"Pinochet confiscaba la palabra en Chile": llega antología de la poeta Carmen Berenguer

La artista visual y activista que dio a conocer su trabajo creativo en plena dictadura militar llega por vez primera a México a través de una antología que da cuenta de su obra y su vida comprometida con las luchas sociales

"Pinochet confiscaba la palabra en Chile": llega antología de la poeta Carmen Berenguer
Carmen Berenguer. Poeta. Foto: Cortesía Tamym Maulén
Cultura 02/04/2021 02:40 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 04:37
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Carmen Berenguer, la poeta chilena que dio a conocer su trabajo creativo en plena dictadura militar y se convirtió en una de las voces femeninas más claras de la denuncia y la resistencia, ha seguido haciendo poesía con el deseo “de escribirle a un país que no existía, un país que está creando sus razones de existencia y que tiene conciencia actual de lo que vivió hace 50 años”.

La poeta, cronista, artista visual, editora y activista nacida en Santiago de Chile en 1946, llega por vez primera a México a través de la antología “Carmen Berenguer. Plaza tomada, (Poesía 1983-2020)”, que ha editado la Universidad Autónoma de Nuevo León, con selección y prólogo de la poeta y periodista mexicana Claudia Posadas, una obra que a decir de la propia autora da cuenta de su obra y su vida comprometida con las luchas sociales.

En el volumen, el crítico literario Julio Ortega asegura que la rebeldía de Carmen Berenguer “viene de lejos y su demanda nos incluye”. En esa nota preliminar amplia y profunda sobre la obra de la autora de “Bobby Sands desfallece en el muro”, “Huellas de Siglo” y “Plaza de la dignidad” que está por publicarse en Chile, Ortega asegura que el desenfado de Berenguer “es un cortocircuito de la institución de las Letras a nombre de la humanidad de la palabra común”.

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El profesor e investigador de la Brown University dice que los libros de la poeta de 74 años, escritos “sin queja y con furia”, son testimonio, confesión y protesta de una época. “Los últimos 50 años han sido muy brutales para Chile y me parecía que yo tenía que ser ese testigo mudo de la conciencia que se estaba llevando a cabo en mi país”, asegura la poeta y activista en entrevista.

¿La poesía se convirtió en el vehículo para alzar su voz contra la dictadura?

Toda la gente que conocía nunca dejó de luchar, siempre estuvo culturalmente luchando, ya sea haciendo lecturas, organizando actividades culturales y encuentros, o en la calle, siempre estuvo atenta a las cosas que ocurrían. Además he seguido a maestros, a Sor Juana Inés de la Cruz ---por eso me encanta llegar a México---, a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Pablo de Rokha, muchos poetas que han sido y han servido de inicio de mi trabajo: José Martí, Rubén Darío, Lola Ridge, autores que han estado conmigo escribiendo desde el deseo de unir la palabra y el arte con la política que ha sido mi piedra en el zapato de estos años.

¿Su interés central es la sociedad y las causas sociales?

La contingencia actual hace que mi poesía cobre espacio, cuando escribí “Bobby Sands desfallece en el muro”, en Chile nadie le dio el más mínimo interés, sin embargo el libro ha corrido por países y países y acaba de publicarse de nuevo en Estados Unidos en una edición bilingüe y luego en Italia acaba de publicarse “Huellas de siglo”; me llama la atención esa salida por el mundo de mi trabajo modestamente escrito, pensado palabra por palabra, soñado palabra por palabra, es como armar o crear un pueblo en palabras donde no estaba el pueblo que quiere ser, y eso me llena de alegría que mi trabajo pueda tener un sentido en este mundo.

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Imagen del estallido social en Chile, en octubre de 2019. Foto: CORTESÍA: Álvaro González Ortiz, Universidad de Chile.

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Es considerada por Julio Ortega una escritora combativa, ¿Se concibe una poeta rebelde y desafiante con el poder y con los opresores?

Algunas de las preguntas a las que siempre volvemos los escritores es ¿qué puede un poema?, ¿qué puede hacer uno como escritora?, ¿lo que escribo tendrá algún valor?, ¿tendrá algo importante que decir? Para mí era fundamental otra pregunta: ¿qué voy a escribir ahora después de tanta muerte, de tantas desapariciones?, ¿qué puedo escribir?, ¿cómo escribir algo como Bobby Sands, un hombre que se fue muriendo en una cárcel y que puso su cuerpo como lucha?, bueno esa pregunta fue la que me ha llevado, no a responderla literalmente, pero sí a indagar en el lenguaje, en pensar cómo puedo utilizar estas formas diversas, estas visualidades corporales para poder decir la palabra que requiero personalmente para alimentar estas situaciones, para descalificar ese abominable deseo de obstrucción en un pueblo que quiere ser libre. Ese era un poco y ha sido siempre mi escritura.

¿Escribir desde la conciencia social y moral?

He tenido un escenario literario detrás que me ha empujado a continuar el trabajo de varios poetas, sus palabras, pero lo he hecho de otra manera porque me ha tocado estar en otro tiempo; uno utiliza todos los registros del lenguaje y los registros visuales de su tiempo para decir lo que quiere decir, no solamente es hablar de las flores y de las rosas, también estaba la conciencia de la ética, yo quería decir cosas que no se decían, quería hablar de lo que se estaba tapado, lo que se estaba confiscando, y lo que se estaba confiscando era la vida y la palabra en Chile durante más de 40 años con la dictadura militar y hasta el día de hoy.

