¿Qué es auténtico y qué es falso en el "penacho de Cuauhtémoc" que tiene Francia?

Especialistas de México y Francia analizan la pieza que guarda el Museo de quai Branly; dicen que no se asemeja a la iconografía mexica. Su origen, edad y función, en tela de juicio

¿Qué es auténtico y qué es falso en el "penacho de Cuauhtémoc" que tiene Francia?
La pieza ingresó a las colecciones del Musée d’Ethnographie de Trocadéro (antecesor del museo Branly, donde se encuentra ahora) en 1878; originalmente fue del falsificador de antigüedades Eugène Boban. Fotos: CORTESÍA MARÍA OLVIDO MORENO Y LAURA FILLOY
Cultura 14/04/2021 02:10 Antonio Díaz Actualizada 15:07
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Desde hace más de 100 años se encuentra en Francia un objeto que había sido denominado como “penacho de Cuauhtémoc”, pues fue descrito como un “objeto que le perteneció al último Emperador de MéxicoCuauhtemoctzin”. Sin embargo, en 2018 especialistas de México y Francia emprendieron una investigación y ahora, casi tres años después, pudieron determinar que no es un penacho y que tampoco perteneció a algún soberano mexica, aunque falta determinar “si se trata de un objeto o del componente de un objeto”, y los resultados de otros estudios.

“La ingeniería propia del objeto: su mecánica, la manera en que pudo haberse manipulado de un lado o del otro, su forma, sus componentes estructurales y su tamaño. Todas las cuestiones formales no son propias de un tocado y de hecho no hay manera de que en ninguna posición se pueda colocar sobre una cabeza humana. No es un tocado”, sostiene María Olvido Moreno, quien forma parte del equipo de especialistas.

Lo mismo cree Laura Filloy —ambas son especialistas en plumaria mesoamericana—; su argumento está fundamentado en el resultado de varios tipos de análisis que desde hace tres años realizan con otros investigadores tanto mexicanos como franceses: Leonardo López Luján (especialista en la historia de la arqueología mexicana) y Fabienne de Pierrebourg (encargada de las colecciones de América del Musée du quai Branly), quienes estudian la pieza desde diferentes aristas.

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Una de las líneas de investigación es determinar la biografía del objeto que se encuentra en el Musée du quai Branly, en París, Francia, y se ha podido documentar que la pieza ingresó a las colecciones del Musée d’Ethnographie de Trocadéro (antecesor del museo Branly) en 1878.

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Pese a ser clasificado como “penacho de Cuauhtemoczin”, su lugar de origen, antigüedad y función han sido puestos en tela de juicio por “el hecho mismo de que perteneciera originalmente al marchante y falsificador de antigüedades Eugène Boban (1834-1908), quien vivió varias veces en nuestro país en la segunda mitad del siglo XIX y se presentaba a sí mismo como el ‘anticuario del emperador Maximiliano’”, escribieron Filloy, Moreno, De Pierrebourg y López Luján, autores del artículo “El mal llamado penacho de Cuauhtemoczin”, publicado recientemente en la revista Arqueología mexicana (número 166).

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Tiene nudos con sólo una pluma, otros sujetan la sección inferior de una pluma y otros están vacíos.
 

Filloy señala que aún no cuentan con muchos datos sobre su biografía cultural y por ahora sólo se conocen dos fechas clave: 1875, cuando Boban le vendió la pieza al explorador Alphonse Pinard; y 1878, año del registro de su ingreso a las colecciones de Trocadéro.

“La documentación en los museos no es profunda, suelen ser etiquetas y listados con datos distintos y en ocasiones dispares. Pueden indicar las trayectorias de las piezas y apuntar, por ejemplo, si estuvieron en depósitos o en colecciones particulares. En este caso la historia es muy fragmentada y la ficha de registro sólo nos indica que ingresó a la colección gracias a la sesión al Estado francés de mil 400 piezas arqueológicas y etnográficas americanas que incluía esta divisa de plumas”, dice Filloy.

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80 GRAMOS pesa el mal llamado penacho de Cuauhtémoc. Tiene forma circular de 28 centímetros de diámetro y en su centro tiene otro círculo con 211 ba stoncitos
 

Investigación en proceso

El mal llamado penacho de Cuauhtémoc pesa 80 gramos. Tiene una forma circular de 28 centímetros de diámetro y en su centro tiene otro círculo de 8.5 centímetros de diámetro al que se le tejieron 211 bastoncitos “que rematan con elementos florales confeccionados con las técnicas del mosaico y del atado de plumas”.

Filloy y Olvido Moreno señalan que están en proceso varios estudios, como el de Carbono 14, cuyos resultados se han retrasado por la pandemia.

“Los resultados de Carbono 14 nos permitirán situar a la pieza en el momento más cercano a su manufactura. Lo único que sabemos es su ingreso a las colecciones en el siglo XIX, que es nuestra referencia de partida. Es decir, la pieza tuvo que hacerse antes y esos análisis nos ayudarán a definir el momento de su producción”, dice Filloy.

