¿Por qué se hacen rituales en Año Nuevo?

Usar calzones rojos o amarillos, barrer, comer uvas y otras prácticas son acciones en las que la gente deposita la esperanza ante situaciones que no controla, explican especialistas

¿Por qué se hacen rituales en Año Nuevo?
Velas, piedras, semillas y todo tipo de figuras relacionadas con la suerte se venden en diferentes mercados en la víspera de Año Nuevo. El mercado de Sonora es uno de los más concurridos en estas fechas. Fotos: Berenice Fregoso. EL UNIVERSAL
Cultura 31/12/2021 02:40 Alida Piñón Actualizada 03:48
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El Año Nuevo significa, para muchos, una nueva oportunidad para cumplir propósitos o planear prometedores futuros, especialmente en un contexto en el que la salud ha estado en jaque en los últimos dos años por el Covid-19. Bajar de peso, dejar de fumar, ahorrar, conseguir trabajo, hacer ejercicio, viajar, casarse y el dinero siguen siendo los deseos más comunes y para conseguirlos hay rituales que supuestamente garantizan su obtención.

Los mercados se llenan de calzones rojos para el amor y el sexo, y amarillos para el dinero y la abundancia. Chamanes, brujos y vendedores ambulantes ofrecen productos como borreguitos de plástico adornados con algodón que se colocan adentro de una canastita con monedas regaladas de la familia, y semillas como lentejas, arroz, azúcar, canela y frijol para la abundancia.

Así como canela y velas rojas para que no falte el amor en los seres queridos que asistan a la celebración de fin de año; amuletos como pequeñas bolsas rojas a las que se agregan semillas: arroz, frijol, lenteja y ajos para alejar las malas vibras y atraer la abundancia y la salud.

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En el mercado de La Merced, para el amor, el dinero y la buena surte se ofertan calzones con los colores clásicos.
 

¿Por qué creemos en estos rituales? El doctor Stanisław Iwaniszewski, arqueólogo y arqueoastrónomo, explica en su investigación “Eventos astronómicos en los ritos de paso”, publicado por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, que los ritos marcan el tránsito de una fase de la vida a otra, de un determinado estatus social a otro, de un ciclo temporal a otro, de un espacio particular a otro, etc.

“Los ritos acompañan el desarrollo de la persona social a lo largo de su vida, como lo son por ejemplo las transiciones de la condición infantil a la edad adulta; los partos, nacimientos, fallecimientos o muertes; la adquisición de un conocimiento especializado e incluso esotérico, las acciones de viajar y retornar, de salir y regresar”, etcétera.

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De modo que los ritos son inherentes al ser humano. El doctor Emiliano Villavicencio Trejo, jefe de Posgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle, sostiene que los rituales responden tanto a lo individual, en términos psicológicos; como a lo social.

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“Un ritual se puede entender como una expresión del conocimiento social y tradicional, no por ello son malos, falsos o equivocados. Son conocimientos culturales que se construyen a lo largo de la historia y se transmiten a través de rituales. Por ejemplo, todos sabemos, más o menos, cómo comportarnos en un funeral, aunque nadie nos lo haya explicado específicamente; todos sabemos estar en una misa religiosa sin que nadie nos lo haya dicho. Entonces, ¿por qué hacemos rituales? Porque nos permiten incorporarnos al grupo al que pertenecemos, nos da cohesión como grupo social y nos da identidad”, dice en entrevista.

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Amuletos, monedas y borreguitos son otros de los objetos más buscados en los puestos de ese famoso mercado.
 

Y agrega: “Los rituales de fin de año, en términos psicológicos, son pensamientos mágicos fenoménicos, un pensamiento por el que todos pasamos entre los dos y los siete años de edad. Con esto no quiero decir que quien lleva a cabo estos rituales tienen pensamientos infantiles, pero sí digo que echamos mano de una forma de pensamiento, no es una creencia, es una forma de ver las cosas de maneras fenoménicas, fantasiosas. ¿Por qué? Porque hay cosas como el azar y la suerte que nuestro pensamiento lógico o científico no puede explicarnos, así que recurrimos a este pensamiento mágico para dar cuenta de lo que no podemos entender. Así, depositamos en el ritual la esperanza, la fe en situaciones inciertas que no controlamos. ¿Esto es malo? No. Desde el origen de la humanidad hemos recorrido a explicaciones mágicas”.