Hoy tenemos la dictadura del neoliberalismo, entonces son dictaduras ambas. Yo tenía una tía que me decía: “mijita, siempre hay que sospechar de todo, hay que ser sospechosa de las palabras que le entregan, de los objetos que le dan, pregunta de dónde viene, quiénes son”. Dentro de mi familia tengo puras mujeres y todas las mujeres estaban presentes y fueron grandes luchadoras. Yo de alguna manera tomé la posta (el relevo) y continúe corriendo, tomé la palabra.

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¿Sus estancias en Estados Unidos le dieron la distancia para mirar la realidad chilena desde otra perspectiva?

Es que la dictadura mataba la cultura, todos los medios de comunicación alternativos. Mi estancia en Estados Unidos, la primera por razones de estudio, y la segunda por autoexilio como una forma de escape, hicieron posible que tuviera otras lecturas, otras miradas también; salir al mundo le permite al escritor mirar otras cosas, leer otras cosas y tomar esa distancia que es muy importante para la palabra; la lectura fue la motivación más espectacular para mi trabajo literario, leí a muchos filósofos que obviamente te enseñan palabras para pensar.

¿Y el activismo le dio cercanía con la realidad?

Siempre he sido una poeta activista, organizando cosas, encuentros; como decía Spinoza: actuar, estar vivo; y claro yo hacía muchas cosas, hicimos un Congreso de literatura de mujeres en Chile en plena dictadura y hacerlo no fue menor, pensar el patriarcado en plena dictadura no es menor; ese Congreso fue interesante, toda mi vida fue de aprendizaje, de saltar esos obstáculos, pero luego tú te propones algo y la realidad de pronto te lo impide, el miedo te lo impide, vivir con mucho miedo te paraliza, tener miedo en la calle, tener miedo que te disparen. No sé cómo me salvé si iba a todas las marchas en los años 80 en adelante, iba desafiando cosas que no me parecían y que hoy me parecen inverosímiles, digo que tuve suerte, cualquier persona puede pensar que eso fue una osadía o una cosa tremenda organizar lecturas, activismos callejeros, rayar las paredes o salir a pegar panfletos o tirar panfletos en la calle, todo lo que significa el activismo político y cultural, pero nosotros éramos culturales; nunca perdí de vista que la poesía y el arte nos salva.

¿Sigue viviendo en la Plaza de la Dignidad donde están todas las protestas sociales?

Sigo viviendo ahí, ahí está mi departamento pero en estos momentos estoy viviendo un poco fuera porque tuve un accidente, los ojos se me llenaron de ese polvo mortal que es la bomba lacrimógena, lo recibí con mucha fuerza y me cerró los lagrimales, estuve muy delicada de la vista, todavía la tengo delicada y he estado en tratamiento todo este tiempo, por eso me vine a una hora de Santiago, pero tengo mi casa en Plaza Italia que me está esperando para volver en el momento preciso.

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¿Por eso la llaman la poeta de la zona cero?

Sí, algún amigo habló alguna vez de eso, de que yo soy la poeta de la zona cero, me gusta, suena bonito. En realidad creo en el arte y en la revolución como dice Lenin: “el arte es revolucionario”; creo en quienes dicen que un poeta tiene que escribir apegado al pueblo, tiene que escuchar el susurro del pueblo. Claro esas son lindas palabras, uno tiene que escuchar esos cantos y ver las protestas que están en la calle, que llegan a la Plaza Italia que ahora se llama Plaza de la Dignidad donde he vivido en la contingencia.

¿Y ese territorio no ha dejado de hacer una exploración del lenguaje?

Exactamente. Como alguien dijo: uno siempre debe escribir en un lenguaje desconocido para uno, como una lengua que no conoce, entonces yo me propuse, en la búsqueda de ese lenguaje, buscar las palabras precisas o las formas precisas o las formas que yo creía; siempre que escribo tengo que escribirlo pensando de qué manera voy a escribirlo, qué forma voy a usar para escribirlo aunque escriba lo mismo busco formas diversas.

Entonces está mi amor por la lengua y tenemos muchos niveles de lengua: el lenguaje coloquial, el lenguaje educado, el lenguaje de la calle; uno trabaja en diversos niveles de esas lenguas y esos diversos niveles yo los he planteado también en la escritura. De pronto me pongo chicana, de pronto me pongo callejera, de pronto hablo mejor; digamos que trabajo con el lenguaje, moldeo este órganon del lenguaje, de nuestra lengua que ha sufrido tanto, que ha sido mancillada muchas veces, esa lengua originaria de los pueblos mapuches, esa hermosa lengua quechua, estas lenguas extintas son muchas lenguas que habitan en uno. Esas varias lenguas yo las he tratado de modestamente de darle un curso, de trabajarlas como un río, como un aguacero que cae, como la lluvia. Me gusta, siento como un placer describir ciertas cosas y cómo escribirlas también.

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El libro

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Carmen Berenguer. Plaza tomada, (Poesía 1983-2020), es una antología que ha editado la Universidad Autónoma de Nuevo León. Foto: Cortesía Susana Hidalgo.

La poeta de la zona cero

Carmen Berenguer nació en Santiago de Chile, en 1946.

Es poeta, cronista y artista visual.

Recibió en 2008, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.

Es autora de Bobby Sands desfallece en el muro, Huellas de siglo, A media asta, Escribir en los bordes, Naciste pintada y Mi Lai, poemas más prosa, entre otros.

Ha sido editora de las revistas Hoja X Ojo y Al Margen.

Organizó en 1987, junto con otras escritoras, el Primer Congreso de Literatura Femenina.

Frase

"Toda mi vida fue de aprendizaje, de saltar obstáculos, pero luego te propones algo y la realidad de pronto te lo impide, el miedo te lo impide, vivir con mucho miedo te paraliza, tener miedo en la calle, tener miedo que te disparen”. Carmen Berenguer. Poeta.

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