“Los libros, termómetro de nuestras libertades”: Irene Vallejo

La autora de El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo, bestseller durante la pandemia, comparte la historia de los libros como si fuera una aventura. La destrucción de libros, dice, hoy amedrenta al pensamiento y la civilización

Los libros, termómetro de nuestras libertades: Irene Vallejo
En la foto: Irene Vallejo. Filóloga española. Foto: cortesía Jorge Fuembuena

En medio de la pandemia por el Covid-19, donde los libros se convirtieron en artefactos de salvación para sobrevivir al confinamiento, un libro sobre libros se convirtió en bestseller y propició una aventura que su autora ha sabido sobrellevar, pero que aún no entiende. ¿Por qué un ensayo literario de 450 páginas que cuenta la invención de los libros en el mundo antiguo ha vendido más de 150 mil ejemplares y en unos meses lleva más de 20 ediciones, pero además ha sido leído y celebrado por muchos escritores, entre ellos Mario Vargas Llosa, Alberto Manguel, Juan José Millás y Luis Landero?

La respuesta parece sencilla y al tiempo sorprendente: Irene Vallejo, la filóloga española y autora de El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo, publicado por Siruela, logró hacer el relato del libro como una historia de aventuras relatada por una Sherezada que cuenta la pasión por los libros en los palacios de Cleopatra, el conocimiento reunido en la Villa de los Papiros, las expediciones de un singular ejército de Alejandro Magno que recorrió el mundo buscando libros para fundar la mítica biblioteca de Alejandría.

Pero también relata los varios episodios de destrucción de libros como una forma de matar la libertad y arrasar con las civilizaciones. Ahí están las destrucciones de la biblioteca de Alejandría, la mutilación y destrucción de los códices en México con la llegada de los españoles, la quema de libros por los nazis, la destrucción de libros en Irak, el ataque a la biblioteca de Sarajevo, una imagen que impactó y fascinó a Irene Vallejo desde niña y que la decidió a dedicar años a la recolección de historias para contar la invención y la historia de los libros. 

¿Cuándo nacieron los libros y dónde está la cuna de ese artefacto de la civilización?, ¿por qué hay libros que han sido quemados con ira y otros muchos que han sido copiados con pasión?, ¿qué se perdió en el camino de está larga historia y qué se ha salvado? Esas preguntas detonaron este libro que corre como un ensayo de aventuras, texto de viajes, reconstrucción histórica, memorias en primera persona, crónica periodística, aventura épica, relato lírico, episodios cargados de tragedia, pasión, amor, humor y desventuras.

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¿La clave fue convertir la investigación y erudición sobre la historia del libro en un relato cargado de aventuras?

Sí, es un intento de crear lo que el escritor Luis Landero llamó el ensayo de aventuras, y es precisamente el esfuerzo para que después de leer El infinito en un junco dejemos de mirar los libros como objetos cotidianos y rutinarios y podamos entrever en ellos búsquedas, ensayos, intentos de viajes, esfuerzos por copiar y crear nuevas versiones manuscritas de las obras, toda una infinidad de luchas por ocultar libros prohibidos incluso a riesgo de la propia vida. Son todas esas historias que laten detrás de un objeto que hoy nos parece un mero vehículo y a veces aburrido. En mi literatura siempre me importa mucho el cuerpo de los personajes y creo que los libros son el cuerpo de las palabras con su carne y que de esa carne depende la supervivencia de las obras.

¿Tu historia nos cuenta que esos personajes han sido grandes sobrevivientes?

El hecho es ese, que son objetos supervivientes y eso me parece muy importante ahora que nosotros mismos nos sentimos un poco náufragos en este mundo de la pandemia; contemplar a los libros como compañeros supervivientes de situaciones tan duras, que siempre han estado a nuestro lado, que se han refugiado en los momentos duros, que se multiplican en los momentos de efervescencia cultural y de prosperidad, pero en todo caso siempre permanecen a nuestro lado con las páginas abiertas.

¿Los libros han vivido miles de aventuras y no de todas han salido tan triunfantes, ha habido periodos de grandes destrucciones?

Yo siempre digo que los libros son un termómetro de nuestras libertades. En la medida en que los libros circulan sin obstáculos, sin prohibiciones, sin ataques, sin hostilidad pues estamos ejerciendo el uso de la palabra sin limitaciones; en la medida en que los libros se vigilan, se censuran y viven situaciones peligrosas, son un ataque a la libertad. Siempre que se queman libros o se destruyen bibliotecas o se persiguen a los escritores, es una forma de amedrentar a las personas y amedrentar el pensamiento y la libertad. Los perseguidores tienen muy pocas posibilidades de desaparecer los libros porque se distribuyen y hay muchas formas de eludir los controles. pero los perseguidores de los libros sí consiguen asustar a las voces que tendrían que hablar con libertad porque la amenaza implícita es que allí donde se ataca los libros se atacará también a las personas, a los escritores, a los libreros, a los distribuidores, a todas las personas involucradas en la circulación de los libros.

