“No escribí pensando en ganar el Nobel”: Abdulrazak Gurnah

En la Feria Internacional del Libro de Sharjah, su primer evento público tras haber sido premiado, Abdulrazak Gurnah habló de cómo se hizo escritor y de por qué no se define como refugiado

“No escribí pensando en ganar el Nobel”: Abdulrazak Gurnah
Ayer se inauguró la 40ª edición de la Feria Internacional del Libro de Sharjah (SIBF), el evento literario más importante de Medio Oriente. Fotos: Frida Juárez/ EL UNIVERSAL.
Cultura 04/11/2021 00:36 Frida Juárez Actualizada 17:09
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Sharjah, EAU.-  Este miércoles se inauguró la 40ª edición de la Feria Internacional del Libro de Sharjah (SIBF, por sus siglas en inglés), en los Emiratos Árabes Unidos y su primera jornada tuvo como protagonista al ganador del Premio Nobel de Literatura 2021, Abdulrazak Gurnah (Zanzibar, 1948). Su presentación fue el primer evento público en el que participó desde que se le otorgó el galardón el mes pasado.

Para la industria editorial, la victoria de Gurnah fue una sorpresa: no estaba en la lista de eternos candidatos ni en la de autores africanos que figuraban en las apuestas. El ganador del Nobel es, paradójicamente, conocido por ser de bajo perfil en occidente, pero ¿y en África y Medio Oriente? Parece que tampoco es “profeta en su propia tierra”. En el evento literario más importante de Medio Oriente y con numerosas editoriales africanas presentes, sus libros no son fáciles de encontrar. En un ejercicio de búsqueda, en una sala de las seis de la Feria del Libro, dentro la cual se encuentra más de una treintena de editoriales exhibiendo su inventario, en sólo dos stands se pudo encontrar la obra de Gurnah y, de esos dos puestos, sólo uno tenía variedad de novelas del escritor zanzibarí. La industria editorial no estaba preparada para su triunfo.

“Debí haber comprado antes, pero ya era demasiado tarde, no iba a llegar el paquete a tiempo”, se lamentó un vendedor al preguntar por el libro, otro cuestionó si Gurnah era un autor islámico, mientras que otro empleado afirmó que sí habían estado preguntando por el libro, pero desconocía que el autor fuera a estar presente en la SIBF.

Aunque era la estrella del programa, no hubo revuelo por entrar al auditorio donde se llevó a cabo su charla; sí se llenaron los asientos, pero el espacio nunca se vio atiborrado.  Durante su presentación, el propio escritor hizo ver que él no esperaba ser el Premio Nobel. Aseguró que no sabe en sí qué es lo que significa para él haber ganado este reconocimiento y que, justo después de comprender que no se trataba de una broma, cuando le dieron la noticia no pudo evitar preguntarse: “¿y ahora qué sigue?”.

“Claro que es maravilloso ser reconocido con un premio. Pero lo que sigue justo después de esto es que la gente quiere escuchar lo que dices, sobre todo los periodistas y quieren tomarse fotos contigo. La mejor parte es ver toda la felicidad que ha provocado en muchas personas; lo digo por la cantidad de correos electrónicos y llamadas que he recibido no sólo de gente que conozco, sino también de desconocidos que celebran”, dijo este miércoles por la noche el escritor.

A una  pregunta de si el Nobel impulsará la literatura africana, el galardonado dijo  no creer que se trate de escasez de escritores africanos y añadió que todo depende de cómo se ve desde donde uno esté parado.

“No sé cómo la Academia Suiza hace sus negocios (...) por eso cuando me dieron el anuncio dije: ‘esto es una broma’ (...) Hay candidatos que figuran todos los años y que también lo merecen”.

Para Gurnah, la humildad es un concepto que el escritor debe tener muy en claro. Explicó que uno no puede iniciarse en la escritura con el objetivo de tener impacto en la vida de las personas, porque eso es una cuestión que al final decide el lector, no el autor. Ante los elogios por su escritura, el Nobel respondió que escribe “lo mejor que puede” para lograr las imágenes que desea alcanzar con la mayor veracidad posible, entendiendo como veracidad no lo opuesto de la falsedad, sino el poder plasmar las sensaciones de la forma más genuina posible. Lograr esta hazaña vuelve a un texto “bello”.

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Cuando se le preguntó de dónde surgieron las ideas que hicieron posible que publicara 10 novelas en 34 años,  respondió que “del aire”, como si fuera una respuesta obvia. Y no fue que se tratara de soberbia, sino que el propio autor dejó ver que el proceso de escritura de un Nobel no es algo tan idealista como lo imaginamos: “Sólo me siento en mi escritorio”, afirmó entre risas, “a veces hago notas, pero después las pierdo”.

