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A un año de la muerte del narrador, ensayista, traductor y diplomático Sergio Pitol, que se cumple el próximo viernes, hay asuntos pendientes con su obra literaria. Aunque su biblioteca personal, que consta de entre 9 y 10 mil volúmenes, ya se encuentra en proceso de estabilización en la Universidad Veracruzana (UV) —como lo dejó estipulado en su testamento—, faltan seis títulos por publicar para concluir la colección Sergio Pitol Traductor; y su archivo personal está bajo una revisión por parte de la familia para ver qué se puede publicar.

Las diferencias que tienen Luis y Laura Demeneghi, primo y sobrina de Sergio Pitol, con la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, han dejado inconclusa la colección Sergio Pitol Traductor. Falta por publicar Las Bostonianas, Lo que Maisie sabía y Los papeles de Aspern, de Henry James; Caoba, de Boris Pilniak; Bacacay, de Witold Gombrowicz, y Rondó, de Kazimierz Brandys.

Incluso objetos personales del autor de Domar a la divina garza, El viaje y El desfile del amor dejaron de estar en conjunto y fueron repartidos entre sus primos y sobrinos, pues aseguran que así estaba señalado en el testamento. Lo único que quedó reunido es su archivo personal, que está en poder de Luis Demeneghi; un rico acervo, a decir de Laura Demeneghi, quien asegura que su padre y ella lo han estado revisando y que apenas han podido ver alrededor de 20%.

“Es abundante el archivo, llevaremos un 20% revisado, lo único que hemos hecho es organizar, pero sí hay cosas muy importantes, por eso la idea es darlos a conocer. Hay textos iniciados; por ejemplo, en 2005 cuando recibió el Premio Cervantes, mi tío declaró que quería hacer una novela sobre una enanita del siglo XIX; ese arranque de texto está en el archivo; como ese, otras cosas”, asegura Laura Demeneghi.

En entrevista con EL UNIVERSAL, la sobrina del narrador señala que la idea es publicar alguna antología de textos que dejó sin concluir o parte de la correspondencia de Pitol con algunos escritores, como Elena Poniatowska, Juan Villoro, Mario Bellatin y el editor Jorge Herralde, entre otros.

Le extraña, por ejemplo, que hasta ahora no ha encontrado correspondencia con Carlos Monsiváis ni con José Emilio Pacheco.

Demeneghi asegura que no hay ninguna cláusula en el testamento que impida publicar materiales del archivo, y también afirma que no está en sus planes vender el archivo a Austen, Princeton o a alguna otra Universidad de Estados Unidos. “Sinceramente no lo tenemos contemplado, lo que queremos es publicar sus textos, que en un libro tú puedas ver cómo escribía, cómo organizaba sus cosas mi tío, esa es la idea”. Y agrega que incluso hay libretas con textos de puño y letra de Sergio Pitol.

Tesoro dividido. Fuera de la biblioteca personal de Sergio Pitol, que donó en vida a la Universidad Veracruzana, y de su archivo personal, que está en manos de su primo Luis, los demás objetos que el escritor reunió a lo largo de su vida —entre los que se encuentran obras de artes, sus medallas y premios literarios— y que eran parte esencial en su casa de Pino Suárez 11, en el Centro Histórico de la ciudad de Xalapa, en Veracruz, fueron repartidos entre los primos y sobrinos, porque así lo quiso el narrador.

Laura Demeneghi dice que quedaron muchísimas cosas, “hay una obra importante de cuadros, pinturas, muebles, tapetes; eso ya está repartido entre mi papá y sus hermanos y ya realmente la casa de mi tío está vacía. La repartición estaba en su testamento, también se repartió la colección importante de medallas y sus premios, todo fue repartido; lo único que está en poder de mi papá es el archivo personal de escritos y de recortes, de películas y discos de óperas, eso es lo que estamos revisando y viendo qué podemos hacer”.

Cuenta que en el archivo personal del autor hay cartas, escritos, una colección de periódicos que reunió a lo largo de su vida.

Lo que marcha en orden es el proceso de estabilización de la biblioteca personal de Sergio Pitol que la familia Demeneghi entregó a la Universidad Veracruzana en diciembre pasado y que será depositada en la Biblioteca de esa casa de estudios. “Sabemos que será un proceso largo, la limpieza de los libros va a tardar porque debe hacerse hoja por hoja, y una vez que se tenga eso limpio va a empezar el proceso de catalogación, esa también va a tardar porque será hacer todo el proceso de inventario de título por título; en lo que quedamos es que una vez que se limpien los libros ellos tendrían un año para ponerlos en estantería en dos lugares distintos. Una parte estará en las Colecciones Especiales, alrededor de 70% del acervo, porque hay cámaras de seguridad y una temperatura especial; el otro 30% de los libros se pondrá abierto a todo público”, asegura Laura.

Todos los libros llevarán Ex libris de perritos que ha sido diseñado por la propia Laura Demeneghi, un diseño en blanco y negro y que es la firma de Sergio Pitol y las siluetas de dos de sus más queridos perros: la Lola, un labrador que aún vive en la casa de Pino Suárez, y el Sacho, uno de los perros más fotografiados con Pitol. Además, en el espacio que le será asignado a los libros que quedarán en consulta abierta, se pondrá una fotografía de Pitol con Sacho al lado, donada por la familia Demeneghi.

Sin respuesta de autoridades. Tras la muerte del narrador que falleció a los 85 años, la familia hizo pública su propuesta de que la casa de Pino Suárez se convirtiera en un centro cultural para que allí pudiera quedar la biblioteca personal, el archivo y todos los objetos del escritor, sin embargo no obtuvo una recepción positiva de parte de ninguna autoridad.

Fue así que en el pasado enero y después de entregar la biblioteca, la familia decidió poner a la venta la casa de Sergio Pitol.

El 31de enero, aprovechando la visita a Xalapa del presidente Andrés Manuel López Obrador, Laura Demeneghi hizo una protesta pacífica.

Ese día leyó el siguiente texto: “Querido Andrés Manuel: mi tío Sergio quería quemar las naves aquí en Xalapa, fue un hombre de izquierda que siempre sintió una gran admiración por usted. La manifestación que hago el día de hoy es para seguir insistiendo en la indiferencia con la que sus funcionarios han tratado el legado de Sergio Pitol. Ojalá le llegue mi mensaje, señor Presidente”.

Pero tampoco hubo respuesta; ni sirvió un bello texto escrito por Juan Villoro titulado “La casa de la tribu”. Es por eso que para el próximo mes podría cerrarse la venta del inmueble y convertirse en un hotel boutique o en un restaurante.

“Pensé que después del mensaje que dirigí directamente al presidente Andrés Manuel López Obrador iba a tener respuesta y para nada fue así. Aquí en Xalapa ni al gobernador ni al alcalde ni a la secretaria de Cultura les interesó hablar conmigo, ni se diga a nivel federal”, cuenta Laura Demeneghi, sobrina del autor fallecido el 12 de abril del año pasado.

Las cenizas de Sergio están por ahora en Querétaro, porque los hijos de su hermano Ángel así lo quisieron, aunque la condición es que en un tiempo razonable las lleven, junto con las de su papá (Ángel) a la iglesia de Córdoba, para que reposen al lado de las de sus padres. El deseo es que reposen juntos los hermanos Sergio y Ángel, al lado de los restos de los abuelos Agustín Demeneghi Uganza y Catalina Uganza, quienes criaron al narrador y a su hermano.

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