“Pandemia echó atrás 50 años de lucha feminista”: Mónica Mayer

Desde 1978 la artista ha presentado “El Tendedero”, pieza que documenta la violencia de género

"La pandemia desencadenó más violencia contra las mujeres": Mónica Mayer
Mónica Mayer, artista visual. Foto: CORTESÍA DE YURUÉN LERMA MAYER
Cultura 26/12/2020 02:30 Sonia Sierra Actualizada 10:00
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La pandemia por Covid-19 y la pobreza —una de sus más terribles consecuencias— está llevándonos de regreso al pasado en muchas de las conquistas ganadas por el feminismo y las mujeres. La pandemia trajo más violencias contra las mujeres en los hogares y una carga triple: laboral, de la casa, del cuidado de los hijos, enfermos y adultos mayores; todo en un contexto de mayor pobreza: “La pobreza a quien más le pega es a las mujeres. No tienes tiempo de salir a pelear por tus derechos si estás haciendo todo lo demás".

Ese panorama actual lo señala Mónica Mayer, una artista visual que constante y activamente, desde los años 70, ha desarrollado obras que evidencian el acoso sexual, el maltrato hacia la mujer desde lenguaje y en los reiterados, sutiles y acordados discursos familiares que han conducido al silenciamiento de nuestras voces.

Mónica es autora de la obra “El Tendedero” que ha llegado a calles, museos, escuelas, centros culturales de México, América Latina, Estados Unidos, Japón y muchos otros países. Una obra que da a las participantes la posibilidad de hablar de acoso, maltrato, violencia hasta feminicidios.

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¿Cómo creaste “El Tendedero”?

Es una pieza que siempre me ha enseñado y sorprendido. La hice por primera vez —y creí que iba a ser la única— en 1978 para una exposición que se llevó a cabo en el Museo de Arte Moderno, que se llamó “Salón 77-78 Nuevas Tendencias”; el tema era la ciudad. Yo estaba involucrada en el movimiento feminista, y planteé el tema que más me preocupaba entonces, por mi experiencia cotidiana, que era el de acoso sexual callejero en el transporte público. No era algo de lo que se hablara, no era algo de lo que hablara el movimiento feminista porque éramos muy poquitas y no daba tiempo: hablábamos de aborto y violación. Entonces hice una pieza de defensa personal, básicamente, y preguntaba: “Como mujer lo que más detesto de la ciudad es…” Y salí a buscar respuestas. Me decían, “la contaminación”, y les preguntaba: “¿No te choca que te agarren la nalga en el camión o en el Metro?” “Sí, también” … “Pues escríbelo”. En la sociedad no se hablaba del acoso porque estaba perfectamente naturalizado. Sorprendió mucho. Fueron muchas respuestas; al Museo llegaban las mujeres, bajaban las hojitas y escribían donde podían. Se leían con mucha atención. Se creaba conciencia a la hora de escribir y de leer. Fue fascinante.

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La pieza “El Tendedero” se ha presentado en países como Colombia y Argentina con gran éxito.

¿Cómo ha evolucionado esa pieza?

Ha cambiado muchísimo, especialmente en los últimos años. A partir de 2007 se empezó a rehacer, fue en una exposición de arte feminista en Estados Unidos; después, a partir de la insistencia de curadoras como Karen Cordero, en la Ibero, en 2009. Y ahí me di cuenta de que debía hacerse con el contexto de cada comunidad, cambiando las preguntas, de acuerdo a lo que pasa en cada comunidad.

“En el recrudecimiento de la violencia en el país, a las mujeres nos ha tocado muy mal, o peor, muchas veces la violencia nos toca en la calle y en otras en las casas. Los feminicidios son un escándalo”

 ¿Qué respuestas has encontrado?