Iwaniszewski da cuenta, por ejemplo, de que las ceremonias de Año Nuevo de los mayas descritas por el franciscano Diego de Landa o por el Códice de Dresde demuestran “claramente que trataban de evitar las rupturas temporales, posibles fuentes del peligro”, pues según Diego de Landa “la fiesta del Año Nuevo era la mayor de todo el año, pues era una ceremonia comunitaria; cuando toda la comunidad se preparaba para la llegada del Año Nuevo, no se hacía ningún trabajo importante ni se cuidaba el cuerpo ‘porque temían que les sucediese algún mal si lo hacían’”.

Y, según las concepciones mayas, “los portadores del año eran seres sobrenaturales y por tanto podían actuar como si fueran agentes o actores sociales. El comienzo del Año Nuevo significó la renovación de todos los aspectos de las cosas en la vida cotidiana y ritual. Comenta De Landa que cuando llegaba el primer día del año, el primer día del mes pop (es decir el 16 de julio de 1556 en el calendario juliano), se celebraba un ritual de renovación en el que los viejos objetos y herramientas eran arrojadas al basurero y se barrían las casas; además se escogía a los cuatro chak’ob que habrían de ayudar al sacerdote durante el año venidero. En el segundo mes wo se conocían los pronósticos para el año”.

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Es difícil saber si rituales contemporáneos como deshacerse el 31 de diciembre de cosas rotas, quebradas, descompuestas o que ya no se usan, o tirar las prendas que ya no están de moda o ya no les quedan para acabar con todo lo desagradable que se haya vivido y así asegurarse de que habrá cosas mejores y nuevas en la vida, tienen un origen maya.

Lo cierto es que hasta hoy hay rituales como recibir el año con espiritualidad y pureza, como bañarse justo a las 12 y una vez terminada la ducha, desnudo se debe realizar una “limpia” con un ramo de siete hierbas, como manzanilla o hierbabuena.

Tampoco es posible saber el origen de tirar un vaso de agua a la calle para alejar las penas y las lágrimas o desde cuándo se comen 12 uvas al son de las campanas acomapañadas de un deseo.

Salvador Mendiola, maestro en sociología en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, de la UNAM, coincide con Villavicencio en que los rituales forman parte de la naturaleza humana que siempre ha buscado entender sus entornos como la naturaleza y el universo.

“Somos seres evolutivos, cambiamos constantemente. Esas costumbres de las uvas, el color de los calzones, el orden de las copas en la mesa, arreglarse de determinada forma, es del mundo anterior al nihilismo, antes de que nos enteráramos de que estamos abandonados en el cosmos, los seres humanos creíamos en Dios y que todo se conectaba por relaciones encadenadas. La gente pensaba que si comía mucho jitomate se le pondría la sangre roja. Esos rituales son lo que queda de esas creencias. Toda la gente a la que le falta algo, lo quiero obtener o reponer a través de lo simbólico y se convierten en bellezas populares. Saber de qué color trae el calzón tu invitado a la mesa es saber qué es lo que le falta, lo que anhela; ver cómo se comen las uvas si de manera rápida o apasionada, nos da elementos inmensos de socialidad”, dice.

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Villavicencio insiste en que estos rituales responden a una necesidad social. “Son arquetipos que representan necesidades que tenemos como la salud, el amor, la abundancia, el dinero. Limpiar el piso con canela, salir con maletas a la calle, barrer la casa, son arquetipos en los que depositamos de manera mágica nuestras creencias, nuestra fe que responde a una necesidad social”, dice.

Frases

"Un ritual se puede entender como una expresión del conocimiento social y tradicional, no por ello son malos, falsos o equivocados”. Emiliano Villavicencio. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle.

"Esos rituales son lo que queda de las creencias. Toda la gente a la que le falta algo, lo quiero obtener o reponer a través de lo simbólico”. Salvador Mendiola. FES Aragón de la UNAM.

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