Manual de Comunicación para enfrentar a un periodista cultural: ¡llévelo, llévelo!
Los nuevos tiempos demandan formas nuevas de comunicar, y para no cejar en ese propósito qué mejor que un rejuvenecido manual de comunicación que le deje claro a todos los funcionarios cómo comunicar, no engancharse, no caer en trampas como son los silencios incómodos, las interrupciones y “la figura del periodista como juez”. Textuales figuran estas palabras en un Manual de Comunicación que hace algunos días comenzó a circular y que se atribuye a la Dirección de Comunicación Social y Vocería de la Secretaría de Cultura. El documento demanda a los funcionarios ser siempre institucionales y, antes de acceder a una entrevista, preguntarse cosas como “¿existe algún riesgo si doy esta entrevista?”, “¿quiero dar esa nota?” y una amplia lista de instrucciones por el estilo donde el entrevistado tendrá que ponerse a analizar si el entrevistador le hace preguntas que lo incitan a la especulación. Ah, y da también alternativas para salir del paso: “Se vale decir ‘no lo sé’, pero hay que ofrecer una opción”. ¿Será cierto que viene de Comunicación Social de la Secretaría de Cultura? Por lo pronto, en las redes sociales se comenta su contenido, además, el material fue enviado a varios medios de comunicación a través de diversas cuentas de correo; en esos mensajes se justificaba la filtración por una preocupación por la libertad de expresión y porque el documento no sólo no ayuda a mejorar la comunicación, la entorpece más. ¿Hay focos rojos en Comunicación Social de la Secretaría de Cultura?, ¿alguien busca dinamitar el área?, ¿se hablará de “mafias” para justificar la existencia de problemas? Apócrifo o no, sorprende que en todo caso en la misma Secretaría de Cultura no siguen su propio Manual.
En la FIL Minería aplican el “No veo, no escucho, no hablo”

Pues nomás no cuadran los números de asistencia a la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería ni tampoco le cuadra a su director, Fernando Macotela, la realidad de que hay un decremento en las ventas y en el número de asistentes al encuentro librero en los últimos años. A decir del comité organizador, la edición 40 de esta feria que concluyó el pasado lunes reunió a 144 mil 680 asistentes, que no son pocos pero sí son 4 mil menos que en 2018 y 6 mil menos que en 2017. Nos cuentan que Macotela, quien ha dirigido la feria desde hace 20 años, no acepta que hay un impacto negativo de visitantes e incluso ahora dice que antes buscaban razones: que “si el juego de los Pumas, que si la ceremonia del Óscar, que si las lluvias”, pero ahora ya no se queman las neuronas queriendo entender. También nos cuentan que quienes sí ven la merma en las ventas y la baja asistencia son los libreros, editores y vendedores, a quienes no les cuadran lo invertido en la compra del stand con las ventas.