La pandemia deja a los museos privados con colección de problemas

El Museo de la Caricatura, el de la Acuarela y el del Juguete son ejemplos de la situación crítica de recintos independientes que a un año de la emergencia sanitaria, sin apoyo del Estado y sin público, ven caer sus ganancias a 10% o 20%

La pandemia deja a los museos privados con colección de problemas
A los daños que dejó el sismo del 19-S en el Museo de la Caricatura se suma la crisis originada por la pandemia, pues por el cierre y baja de visitantes no hay dinero, lo que se refleja en falta de personal. Foto: CARLOS MEJÍA. EL UNIVERSAL
Cultura 08/04/2021 02:10 Actualizada 06:46
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Juan Terrazas dirige el Museo de la Caricatura y, con su propio celular, contesta para informar al público acerca del acceso al museo. La pandemia aceleró la compleja situación que vivía este museo porque el sismo del 19 de septiembre 2017 los había obligado a cerrar 70% de sus salas y la restauración total nunca concluyó. Como a otros museos, el Covid-19 llegó y los encontró en una situación crítica de la que, un año después, no se ve salida.

Es una pésima noticia que, como consecuencia de la pandemia, un museo público, por ejemplo, haya recibido en 2020 apenas 20% de su público habitual, pero que eso le pase a un museo independiente —los también llamados autónomos o que tienen financiación privada o mixta— representa déficit, sobre todo para los que no tienen una empresa, una junta directiva o fideicomiso que los respalde. 

La mayor parte de esos museos independientes vive del público: de entradas o donativos, de lo que compran en sus tiendas, de las visitas escolares, de las clases que ofrecen; todo eso propiciaba una dinámica de estancia y consumo en los recintos que ya no existe, y que los pocos periodos de apertura parcial aún no resuelven. Tampoco hubo recursos para ofertar un museo en línea. 

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Con la pandemia todos los ingresos, de público y recursos, cayeron a 10% o 20%, de acuerdo con las historias que relatan algunos directores. Aunque hubo quienes acudieron a sus reversas, el de la Caricatura, por ejemplo, no tiene tal cosa. Antes del confinamiento, ese céntrico museo vivía del 20% de dinero que sus 10 caricaturistas donaban al recibir un pago por dibujar caricaturas a los visitantes; por el Covid, ya no hubo visitas y, en consecuencia, tampoco venta de dibujos, folletos separadores de libros y otros recuerditos; la entrada era de 200 a la semana, ahora es 20 o 25. Los propios caricaturistas —siete de ellos son mayores de 60— tuvieron que dejar de ir; hoy sólo trabajan tres personas: el director y dos caricaturistas, y lo que entra es para pagar la luz que deben hace meses. No hay conmutador.

mil 177 MUSEOS hay en el país, según el INEGI (datos de junio de 2020); el Sistema de Info rmación Cultural registra mil 401

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El Museo de la Acuarela ha tenido que comenzar a pedir donativos a los visitantes para acceder; además, muchos dejaron de tomar las clases que eran fuente de ingresos. Foto: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ. EL UNIVERSAL

En el Museo de la Acuarela la historia no es tan crítica pero tampoco halagüeña: no es un museo que viva de las entradas pues éstas no se cobran (mejor dicho, no se cobraban: han tenido que comenzar a pedir donativos para acceder). El Museo de la Acuarela vive principalmente de las clases de acuarela; con la pandemia, algunas personas dejaron de tomarlas y no ha sido muy alta la respuesta a la oferta en línea: antes había más de 160 en clases hoy son alrededor de 40.

En el Museo del Juguete Antiguo México, que ha impulsado la familia Shimizu, antes de la pandemia trabajaban 35 personas, pero la crisis sanitaria los llevó a quedarse con 10. Alrededor de 10 mil visitantes dejaron de ir al museo, y eso significó monetariamente más de un millón de pesos en pérdidas; otro agravante es que en torno del museo se había integrado una red cultural de más de 400 jóvenes de colectivos de danza, música y pintura, a los que no se pudo apoyar durante 2020.

“Ha sido el peor momento de su historia. En términos económicos ha sido el peor momento para todos estos museos (públicos) y los independientes”
Graciela de la Torre, Cátedra Internacional Inés Amor de Gestión Cultural

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Aunque el Museo MIDE tiene un fideicomiso que ante la pandemia les apoyó, ese dinero se tiene que regresar; en este museo hubo reducción de gastos, recorte de personal —20 personas de 110 que había— y se habla de un déficit de 70% en 2020. El número de visitas, de 250 mil al año, cayó en 2020 a 10%. 

En México siempre se presume la alta cifra de museos: el estudio publicado en junio de 2020 por el INEGI registró mil 177 museos; el Sistema de Información Cultural —la investigación tiene más de una década, pero se ha actualizado en línea— enumera mil 401 museos. El INAH y el INBAL integran la mayor red de museos públicos del país; las cifras el año pasado eran de 162 del INAH y 18 del INBAL. Otros de los museos públicos son universitarios, pertenecen a municipios, estados, Secretarías de estado, dependencias judiciales y legislativas. 

