pero así no, ¿desde cuándo algo tan importante se aclara en una Zoom party? La incapacidad para comunicar es grave, pero que dos funcionarias tengan puntos de vista encontrados, es peor. ¿Están peleadas?, ¿no sirve su WhatsApp? ¿Qué está pasando en IMCINE? ¿La película va de drama, intriga o comedia? Preparen sus palomitas.
El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, celebró las acciones de Alejandra Frausto para coordinar “al sector cultural en beneficio de la salud”. Ah, caray, ¿se referirá a abrir Los Pinos a personal médico e invitar a artistas a mandar videos de apoyo? Vamos a decir que sí y vamos a decir que, en efecto, ha sido “espléndido”. También dijo que la secretaria de Cultura está “ayudando a la causa”, es decir, a las medidas para “la nueva normalidad” y está definiendo las condiciones de operación de los distintos espacios culturales. Ojalá fuera tan sencillo como eso. Ayer en EL UNIVERSAL presentamos las medidas que ya se están discutiendo en España, como aforos limitados, suspensión de actividades culturales y didácticas y sanitización de espacios. Además, cada disciplina se está planteando también cómo podría ser un regreso seguro para todos los artistas. Los alemanes, por ejemplo, no han logrado ponerse de acuerdo en cuanto a los músicos. ¿Una agrupación coral puede mantener dos metros de distancia entre cada uno? La secretaria anunció en su cuenta de Twitter que está trabajando con “especialistas” del INAH y del INBAL para diseñar un protocolo de regreso a los recintos culturales. Su vocero, Antonio Martínez, dijo que ese protocolo se hará público en cuanto lo tengan. De modo que vemos, otra vez, que lo que sea que están haciendo lo están haciendo sin los artistas. ¿O es que los bailarines no deben opinar sobre cómo podrán hacer su trabajo?, ¿los actores?, ¿los cantantes? ¿Quiénes son esos “especialistas”? Digamos que son los mejores y que ellos tendrán las respuestas, ¿pero no sería importante abrir una discusión nacional? Nos preguntamos.
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