“Los hombres deben romper pactos de complicidad de la violencia": Leonardo Olivos

El investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades dice que el Estado debe mitigar la situación, pues el sistema incentiva la desigualdad en la que los varones se escudan para crear códigos y grupos donde hay formas de violencia

“Los hombres deben romper pactos de complicidad de la violencia": Leonardo Olivos
Leonardo Olivos, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. Foto: GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL
Cultura 31/12/2020 02:30 Antonio Díaz Actualizada 09:34
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“Lamentablemente, México es el país del feminicidio”, señala Leonardo Olivos, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), y para atender el problema, asegura, deben de participar hombres y mujeres, pero también el Estado a partir de “una reforma profunda para la procuración de justicia”.
 
El doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM explica en entrevista que el problema de la violencia contra la mujer en México no es nuevo, pero actualmente se evidencia a partir de las manifestaciones, y hace un llamado para cambiar la educación y los pactos entre hombres para mitigar esta situación.
 
“La violencia de género se vivía como algo vergonzoso que tenía que ser protegido por la secrecía y por la privacidad de los eventos, hoy muchas mujeres lo enuncian y lo denuncian. Ahora vemos aumento (en las estadísticas sobre violencia de género), algo que obedece no sólo al incremento real sino a la posibilidad de poder nombrar esas acciones. El aumento refleja también una aculturación feminista en muchas mujeres, que quizá no se reconozcan como feministas pero que de alguna manera han incorporado la idea de que la violencia contra ellas no es natural, legítima ni justificable, y por lo tanto se atreven a denunciarla”, sostiene el investigador.

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¿En nuestro país se tiene plena consciencia de la magnitud de la violencia contra la mujer?

En el debate público, en movilizaciones e incluso en momentos de pandemia, hemos atestiguado cómo este es un tema que ya saltó a la discusión pública. Por diversos motivos se habla de esto en medios, algo que convoca a la reflexión. Ya dejó de ser una vergüenza en privado, para ser un tema que exige que el Estado mexicano tome cartas en el asunto, que no es asunto que se dirima entre particulares, sino que compete en tanto que el Estado salvaguarda la integridad y seguridad de su ciudadanía.
 
¿Qué opina de las acciones del Estado?

Al enfrentar la procuración de justicia se observa cómo la expresión del Estado se visibiliza en toda su incompetencia, falta de capacitación al personal y la infraestructura, porque los Ministerios Públicos son lugares lúgubres, donde el mobiliario es lo peor, está sucio y eso obedece a la falta de una reforma profunda e integral en la procuración de justicia. Hay reformas, instancias, leyes, pero todavía hay una falta, porque estamos en una época donde los recursos económicos de las agencias estatales están muy menguados y todo esto requiere de financiamientos. Hay cierto gatopardismo de que asumen cambios para no cambiar. Todavía  hay una rémora de pensamiento y de acción patriarcal que sigue prevalente en el Estado.

Por otra parte, hay otras instancias del Estado que no han estado a la altura de la demanda, como los sistemas educativos, donde en los distintos niveles es un gran formador de la dicotomía de género. Todo el sistema educativo procura e incentiva que la diferencia entre hombres y mujeres se marque desde la desigualdad.
 
El Presidente ha dicho que defiende los derechos de las mujeres, ¿son congruentes los dichos y los hechos del actual gobierno?

Andrés Manuel y la 4T, con todas sus contradicciones, entró a un Estado despedazado. Si no se parte de ese primer punto, no se entienden ni los límites ni los logros de un gobierno.

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No es menor el daño tan brutal que los últimos gobiernos le hicieron al Estado y a la sociedad mexicana. La 4T tiene contradicciones internas, creo que hay fuerzas que jalan en lados opuestas, y el tema de las mujeres no ha sido el más fuerte, ni de Andrés Manuel ni de muchas de las gestiones que se han hecho.
 