En ningún momento de la pandemia la Secretaría de Cultura federal ha hecho un diagnóstico de cuántos son y de la situación que viven los museos públicos o privados. Ni siquiera informa del estado de sus museos; el propio Bellas Artes no entregó —aunque hubo una solicitud de información— los datos de los recursos recibidos por sus museos en 2020 para exhibiciones —se cortó el recurso de varias exposiciones y si se abrieron fue a partir de apoyos privados—.

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En mayo se publicará la encuesta que hace la UNAM a museos de México, Centroamérica y el Caribe para conocer el impacto que ha tenido la pandemia. Graciela de la Torre, quien coordina la Cátedra Internacional Inés Amor de Gestión Cultural, en Difusión Cultural de la UNAM, una de las instancias que prepara ese estudio, lamenta que en el país no haya diagnósticos sobre estas instituciones; que las instancias federales no hayan tomado en cuenta a esos otros museos, y que los propios museos institucionales carezcan de recursos:

“Ha sido el peor momento de su historia. Los recortes han sido tremendos; el año pasado no tuvieron un centavo los museos del INBAL para su operación. En términos económicos ha sido el peor momento para todos estos museos y los independientes. Ha sido una oportunidad fantástica para migrar al mundo virtual, pero a los museos se les ha dejado sin herramientas, acompañamiento y recursos. Los de la UNAM se cocinan aparte. Para otros, este es el momento más difícil; algunos van a sobrevivir, otros a desaparecer y otros no sé cómo van a poder continuar”.

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El l Museo del Juguete Antiguo México pasó de contar con 35 empleados a sólo 10; y alrededor de 10 mil visitantes dejaron de ir al museo. Foto: HUGO GARCÍA. EL UNIVERSAL

“La entrada de la 4T fue ignorar a los museos independientes; que se rasquen solos —dice el arquitecto Roberto Shimizu, del Museo del Juguete—. No ha habido ni un solo apoyo. Y no se dan cuenta de que, entonces, se llevaron de calle a colectivos, un festival de arte urbano y a una cadena, una estructura de gente enorme, que labora para los museos. Es atónito; no ha habido un solo pronunciamiento de parte de la Secretaría de Cultura”.

Roberto, cuyo padre, Roberto Shimuzo, fundó este Museo en 2008, lamenta que no haya unión entre los museos: “Si estuviéramos unidos como los restaurantes, con Abrir o Morir, lo habríamos conseguido. Debimos ser el primer recinto en abrir, antes que restaurantes y centros comerciales; los museos son más seguros, no te quitas el cubrebocas y no hay aglomeraciones”. 

162 MUSEOS tiene el INAH y 18 el INBAL; ellos conforman la mayor red de museos públicos del país

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Aun así, recalca que varios museos independientes pelearon por abrir, y que eso en cambio no hicieron los museos públicos: “Los museos independientes estuvimos trabajando; los públicos no. Los primeros que abrimos fuimos Soumaya y del Juguete. Lo patético en la pandemia fueron los museos federales y otros públicos, cerrados, y sus directores en sus casas de Cuernavaca cobrando de los impuestos. De Cultura no hubo ninguna iniciativa, ha tenido más la secretaría de Turismo de la ciudad o la alcaldía Cuauhtémoc...”

Fuentes de financiamiento

Algunos museos independientes tienen una empresa que los respalda (como el Jumex o el Soumaya); otros con fideicomisos (Frida Kahlo y Anahuacalli, con un fideicomiso en el Banco de México; o el Mide); otros tienen fondos mixtos, es decir públicos y privados (como el Estanquillo, que recibe recursos públicos y de un fideicomiso). Otros tienen autogenerados y operan como AC (como Papalote, que lanzó una campaña en busca de recursos, pero su situación dista de la crisis que enfrentan otros).

“La entrada de la 4T fue ignorar a los museos independientes; que se rasquen solos. No ha habido ni un solo apoyo. Y no se dan cuenta de que se llevaron de calle a toda una cadena”
Roberto Shimizu, Museo del Juguete

Aunque en 2019 se creó la Alianza de Museos Autónomos y Mixtos, ésta ha funcionado más como un grupo de trabajo para compartir estrategias y sólo agrupa 30 museos de la ciudad. No tiene el panorama de los museos independientes o autónomos o mixtos del país.

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Sergio Rivera, director de Comunicación del MIDE y presidente de la Alianza de Museos, dice que estos museos tienen, entre otros problemas, el que carecen de un reconocimiento jurídico como instituciones de interés público, que con la modificación del marco legal de donatarias autorizadas ha disminuido la posibilidad de los deducibles, y que si organizan eventos, como conciertos, tienen una carga fiscal o impuesto al espectáculo público.

Sobre lo que estos museos han vivido por la pandemia, Rivera dice: “Todos los museos tenemos que luchar por subsistir; hemos hecho un esfuerzo en el mundo virtual, tenemos la convicción de que lo que hacemos es importante para la sociedad, y todos estamos preocupados por recuperar a los públicos presenciales porque independiente de que la oferta on line que se pulveriza, lo que vendemos es la experiencia del museo, y eso sólo lo puedes vivir con las colecciones o exhibiciones que tenemos. El gran reto va a ser recomponer nuestras audiencias”. 

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