Sed de mar (1986), de , inspiró a a componer una serie de siete canciones para piano y voz, en principio, que dedicó a la soprano Jacinta Barbachano de Agüero, su pareja, quien ha encarnado así a la Penélope de esa obra epistolar de la narradora y poeta.

El sábado 15 de abril, la cantante ofrecerá el recital Reminiscencias en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, a las 18 horas, en cuya segunda parte del programa interpretará las piezas que inspiró un capítulo del libro, acompañada al piano por Diego Sánchez-Villa. La primera parte tendrá obras de Raúl Ladrón de Guevara, Armando y Mario Kuri Aldana, Jorge Dájer y Rodolfo Halfter.

Jiménez Villagrana y Barbachano de Agüero conversaron en entrevista sobre la obra musical que los ha reunido bajo el amparo de la autora también de Otros son los sueños, premio Xavier Villaurrutia 1973.

Ambos egresados de la hoy Facultad de Música de la UNAM destacan la belleza en imágenes de Sed de mar y que Penélope asume el rol protagónico que Homero le negó en la Iliada y la Odisea.

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Al joven compositor, su padre, el director de cine Antonio Jiménez, lo acercó a la obra de Seligson (Ciudad de México, 25 de octubre de 1941-8 de febrero de 2010) a través de su gigantesca biblioteca. Él, que desde que empezó la licenciatura sabía que quería componer ópera e iniciar con un ciclo de canciones, de inmediato se sintió identificado con Sed de mar, que por coincidencia leyó en una playa, porque de niño el cineasta le inculcó estudiar la mitología griega y, además, creció en Puerto Vallarta.

De los seis capítulos del relato de Seligson, Jiménez Villagrana sólo se basó en el llamado “Penélope”.

“Son siete canciones, que me llevaron cerca de seis años terminar, porque al ser mi proyecto más personal, lo emprendí intermitentemente, en mis ratos libres, esporádicamente. Se llaman: I. Penélope. II. La tarde anterior, la última. III. Donde acaban mis sentidos, IV. Y, sin embargo, V. Y si hoy, VI. Es mi voz quien le impulsa y VII. Abrázame, hija del océano...”, desmenuza el compositor nacido en 1992.

Barbachano de Agüero, quien debutó en 2018 en el Palacio de Bellas Artes como Cherubino en Las bodas de Fígaro que montó la Compañía Nacional de Ópera, estrenó en octubre de ese año Sed de mar en su concierto de titulación en la Facultad de Música y volvió a interpretar las canciones en el Claustro de Sor Juana. El 15 de abril será la tercera vez que cante la obra que le dedicó Jiménez Villagrana.

“Sobre las características a nivel vocal de Sed de mar, buscaba que la voz fuera percibida como si estuviera hablada, casi como recitativo al estilo de Schoenberg. Que se entendiera la melodía, sin saltos grandes, salvo en ciertos momentos de la obra; casi en toda el movimiento es continuo. Intenté que la voz fuera melódica, pero percibida como si fuese hablada”, explica el compositor y productor musical.

“A nivel de piano, busco dibujar mucho las imágenes que algunas veces están explícitas en el texto, pero en otras no vienen ahí, sino salen del imaginario que me viene creando la obra. Originalmente es para voz y piano, con algunas sonoridades que en principio pensé para otros instrumentos, como el arpa. De hecho, ahora estoy trabajando en la orquestación de Sed de mar”, agrega Jiménez Villagrana

Explica que, para componer las siete canciones, tomó extractos del libro de Seligson, que tratan sobre Penélope extrañando a Ulises cuando él parte a la guerra de Troya, un personaje femenino apenas mencionado “por encimita” en las dos obras de Homero, más centradas en el héroe de Ítaca.

“Pero, Seligson imaginó lo que pasaba por la mente de Penélope y aportó muchísimas cosas muy bellas que ni siquiera se toman en cuenta en estos poemas épicos. Y esto lo sé porque conozco a Geney Beltrán Félix, editor y crítico literario muy cercano a Seligson. Dado que ella murió en 2010 y lamentablemente no la conocí, él me contó que, en ese año que escribió el libro, Esther pasaba por un desenlace amoroso muy fuerte para ella, que proyectó en su personaje, lo cual fue un gran acierto porque las imágenes que crea son fantásticas. Ahí fue cuando al leerlo pensé: ‘Esto ya es música’.

“Me centro en uno de los capítulos en los que habla en primera persona Penélope. Analicé los extractos del texto que hacían coherencia en la línea dramática y todas las imágenes distintas, porque en la Odisea Penélope queda como una mujer muy fiel que lo estuvo esperando, incluso le reclama haberse ido, pero, de repente, deja entrever que tuvo amantes, que no es la esposa fiel que se cuenta en la Odisea, sino que al extrañar tanto a Ulises toma su fuerza. Por otro lado, el final del capítulo es abierto a interpretarse, incluso que la protagonista se suicidó. Eso fue lo que a mí me fascinó”, indica el artista.

