El ganador del XI Concurso Nacional de Piano Angélica Morales-YAMAHA, llevado a cabo el pasado 11 de septiembre en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, fue Alexander Vivero Pulido, pianista de 17 años que se hizo del primer lugar con el Concierto en sol mayor, M. 83, de Maurice Ravel.
Una final que, en palabras de José María Serralde, coordinador nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), fue espectacular: “Un concurso de esta naturaleza, con esta importancia, es fundamental para el instituto porque hay una necesidad imperiosa de fortalecer el pequeño eslabón entre nuestra formación en los conservatorios, en las escuelas de música en este país, y la profesionalización, el universo profesional”, afirmó en entrevista.
El segundo y el tercer lugar lo obtuvieron, respectivamente, Ángel Gabriel López López, con la Rapsodia sobre un tema de Paganini, Op. 43, de Rajmáninov, y José Leonardo Miranda Zapata, con el Concierto en la menor, Op. 16, de Grieg. Roberto Beltrán-Zavala fue el director invitado. Además, Elías Manzo Hernández ganó en una categoría especial, “Mejor interpretación de una obra de José Rolón”, por los 150 años del nacimiento del compositor. Así como hubo un premio especial a la mejor ejecución de Bach, se dio un giro para otorgar un premio Rolón, explica Serralde.

El primer lugar consistió en una dotación de 100 mil pesos y un piano de cola GB1K PE, así como la participación solista del ganador en un programa de la Sinfónica Nacional (fecha por confirmar), un recital en la Sala Manuel M. Ponce y una presentación en el Festival Cultural de Zacatecas 2027.
“¿Qué se piensa, por ejemplo, de que hayan llegado a la final dos pianistas menores de edad?”, señala Serralde. “Esto es algo que, francamente, no era predecible, no lo esperábamos, no en menoscabo, digamos, del talento de estos intérpretes que son fantásticos; pero sí en el sentido de que no era la constante en las diez ediciones anteriores. Definitivamente, la edición once nos sorprende a los jurados, algo que platiqué también con nuestro cuerpo colegiado, es que en cada concurso se vio que el nivel pianístico de los intérpretes es cada vez mayor y las edades ya no deciden, digamos, la proficiencia de los intérpretes”.
Un colectivo de estudiantes de música de diversas instituciones escribió una carta de protesta por la selección de los finalistas del concurso organizado por el INBAL. Los autores, cuyos nombres se reservan por temor a represalias, señalaron que uno de los finalistas, al que identifican como José Leonardo “N”, tiene una “carencia musical” que “incluso personas no conocedoras del tema podrán percibir”. Los críticos dicen que, en su técnica, el seleccionado “mantiene los hombros rígidos y produce un sonido duro, poco flexible y carente de fraseo”.
También acusan que José Leonardo “N” y “otro participante de los seleccionados para tocar en la final”, que no dan su nombre y aseguran que su interpretación fue “entre las más pobres”, son alumnos de una de las integrantes del jurado, “Farizat N”. Y recuerdan que en la cláusula 12 del concurso se señala que si un concursante fuera alumno de un miembro del jurado no podrá participar.
El día de la final, además, se colocó una lona en la explanada de Bellas Artes en la que acusaban de fraude al concurso. “Nos censuraron quitando la lona”, afirman.
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