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Una tarea pendiente es contabilizar las plumas y estudiar cuántas tuvo en su estado original. Conservan su brillo e iridiscencia.
 

Una de las tareas pendientes, indica Moreno, es contabilizar la cantidad de plumas y estudiar cuántas tuvo en su estado original, “pues al observar con el microscopio, nos percatamos que había faltantes: vimos muchos nudos que conservan sólo una pluma, nudos que sujetan la sección inferior de una pluma y nudos que están totalmente vacíos”. Agrega que “tampoco se sabe cuál es la magnitud de los faltantes, ya que aún no sabemos si se trata de un objeto o quizás de un componente de una divisa más compleja y que haya perdido algunas partes”.

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Lo que ya se inició es un estudio ornitológico para determinar el tipo de aves a las que pertenecieron las plumas; investigación que realiza Jacques Cousin, del Museo Nacional de Historia Natural de Francia.

“El doctor Cousin piensa que se trata de plumas que provienen de aves endémicas del continente americano. Menciona loros, oropéndolas, guacamayas, espátulas y trogones, aunque falta que esto se confirme. Todo este conjunto plumario conserva su brillo e iridiscencia, una amplia gama de colores en atractivas tonalidades; y en su manufactura se combinan técnicas de mosaico y anudado”, explica María Olvido Moreno.

Para poder determinar un posible uso, detalla Filloy, es necesario consultar fuentes como los códices, la cerámica, la escultura y la pintura mural: “Recurrimos a documentos en los que se aprecian las insignias, las divisas y los objetos que se utilizaban, quiénes los empleaban, los contextos de uso y el marco de su producción, entre otros aspectos. Por esto, es posible determinar que no se trata de un penacho, porque justamente en la iconografía mexica no aparecen tocados semejantes”.

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También está en proceso el rastreo del área geográfica en la que pudo haberse confeccionado. “Este tema implica un reto, ya que, en los pueblos originarios de América existe una amplia gama de tradiciones del arte plumario”, comentan ambas restauradoras. Por otro lado, en las colecciones de Europa hay “piezas de plumaria andinas o amazónicas que tradicionalmente han sido atribuidas a la civilización mexica”.

“Todas las cuestiones formales no son propias de un tocado y de hecho no hay manera de que se pueda colocar sobre una cabeza humana”
María Olvido Moreno, investigadora

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María Olvido Moreno y Laura Filloy son especialistas en plumaria mesoamericana.
 

Para determinar el área geográfica en que fue elaborada la pieza también se analizan muestras de fibras en el Instituto de Biología de la UNAM: “El problema es que las fibras utilizadas para los soportes y amarres, así como las aves, tienen una amplia distribución en nuestro continente”, detalla Laura Filloy. Por ejemplo, hay algodón, material que se usó desde Mesoamérica hasta Sudamérica. “Hacer el análisis tecnológico de los sistemas de amarre y del pegado de las plumas ayudará a acercar al objeto hacia una tradición tecnológica determinada”.

“Lo que sí sabemos es que hay estilos tecnológicos en el trabajo de la pluma que son particulares de cada área cultural. Tanto el trabajo de la plumaria amazónica, como el del área andina, tienen características propias y son diferentes entre sí, y lo mismo sucede en Mesoamérica. Hacer el análisis tecnológico de los sistemas de amarre y del pegado de las plumas, ayudará a acercar al objeto hacia una tradición tecnológica determinada”, dice Filloy. 

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Un lejano final  

El objeto fue elaborado con materiales orgánicos, todos expuestos a un proceso de envejecimiento natural, pero está “estable porque se ha resguardado en un ambiente controlado”.

La restauradora Moreno participó en la comisión binacional para el estudio y restauración del “Penacho de Moctezuma”. Señala que “no son objetos comparables, ni por sus técnicas de manufactura ni por su condición, pues las dimensiones de cada uno y su ingeniería son distintas: el atribuido a Cuauhtémoc tiene 28 centímetros de diámetro y el que se encuentra en Viena mide 1.78 metros de largo y 1.30 metros de alto”. La pieza que se encuentra en Paris está muy estable y conserva los suficientes elementos para poder hacer trabajos prospectivos e interpretaciones”.
 
Si bien faltan resultados de análisis y otros estudios ¿sería una pieza “falsa”?, se le cuestiona a las investigadoras. 
 
“Sea cual sea el resultado de este proyecto, no hay que perder de vista que se va a enriquecer de manera significativa el conocimiento sobre las tradiciones plumarias en América. Si partimos de que se trata de un penacho que perteneció al soberano mexica, entonces estaríamos frente a un falso. Pero si enunciamos que investigamos una pieza de plumaria antigua elaborada con plumas de aves endémicas del continente americano, es correcto decir que estamos trabajando una pieza original de plumaria americana antigua”, ataja Moreno. 
 
Filloy y Moreno enfatizan que su estudio sobre el objeto plumario está en proceso y señalan que no tendrá un final próximo, no sólo por la emergencia sanitaria, sino también por los calendarios de trabajo que se establezcan con otros museos e instituciones universitarias, tanto de México como de Francia, involucradas en esta investigación.
 

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