¿En tiempos de fanatismos e intolerancia siempre se ataca la cultura y dentro de la cultura, a los libros?

Indudablemente hay un simbolismo enorme en el ataque a los libros, en la agresión, en la quema, en la destrucción de libros y siempre es la antesala de una limitación de la libertad de expresión, es una advertencia, y por eso creo que es importante destacar que los libros son un termómetro de nuestras libertades en la medida en que los libros circulan sin obstáculos y sin prohibiciones.

Resulta curioso comprobar cómo desde la época más antigua, ya desde Roma, tenemos testimonios de libreros que han sido castigados por vender libros prohibidos y cómo esta persecución ha continuado a lo largo del tiempo, está el caso reciente de Salman Rushdie, de persecución a los traductores, a los libreros, a los editores, a todos los que de alguna manera apoyaba ese libro que se consideraba maldito; es decir, la amenaza continúa siempre porque la palabra está relacionada indisolublemente con nuestra libertad de conciencia y allí es donde se ataca siempre en primer lugar, al discurso y al libro, que es al final el que garantiza la supervivencia del pensamiento y la civilización.

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¿Las tragedias de destrucción de libros también son parte de la aventura?

Yo recuerdo la fotografía de Gervasio Sánchez que hizo de la biblioteca de Sarajevo, la destrucción deliberada de una biblioteca como parte del genocidio. Destruir la cultura es una forma de destruir la memoria del paso por el mundo de un pueblo, de un mundo, de una cultura, de una lengua, de un idioma. Me impactó revivir algo que parecía asociado al pasado, a las hogueras de libros de la Inquisición, la quema de los libros de los nazis, la quema de los libros en América con la invasión de España; es decir, han sido muchos momentos históricos de destrucciones sucesivas de los libros. 

En Granada se destruyeron muchos libros musulmanes también durante la conquista, es decir, tenemos muchos momentos en la historia asociados a esa imagen de la destrucción de los libros pero siempre me parecía que habían quedado atrás y que quizás con esa audacia de pensar que progresamos y que dejamos atrás la barbarie pensábamos que ya pertenecían a otro tiempo, y sin embargo no, es algo que sigue sucediendo, volvió a suceder en Irak, se destruyen libros, se roban, saquean bibliotecas, desaparecen museos, es decir, nuestro legado es frágil y está permanentemente amenazado.

¿La foto de la biblioteca de Sarajevo dices que te reveló el deseo de recuperar la historia? 

Yo digo que sí, que tuve esa revelación cuando vi aquella fotografía de la biblioteca de Sarajevo y entendí que esta historia, la historia de la transmisión de los libros, no es una historia del pasado si no es una aventura que sigue en marcha, todavía nosotros somos los protagonistas de este esfuerzo por salvar aquello que es valioso y que merece la pena volver a contarse y recordarse, no permitir que nos borren aquello que fue escrito y aquello que dejó huella, que no nos amputen partes de la historia, que no caigan en el olvido culturas que han existido y que no se merme nuestra riqueza. 

¿En la historia de los libros parece no estar contada la participación de las mujeres?

Durante todos mis estudios percibía un paisaje exclusivamente masculino y siempre me preguntaba dónde estaban las mujeres. Y esa relación particular de las mujeres con la palabra muchas veces condenada a no perdurar porque las mujeres no acceden a la educación, los resortes académicos, el mundo literario, los premios, el reconocimiento, el canon, quería destacarla o encontrar un poco la huella de ese otro cauce de creación y memoria que es la oralidad que tantas veces ha alimentado el cauce de la literatura escrita.

Quería intentar adentrarme, por difícil que pueda parecer, en ese otro mundo en penumbra que es el de la oralidad, reivindicándolo, porque aunque El infinito en un junco es un canto a los libros escritos, me importa mucho también valorar la oralidad y lo importante que ha sido a lo largo del tiempo la aportación y talento de personas que han sido analfabetas, pero que han mantenido vivas las tradiciones, los recuerdos y los poemas, un legado quizá oculto o perdido. 

¿Quién es irene vallejo?

Nació en Zaragoza, España, en 1979.

Estudió Filología Clásica y es divulgadora del mundo clásico.

Es autora de las novelas: La luz sepultada y El silbido del arquero.

El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo ha obtenido varios premios, como el Nacional de Ensayo 2020 y El Ojo Crítico de Narrativa.

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450 PÁGINAS integran El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo” (Siruela), que ha vendido más de 150 mil ejemplares y lleva más de 20 ediciones.

Frases

"Los libros son compañeros supervivientes, siempre han estado a nuestro lado... en todo caso siempre permanecen a nuestro lado con las páginas abiertas”.

"La destrucción de libros pensamos que era algo del pasado, pero sigue sucediendo... Nuestro legado es frágil y está permanentemente amenazado”.

 

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