Quizás la más dramática fue en octubre de 2019, en Cuernavaca, ahí la pegunta no fue “¿Te han acosado?” o “¿Cuándo fue la primera vez que te acosaron?” Fue: ¿Conoces a una mujer que hayan asesinado o desaparecido?” Y aunque no fue enorme, se llenó ese Tendedero. Es la que más me ha dolido. Me invitaron Larisa Escobedo y su hermana, Isadora, a hacerlo en el Centro Comunitario El Chocolate; hacía poco ahí cerca había habido un feminicidio, y fue una manera de hablar de esta temática con la comunidad. En Colombia, en 2015, preguntaron “¿Cuándo fue tu primer acoso?” Y yo misma me acordé de que a los ocho años un tipo en la calle me había manoseado… A pesar de tantos años en el feminismo, no me había dado cuenta de que ese era un problema tan común entre tantas mujeres. Leía en “El Tendedero”: “A los 6 años”, “A los 8 años”, “A los 12 años, iba sentada en el camión con mi hermanita y un tipo me empezó a meter la mano por atrás”.

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En Culiacán definieron otra pregunta: “¿Te han maltratado alguna vez por ser mujer?” Y una señora, por ejemplo, respondía que no; y luego se le decía: “¿Usted estudió?” “No”. “¿Tiene hermanos?” “Sí”. “¿Ellos estudiaron?” “Sí”. “¿Y por qué no estudió usted?” “Porque a mí me mandaron a trabajar para que mis hermanos estudiaran” … Da lugar a todo tipo de conversaciones. Generalmente también hay una pregunta de “¿Qué has hecho?” O “¿Qué harías?” contra el acoso, porque se trata de que no se quede sólo en la victimización.

¿Qué te muestra “El Tendedero” con respuestas tan diversas?

Que el acoso se da de muchas distintas maneras y que los grados de violencia son muy fuertes; han empeorado. La investigadora Mónica Benítez, de la UAM, ha tomado las respuestas a “El Tendedero”, establecido comparativos entre ciudades y formado nubes de palabras: en México la palabra que más sale es miedo; en Buenos Aires fue vergüenza…

"Hay otras violencias sordas de todos los días en el transporte público y otras son las más sutiles, que están naturalizadas, violencias que nos apachurran como seres humanos”

“El Tendedero” en ningún lugar se ha quedado vacío; se llena inmediatamente. En Japón, que teníamos miedo de que la gente no fuera a contestar, se llenó en tres días. En Estados Unidos, que yo pensaría que ya resolvieron el acoso —porque uno tiene el prejuicio de que el latino es más machista—, se llenó luego, luego.

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¿Cuántas veces se ha puesto?

Yo he participado —poniéndola o asesorando— alrededor de 45 veces, pero por su cuenta, se han realizado otras tantas. Porque se han creado los tendederos de denuncia, como herramienta política, eso es muy interesante, tiene que ver con el #MeToo, como un analógico, porque denuncias directamente; como el escrache argentino. “El Tendedero” se ha usado mucho desde el activismo y la denuncia, y en contextos escolares.

¿Estas violencias existían antes?, ¿son de ahora?

Hay un cuadro de Frida Kahlo, “Unos cuantos piquetitos”, que es sobre una nota en el periódico de un feminicidio; creo que feminicidios ha habido siempre, y los hemos denunciado las artistas. Y sí, por un lado, sí se habla más de la violencia hoy, pero por otro lado sí se ha recrudecido más. En el recrudecimiento de la violencia en el país, a las mujeres nos ha tocado muy mal, o peor, porque muchas veces la violencia nos toca en la calle y en otras en las casas. ¡Once feminicidios diarios en este país es verdaderamente escandaloso!

"Las respuestas enérgicas de las jóvenes a mí me encantan, personalmente no me gustaría que se tuvieran que pintar los monumentos, pero no les voy a decir no"

“El Tendedero” refleja la necesidad de espacios para hablar de la violencia…

Nos habla de la necesidad de hablar para denunciar y para sentirnos acompañadas. En Chihuahua fui a dar un taller a la Universidad Autónoma, y proponía que se contara la historia como tal, y a las tres semanas las estudiantes ponían “El Tendedero de denuncia”. Hay este paso que es muy necesario: lo primero, para acabar con la violencia, es que nos demos cuenta de que se está ejerciendo esa violencia contra nosotras, y que la denunciemos, porque nadie lo va a adivinar. Primero es sentirnos acompañadas y, entonces, poder pasar a la acción y a denunciar.

