Cultura

Que México retenga arte de los Gelman, piden

En una mesa de análisis, expertos ven como solución que la colección se quede en el país hasta que la controversia sea aclarada por las autoridades

Una de las piezas de la Colección Gelman Santander que se exhibe en el Museo de Arte Moderno. Foto: Archivo EL UNIVERSAL
05/05/2026 |04:38
José Quezada
Reportera de la sección CulturaVer perfil

La solución a corto plazo sobre la situación que atraviesa la colección Gelman Santander, entre las que hay varias obras con declaratoria de Monumento Artístico, es que las obras se queden en México, mientras se aclaran las controversias entre el testamento de la coleccionista Natasha Gelman, la compra de la colección por parte del empresario Marcelo Zambrano y el convenio con Fundación Banco Santander. Incluso, los expertos que participaron en la mesa de análisis “La colección Gelman. Certezas, dudas e incertidumbre” sugirieron que se haga un Faro Santander en Cuernavaca para exhibir la colección en México.





Otro punto crítico en torno al caso que mencionaron la crítica María Minera y las periodistas Adriana Malvido y Blanca González, durante la mesa coordinada por Bolfy Cottom, es la falta de protección al patrimonio cultural por parte del INBAL y el INAH, en medio de varias crisis registradas en las últimas semanas y que pueden emparentarse con el caso Gelman Santander. También apuntaron el esclarecimiento ante la opacidad y contraste entre la última voluntad de Jacques y Natasha Gelman y el convenio que permite que 30 obras protegidas puedan salir del país fue uno de los puntos en el que más insistieron las expertas.

Sin embargo, la falta de capacidad que tiene el Museo de Arte Moderno (MAM) para exhibir la Colección Gelman Santander fue cuestionada por expertas en políticas culturales. Las altas temperaturas del recinto y la falta de control de acceso a las salas en la exposición fueron señalamientos mencionados en la mesa.

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En el evento, organizado por el Seminario Patrimonio Cultural, la periodista Adriana Malvido fue enfática en que los señalamientos, en este caso, no son contra el coleccionismo, sino “contra la opacidad y pérdida de un patrimonio”, y recordó que Marcelo Zambrano, comprador de la colección, la acaba de registrar como marca en Europa.

Minera y Cottom hablaron de casos particulares como el de la autorización para que Coca-Cola use la imagen de la pirámide de Chichén Itzá o el hecho de que Adidas puede utilizar la imagen de la Piedra de Sol en sus camisetas.

“Yo diría que el patrimonio no se vende en este país, se regala”, afirmó María Minera sobre estas polémicas que involucran al INAH y al INBAL; además y resaltó que en el caso Gelman se trata de un convenio que es tremendamente favorable para los privados.

“Zambrabo compró una colección que tenía 30 obras protegidas, y él lo sabía. Y si eso le molestaba hubiera comprado otra. No es un capricho, no nos lo sacamos de la manga”, continuó Minera, lamentando que el INBAL confía en que los privados traerán la colección de regreso a México, pese a que el Faro Santander es una obra no concluida. ¿Por qué, como mexicanos, concedemos que 11 obras de Frida Kahlo de primer nivel irán a un museo que no está terminado?, se preguntó la crítica de arte.

Y un punto en común que tuvo con González fue que, entre las posturas ante la polémica de la colección, hay un grupo que ve con buenos ojos que la colección salga del país, puesto que en México no se le va a cuidar como se debe.

Y los hechos, en cierta medida, lo afirman: el Museo de Arte Moderno, donde se exhibe la colección, “parece un sauna” y no tiene control de cuánta gente puede estar en una sala, coincidieron.

Un hecho raro, puesto que parte del dinero destinado para el Proyecto Chapultepec, también se destinó a los museos; un recurso con el que, además, podría haberse comprado tres veces la Colección Gelman Santander.

Los datos estimados por Minera son que la exposición ha registrado 200 mil visitas, número equivalente a 50 millones de pesos, unos cinco años del presupuesto del museo.

Cottom remató: “como si las instituciones estuvieran de rodillas ante emporios. Lo vemos en el tema arqueológico y artístico”. González dijo que “en la administración cultural hay un deterioro enorme, muy notorio”.

Ta,bién cuestionó las habilidades y conocimientos de la secretaria actual, Claudia Curiel, y dijo que el problema se remonta a que no hay un sistema de rendición de cuentas en el país y eso disimula las faltas administrativas: “Hubo faltas en haber permitido y desarrollado este convenio”.

El INBAL y el Estado cometieron un error en no adquirir la colección cuando pudieron, subrayó Blanca González.

La periodista dijo que ante un convenio que despierta dudas sobre la protección del patrimonio, qué argumentos tiene el INBAL para prestar 30 obras que son monumento artístico.

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