Agrega que las imágenes ya eran fuertes para componer música y analizó los extractos para que hicieran una coherencia narrativa.

“Yo ya conocía a Jacinta, ya estaba la obra y quién iba a cantarla. El libro ya tenía música, pues”, dice.

Sobre el contexto trágico en que se desarrolló la vida de Seligson, los artistas deslindan a Sed de mar.

“No fue hasta que casi terminé la obra que conocí a Beltrán Félix, en un homenaje a Seligson. Y él nos contó mucho de las historias que tuvo ella, pero, no fue directamente algo extra de su vida lo que llevamos a la obra. Las canciones tienen un tema trágico, se pasa por varios momentos anímicos. Van de la ira, del enojo a la nostalgia, a la melancolía, a extrañar a la persona amada. En la sexta canción se vuelve una cuestión de liberación, sí hay algo de enojo pero más enfocado a que el personaje ya va a tomar cartas en el asunto para dejar de estar en estos sentimientos depresivos. Al séptimo no quisiera llamarle canto mortuorio o fúnebre, aunque sí tiene algo de marcha fúnebre con la que busco enfatizar este final abierto que deja Seligson, que no se sabe si se fue de Ítaca o se suicidó o si solo lo dejó ir.”

“Voy contando una historia pasando por los estados de una pérdida amorosa; uno de los primeros sentimientos es la ira, luego una curva más nostálgica, depresiva, para después, en el mejor de los casos, decidir liberarse de cualquiera que sea la forma. Pues sí, es más o menos la curva dramática”, expone el compositor que estudió con Leonardo Coral, María Granillo, Julio Estrada y Arturo Márquez.

El ciclo de 27 minutos tiene un registro muy amplio de voz, entre mezzo y soprano, con notas muy bajas y otras muy agudas, detalla el compositor, que dedicó la obra a su primera intérprete y pareja.

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“Hay frases que intencionalmente buscan ahogar a la cantante en ciertos momentos, justo por este imaginario de estar viendo a Penélope absorta, enojada, momentos en que uno está tan enojado y tiene tanta prisa por decir las cosas que como que se olvida a uno respirar. Es un registro muy amplio, tiene que ser una cantante muy flexible en cuanto a la interpretación, por los estados anímicos tan drásticos, que puede llegar a haber. Y que también tenga mucho aguante, porque el clímax de la obra está por el minuto 22 y para ese entonces la cantante ya está cansada. Si trato de describir el color de la voz, es algo muy robusto grave, pero también ligero en los agudos”, expone Jiménez Villagrana.

Al respecto, Barbachano de Agüero explica cómo se metió en el personaje de la Penélope de Seligson.

“Me ayudó mucho la parte musical. Cuando el texto y la música van de la mano, tienen sentido entre los dos, no va cada uno por su parte, eso te ayuda mucho como intérprete con lo que uno está diciendo y con el personaje que lo está encarnando. Cuando me mandaban borradores cada vez me emocionaba más porque desde la primera nota yo ya conectaba. No me ví en un trabajo de análisis como tal, el texto y la música me llevaron a la par a ir conectando con este personaje, y cada vez que uno lo interpreta lo va soltando más, va encontrando detalles, momentos, frases que uno disfruta mucho cantar, de esa forma poseía en el momento a Penélope”, indicó la cantante que también el próximo sábado 22 de abril debutará con la Ofunam en la sala Nezahualcóyotl con arias de La tempestad, de Kaija Saariaho.

“Me gusta la parte dramática, sentimental, hay mucha emoción en tan pocas palabras. Los textos son muy dramáticos, oscuros, nostálgicos, melancólicos, amorosos, me siento mucho más identificada que cantar algo bonito, que a mí me cuesta mucho más trabajo. Y, en la parte de musical, me gusta que está lleno de texturas, de frases y melodías muy bellas, que a uno como cantante siempre le llama la atención, que la voz se sienta libre y gozosa de hacer melodías bellas, y a la vez texturas. De pronto, hay unos pequeños diálogos, hay un efecto muy padre en el piano, donde el personaje canta hacia la caja y se crea un efecto muy bello. Está llena de detallitos, cada vez que la voy interpretando, voy encontrando más cosas, incluso voy cambiando mi interpretación porque uno como persona va madurando, no soy la misma de cuando la canté en 2018 a ahora”, explica la ganadora en 2019 y 2020 en el Metropolitan National Council Auditions distrito México de la Metropolitan Opera House.

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melc

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