"Lenguaje igualitario, sí; lenguaje inclusivo, no": RAE

La institución, dice el jurista, apoya una lengua igualitaria, pero no el lenguaje inclusivo que vulnera la gramática del español; no tienen porvenir si sólo pretende cambiar el modo de hablar, afirma

"Lenguaje igualitario, sí; lenguaje inclusivo, no": RAE
Foto: Luis Méndez/ EL UNIVERSAL

Madrid. —El director de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), Santiago Muñoz Machado, admite que la institución está a favor de una lengua igualitaria, pero no del lenguaje inclusivo que vulnera y violenta las reglas de la gramática.

“En la medida en que ese tipo de fórmulas (inclusivas) sirven para llamar la atención sobre la desigualdad de la mujer, me parece justo aplaudirlas. Pero si son para culpar al español, tengo que decir que el idioma no tiene nada que ver con la discriminación. Si se hacen con pretensiones de continuidad o de cambiar el modo de hablar, me parece que no tienen mucho porvenir”, señala en entrevista con EL UNIVERSAL Muñoz Machado, quien también preside la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), la cual aglutina a todas las academias del español y que cumplió este viernes su 70 aniversario.

El jurista asegura que el estado de salud del español en el mundo hispanohablante es óptimo. En el caso de México, valora positivamente la preocupación que existe en el país por las lenguas originarias, pero también expresa su inquietud ante el hecho de que las autoridades mexicanas estén descuidando la atención al español, probablemente porque consideran que se halla muy asentado como lengua general de comunicación.

“La academia mexicana hace un trabajo extraordinario, pero necesita recursos para que pueda cumplir con sus funciones. Nos parece muy bien la protección y el cuidado de las lenguas indígenas, porque son pequeñas joyas que hace falta conservar; pero México, que tiene tantas lenguas vivas, debería cuidarlas a todas”, agrega el director de la RAE, enfatizando la necesidad de seguir prestando ayuda al español para mantenerse y desarrollarse.

¿Cuál es el estado de salud del español a nivel planetario?

—Muy bueno, según mi criterio. En la evaluación que hemos hecho, el estado de salud del español en el mundo hispanohablante es óptimo, porque sigue siendo la lengua de comunicación, sigue en crecimiento con una calidad en su utilización y no tenemos ninguna queja ni en relación con otras lenguas ni en relación con la presión que ejerce el inglés.

¿Qué conclusiones se pueden extraer de la radiografía que hace del español la Crónica de la lengua española 2021?

—La crónica analiza la situación del español en relación con las lenguas vecinas, entendiendo por tales las lenguas amerindias, originarias. En todos los casos la conclusión es que el español sigue siendo la lengua general de comunicación y respetada en todos los lugares, sin perjuicio de la atención que se está prestando a las lenguas originarias, que hay que proteger.

El estudio aborda la situación actual del español en varios países, ¿cuál es el panorama lingüístico en México, que aporta el mayor número de hispanohablantes?

Hay buenas sensaciones. La conclusión del estudio que han hecho expertos mexicanos es que no hay ningún riesgo de que haya un desplazamiento del español. En México existe una preocupación grande por las lenguas originarias, aunque no se presta por parte del gobierno demasiada atención al español, seguramente porque existe la conciencia de que el español está muy asentado como lengua general de comunicación.

"Nos parece muy bien la protección y el cuidado de las lenguas indígenas, porque son pequeñas joyas que hace falta conservar; pero México, que tiene tantas lenguas vivas, debería cuidarlas a todas”

¿Es preocupante esta falta de atención por parte de las autoridades mexicanas?

—Como decía, más que desinterés cultural, creo que se debe a que piensan que el español no necesita ayuda para mantenerse y desarrollarse. Pero se equivocan en eso. La academia mexicana hace un trabajo extraordinario a favor de la cultura, la literatura, la lengua y la presencia de México en el mundo como país hispanohablante, por lo que necesita un poco de atención y recursos para que pueda cumplir con sus funciones. Nos parece muy bien la protección y el cuidado de las lenguas indígenas, porque son pequeñas joyas que hace falta conservar. Pero México, que tiene tantas lenguas vivas, debería cuidarlas a todas.

¿Cuáles son los proyectos más relevantes de ASALE para 2022?

—Son proyectos plurianuales, casi todos ellos. Tenemos previsto estudiar el estado del español en los medios de comunicación, en las administraciones públicas, en la juventud, en las redes sociales. Además, estamos trabajando en un diccionario histórico de la lengua española que aspira a tener la biografía de todas las palabras que han compuesto el español durante toda su historia. Y tenemos nuevas ediciones de los diccionarios de dudas y americanismos, además de una nueva edición del diccionario general de la lengua española.

En las redes sociales concretamente, parece que la calidad del español deja mucho que desear. ¿Cuál es su impresión?

—En las redes es obvio que se utiliza un lenguaje jergal, hay una especie de jerigonza nueva, grupal, porque quienes la utilizan son personas que se comunican entre ellas. Es un lenguaje de giro conversacional, a pesar de que se escribe. No trasciende más allá de las redes, no pretende influir. Tampoco es el lenguaje ordinario; es un lenguaje transformado que vulnera conscientemente la gramática y el léxico. No creo que tenga influencia en general sobre la calidad de la lengua escrita o hablada.