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¿Cómo te parece la acción de las jóvenes hoy, sus respuestas enérgicas?

A mí me encantan, personalmente no me gustaría que se tuvieran que pintar los monumentos, pero no les voy a decir “NO”. Llevamos 40 años hablando de lo mismo y no nos han hecho caso. Nada ha cambiado y las instituciones, a menos que haya una presión muy grande, se hacen pato. Cuando pusimos El Tendedero en el MUAC, las mamás de estudiantes de Prepa nos decían que un maestro acosaba a sus hijas, que lo denunciaban y que no les hacían caso; vas a Psicología de la UNAM y los baños tienen botones de pánico... esa ha sido la respuesta de la UNAM; no una respuesta pedagógica con talleres y con reflexión. Yo entiendo que tomen las facultades porque no les han hecho caso. Creo que esta generación de jovencitas logró cambiar las narrativas con las pintas de monumentos, y con las redes sociales.

¿Crees que hemos dejado atrás el lenguaje violento contra la mujer?

No, para nada. Yo no creo que haya cambiado, ni el que es abiertamente agresivo ni el más sutil; en los medios de comunicación se siguen repitiendo los patrones o estereotipos. El proceso es lento en todo el mundo, y con fuertes retrocesos. No creo que hayamos hecho tanta mella, todavía.

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En la CDMX ¿qué ha pasado con “El Tendedero”?

Lo que te diría de cuando salgo a la calle es que, de pronto, se acerca una mujer, dice que no tiene información de dónde atienden violencia doméstica. Son muchas las violencias que sufren las mujeres. Hay que ir definiendo que son muchas y muy diferentes esas violencias; que una cosa es la violación, otra es violencia doméstica, otras son las violencias sordas de todos los días en el transporte público y otras son las más sutiles, que están naturalizadas, violencias que nos apachurran como seres humanos a las mujeres, desde muy chiquitas, de ahí que luego no nos atrevamos a defendernos o a defender a una compañera o a pedir un trabajo o una beca porque no cumplimos los requisitos o porque no somos lo suficiente buenas. ¿Cómo nos quitamos esas violencias de toda la vida, introyectadas, de “no somos lo suficientemente buenas” o de “es peligroso que salgamos”? Son mensajes, telarañas, que traemos muchas, metidos en lo más profundo, y que es muy difícil quitarse.

¿Hemos conseguido romper con el “quedarnos calladas”?

Creo que sí. Por muchas maneras y acciones, como los hashtags, las manifestaciones… Pero esto es lento. Desde lo que me acuerdo a lo que veo hoy, los cambios son impresionantes en el feminismo y sus aportaciones y organizaciones y generaciones, pero todavía faltan muchos cambios en la sociedad.

La pandemia llevó a más violencias contra la mujer…

Es terrible. “El Tendedero” se hizo en Colombia nuevamente —de forma virtual— en el Museo de Antioquia, y plantearon una pregunta sobre la violencia en la casa, en la calle y en las redes sociales en este contexto, y mostró cómo han aumentado las violencias contra las estudiantes, a través del teléfono, y que la violencia doméstica se ha recrudecido por el encierro. La pandemia va a hacer que se incremente la pobreza, y siempre las más pobres son las mujeres; la carga económica recae sobre las mujeres, la carga de los cuidados ha estado sobre ellas y va a seguir estando; en la mayoría de las familias, la jefa de familia es una mujer sola. En términos de lo que se había avanzado, en cuestiones feministas, nos va a echar para atrás, por lo menos, 50 años. No tienes tiempo de salir a pelear por tus derechos si tienes que estar haciendo todas esas otras cosas.

¿Quién es Mónica Mayer?

Trayectoria. Es considerada pionera del performance y la gráfica digital en México, y precursora del arte feminista en América Latina.

Formación. Nació en la Ciudad de México en 1954. Estudió artes visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y obtuvo una maestría en sociología del arte en Goddard College.

Obras. La también curadora y conferencista fundó, con Víctor Lerma Pinto mi Raya, un proyecto de arte conceptual, en donde se ha desarrollado.

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