Abdulrazak Gurnah relató que nunca se propuso ser escritor, sino que fue algo que se dio por inercia: “Hubo un punto en el que dije ‘¿qué es esto?’. Nunca escribí para el Nobel”. Añadió: “Creo que la escritura es una actividad muy particular. Sé que siempre he disfrutado escribir, lo que sea. Pero cuando dicen ‘escribir’, e involucra a un escritor, se trata de una actividad  que requiere una idea, requiere elaboración, trabajo y organización… Eso no es lo que hacía, yo sólo escribía, pero en un punto, luego de pensarlo, dije: ‘¿qué pasa si lo hago?’ y así fue como comencé a escribir. Pero me llevó tiempo”.

Y así, la acumulación de sus experiencias y pensamientos como migrante encontró desahogo en la escritura. Esa vivencia le ganó la etiqueta de “refugiado” en los medios de comunicación, sin embargo Gurnah la rechaza y, durante la conferencia, explicó por qué le incomoda que lo llamen de esa forma:

“Refugiado es alguien que sufre de alguna situación política. Así que el ser llamado refugiado cuando llegué (a Reino Unido) saludable, me parecía hacer un melodrama, exagerar lo que me había pasado (...). Decir que eres un refugiado es decir que tomas una postura de rechazo ante una situación política en particular. Ciertamente, cuando tenía 18 años no emigré por una cuestión de vida o muerte, fue por un asunto de querer superarme, de tener 18 años y ver que la posibilidad de seguir estudiando se reducía. Fue a esa edad que dije: ‘ok, me voy de aquí’”.

Abdulrazak contó  que el haber vivido en Canterbury hizo que fuera imposible vivir un “impacto multicultural” como inmigrante porque en ese lugar no había multiculturalidad cuando llegó. Sin embargo, reconoció que la comunidad política, que se creó en Reino Unido a partir de los múltiples movimientos anticoloniales, le dio la “sensación de ser parte de ese sentimiento de resistencia”.

Expresó que le parece que las autoridades europeas tienden a tener una respuesta paranoica hacia los inmigrantes y las crisis migratorias se dan de forma constante cada cierto tiempo y que la respuesta de las autoridades es la misma.
Añadió que luego la prensa “orquesta todo para asegurarse que la hostilidad continúe” no con el objetivo de atacar a los inmigrantes, sino por crear reacciones. Agregó que este fenómeno se ve compensado con la escritura de ficción. Explicó que la hostilidad suele causar silencio y que la gente calla ante ese trato porque no tiene conocimiento debido a que escuchan una sola voz todo el tiempo_ la voz de la prensa. “Aquí es donde la ficción puede cerrar ese sesgo”.

El también profesor, retirado, de la Universidad de Kent reflexionó sobre lo puede hacer uno como individuo ante la hostilidad: “Entender para poder apreciar y tener una respuesta humana y no ser persuadidos por esto que describí como una orquestación de reacción hostil, entre más sea sí, es mayormente posible que uno puede hacer para superar estas posturas”.

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Gurnah tardó 12 años en publicar su primera novela. “Fue porque estaba aprendiendo y también hacía otras cosas estudiaba, hacía mi doctorado y trabajaba”. Fue tan larga la espera que el ahora Nobel consideró en rendirse y no publicar su primera novela.

“En Reino Unido si no tienes agencia, tienes que mandar tú mismo tu borrador y se amontonará en una pila de borradores no deseados, que a alguna persona de bajo rango le pondrán a revisar y le llevará tiempo y hasta tres meses después te dirán ‘gracias, pero no es lo que queremos’. Entonces, regresarás a tu texto cuando tengas tiempo, lo trabajarás de nuevo, a esto me refiero con que estaba aprendiendo a escribir. Te armarás nuevamente de valor y se lo ofrecerás a otra editorial (...). Casi me rindo, pero luego se lo mandé a Jonathan Cape y en un acto de indiferencia dije: ‘si ellos lo rechazan, esta es la última vez que lo intento’, pero dijeron que sí”.

Al concluir, el Nobel aseguró que él nunca habla sobre su futuros proyectos literarios.

Después de la discreción que rodeó la presencia del Nobel, el alboroto llegó al final, cuando se anunció que el Nobel firmaría ejemplares. La euforia hizo que los asistentes olvidaran la sana distancia, el amontonamiento puso nerviosos a los organizadores y dejó en claro que el acto de meterse en la fila -con sus variantes como la señora que usa a su niña para adelantarse, los que meten a sus amigos o los VIP que cuelan su libro bajita la mano- no es exclusivo de México.

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