Cada vez que veo al Presidente, me llama la atención que le cuesta trabajo decir ‘los hombres y las mujeres’, porque es un hombre producido y que produce una cultura muy androcéntrica, pero también creo que hay grandes esfuerzos por hacer con lo poco cosas importantes. Precisaremos en algunos años qué fue lo que hicieron bien y lo que hicieron mal. Sigo pensando que hay un esfuerzo genuino contra los propios imaginarios que pueblan en los actores de la 4T.
 
¿Cuál es la situación actual de la violencia de género en México en comparación con el mundo?

Lamentablemente, México es el país del feminicidio, la expresión extrema de la violencia contra las mujeres. Tenemos una bola de elementos que ahí se articulan, como una sociedad muy violentada y la violencia contra las mujeres no puede pensarse de forma aislada de la violencia generada por los propios hombres.
 
Hay una situación de violencia tan extendida en la sociedad mexicana por problemas del Estado, porque estamos en un lugar con muchas circunstancias estructurales, políticas y económicas.
 
Recientemente hemos visto manifestaciones como “el 9 nadie se mueve” y las mujeres han tomado las calles…

Y eso seguirá. Las manifestaciones que han pasado sí sacudieron la realidad. Fue muy impactante una ciudad sin mujeres, un hecho visible que nos puso a pensar en esta situación que no podemos ya evadir.

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Al mismo tiempo hay argumentos de que los hombres también son violentados.

Los hombres también somos violentados y vivimos violencia, pero es preciso entender que esa violencia proviene de otros hombres. Desmontar la violencia nos incumbe porque vivimos en un ambiente de mucha hostilidad entre los hombres, no por deslegitimar a las mujeres, sino para apuntalar la idea de que la violencia debe parar.
 
Sin embargo, ¿qué sucede entre los hombres con respecto a la violencia de género?

A los hombres nos compete un gran desafío que pone el dedo en la llaga en términos de reconocer que los hombres generamos prácticamente la totalidad de los eventos de violencia.
 
Es un tema que nos convocaría de manera colectiva e individual para reflexionar de manera urgente y profunda. El asunto es que esto llevaría a pensar en los mecanismos que nos hacen ser hombres, es decir, la violencia no es una especie de aditamento, sino que la violencia forma parte de estos mecanismos que conforman las maneras de ser hombre hoy en día, desde las formas más inocuas de violencia.
 
Además existen pactos entre hombres donde hay silencio y complicidad, pero que es necesario romper, que no te generen la mínima simpatía los comentarios misóginos, que no te alíes con el silencio cuando pasa una chica y las miradas violatorias del resto la descuartizan. No formar parte de esos grupos es un reto que nos toca a nosotros los hombres. Sin embargo, es complicado porque no ser parte de este grupo significa quedarte en la zona de lo femenino, y es algo que sigue siendo acuñado como algo que estigmatiza a los hombres.

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¿Por qué cree que sería complicado desmantelar todo este aparato?

El pensamiento feminista ha estudiado cómo el patriarcado, en términos teóricos, no tiene un epicentro, se resuelve en los pactos que hacemos entre los hombres y el pacto de la lealtad, porque es ahí donde se juega tu pertenencia a ese grupo, que además hemos aprendido desde la escuela.
 
En la escuela se viven batallas campales, formas donde se reedita una manera muy masculina de estar en el mundo. La escuela es una construcción física donde las canchas ocupan un lugar central, son ocupadas por los hombres, mientras que las mujeres están en los márgenes de estos espacios.

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Es complicado pensar en un desmantelamiento también porque está en toda la cultura, todas las expresiones que nos han alimentado están llenas de eso. ¿Cómo aprendemos la historia de la humanidad? Siempre son eventos bélicos, siempre es la muerte la que de alguna manera produce los hitos que una sociedad merece rememorar.

Los hombres tenemos que buscar formas donde la violencia deje de ser este manto legitimador de nuestra existencia. Habría que desmantelar la historia y la cultura construida a partir de la violencia.