¿Cuáles son las líneas estratégicas prioritarias en las que están trabajando conjuntamente las academias del español?

Trabajamos por la unidad del español. Antes, el lema al que nos adheríamos era “limpia, fija y da esplendor”, lo que asumieron todas las academias, lo que implicaba, entre otras tareas, perfeccionar la gramática y cuidar la ortografía. Eso está hecho. Lo que tenemos por delante es mantener una normatividad básica de la lengua que nos permita utilizarla de manera que nos entendamos, sin perjuicio de la diversidad, porque muchos de nuestros países tienen vocablos que los diferencian. Hay un sonido del español, una fonética que también es diferencial y esto nos parece de una riqueza que hay que cuidar.

¿Tienen todas las academias de la lengua una relación paritaria?

—Aspiramos a que así sea. La ASALE es una federación de unidades territoriales autónomas, independientes de sus Estados y también de cualquier otra vinculación. Trabajamos colegiadamente. Desde el punto de vista del derecho, todas las academias somos iguales. Pero, naturalmente, desde una perspectiva real, unas son más antiguas que otras o tienen más medios o representan a un mayor número de hispanohablantes, lo que influye en su dinamismo.

Hay sectores en América Latina que observan con desconfianza lo que denominan neocolonialismo español, sobre todo a la luz de las grandes inversiones realizadas por las multinacionales ibéricas. En el ámbito lingüístico ¿existe también este recelo?

—No, es una historia pasada. Hubo recelo hacia la academia española en los años próximos a las independencias en algunos Estados americanos. No fue el caso de México ni de Centroamérica. Pero sí el de Argentina y Chile, por ejemplo, donde por un tiempo algunos colectivos de intelectuales mantuvieron la idea de que la independencia política tenía que ser también cultural, lo que implicaba separarse lingüísticamente, hasta el punto de que vieron posible crear lenguas derivadas del español. Pero aquel intento fracasó por completo y no ha vuelto a manifestarse.

"Es un lenguaje (el de redes sociales) de giro conversacional; no trasciende más allá de las redes, no pretende influir. Tampoco es el lenguaje ordinario; es un lenguaje transformado”

La Real Academia acaba de firmar un acuerdo con Microsoft para que la plataforma tecnológica mejore su español. ¿Cuál es el alcance de este convenio?

—Microsoft se compromete a utilizar las herramientas lingüísticas que la RAE se obliga a poner a su disposición a efectos de que las máquinas, los traductores, los correctores de texto y los operadores de voz utilicen un español más correcto. En lo sucesivo, a la hora del error, Microsoft añadirá que según la Real Academia es incorrecto. En definitiva, es un paso hacia la universalización de los criterios de las academias en todo el mundo digital.

El debate sobre la necesidad de que el español sea más inclusivo está en su punto álgido, al menos en las redes sociales. ¿Qué opina de los que dicen que la lengua española es machista?

—Pues les digo que tendrían que probar esa afirmación, que es un poco dura, exagerada. Hay cosas que han sido machistas, como que en nuestro diccionario tuviera mucho menos presencia la mujer que el hombre a la hora de definir algunas profesiones. Pero todo eso se ha corregido naturalmente, partiendo de la base de que en esa época no había mujeres alcaldesas o mujeres juezas. ¿Es machista el idioma por eso? No. Es producto de una época en la que socialmente las cosas eran distintas y es completamente injusto calificar de machistas a las academias por ello. La otra versión del machismo es que no hay muchas mujeres en las academias. También es fruto de una época en la que no había mujeres ni en las academias ni en los ayuntamientos ni en los gobiernos. Poco a poco incorporaremos más mujeres con toda seguridad; pero esto no es como un ayuntamiento, porque las pocas vacantes que se generan en las academias se generan por muerte de su titular. Y hay que esperar.

¿Es posible diseñar una lengua más igualitaria, sin atentar contra los fundamentos de la gramática?

—Nosotros creemos en una lengua igualitaria, pero no en ese lenguaje inclusivo que vulnera y violenta las reglas de la gramática, tal y como está concebida. Se trata de un lenguaje muy particular, que solo se utiliza en términos políticos y no de forma sistemática. En la medida en que este tipo de fórmulas sirvan para llamar la atención sobre la desigualdad de la mujer, me parece muy justo aplaudirlas. Pero si son para culpar al idioma, tengo que decir que el idioma no tiene nada que ver con la discriminación. Si se hacen con pretensiones de continuidad o de cambiar el modo de hablar, me parece que no tienen mucho porvenir.

¿Cuáles serán los mayores desafíos para el español en los próximos años?

—No hay grandes desafíos. La lengua evoluciona con mucha lentitud. Lo que tenemos que cuidar es que no se nos estropee, prestando especial atención a las variaciones más destacadas que probablemente vengan del universo tecnológico, donde se está produciendo una revolución del lenguaje más apresurada.

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