La historia de un excéntrico adinerado que vivió 38 años en soledad y consumiendo sólo leche y pan

Otra peculiaridad es que el hombre no vestía ropa, sino trozos de papel de china; se confinó por “motivos sentimentales”

La historia de un excéntrico que vivió 38 años en soledad
Retrato de Abraham Moreno López, quien se aisló a inicios de los 1900. Foto: Hemeroteca El Universal
Cultura 24/07/2021 14:23 Redacción México Actualizada 14:23
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Abraham Moreno López se recluyó en su casa al parecer por “motivos sentimentales” a inicios de los 1900. Vivir casi cuatro décadas en soledad y confinamiento lo trastornó al grado de sólo vestir pedazos de papel china, pero ni siquiera atuendos completos, sino sólo se cubría con algunos trozos.

Una empleada suya era la encargada de suministrarle comida, su dieta sólo consistía en pan y leche. También le llevaba el periódico, el que más consumía era EL UNIVERSAL.

Pese a tener a alguien que le llevara provisiones, murió y tardaron dos días en darse cuenta.

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Entre sus posesiones, expertos de Identificación y Criminalística de la Jefatura de Policía encontraron ocho pesos diecisiete centavos, una pistola y manuscritos con versos dedicados a la mujer que amó. 

Así fue como EL UNIVERSAL reportó su historia, en enero de 1941

La extraña vida de un excéntrico

22 de enero de 1941

Durante treinta y ocho años vivió confinado, sin ver a nadie y alimentándose sólo de pan y leche

Por toda vestimenta usó durante todo ese tiempo pedazos de papel de China para cubrirse

Un misántropo, que durante treinta y dos años estuvo recluido en sus habitaciones, murió en el más completo abandono, pues hasta después de dos días fué (sic.) descubierto su cadáver. Según parece, fueron motivos sentimentales los que lo impulsaron a la reclusión, de tal manera que de haber acontecido esto en otros tiempos, sin duda este hombre hubiera entrado en un monasterio. La soledad y posiblemente su vida fisiológica perturbada por el aislamiento y la inmovilidad, trastornaron su mente y debido a ello el individuo no vestía, sino que se fabricaba de papel de china envoltorios para ciertas partes de su cuerpo, como los pies, el vientres, etc.; no quería ver absolutamente a nadie; no ocupaba su cama para dormir , sino que lo hacía en el suelo y, finalmente, no tomaba sino pan y leche por todo alimento. 

En la Quinta Delegación del Ministerio Público se presentó poco después de las nueve de la noche del lunes pasado, la señora Esther García Fuentes, empleada en otros tiempos de Abraham Moreno López y a últimas fechas, la encargada de cuidarlo. Expresó que en la casa número 22, interior 1, de la calle de Gabriel Leyva, se encontraba el cadáver del excéntrico señor, por lo que inmediatamente fueron allá el señor delegado, licenciado Cástulo Topete; su secretario ayudante, señor Bernardo Fernández Guerra, y el auxiliar, señor Raúl Torres. Hicieron llamar también a los expertos de Identificación y Criminalística de la Jefatura de Policía, acudiendo el jefe de dicho servicio, señor Antonio B. Quijano. En una alcoba encontraron, tendido boca abajo, el cadáver, ya en estado de descomposición, del maniático. Estaba totalmente desnudo y tan sólo el papel de China le cubría ciertas partes del cuerpo.

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Aspecto del cuarto donde fue encontrado el cuerpo del hombre. Se puede observar los trozos de papel de China que usaba para cubrir partes de su cuerpo. Foto: Hemeroteca El Universal

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La casa denotaba una incuria de años. Gruesas capas de polvo se veían por todas partes; las telarañas se tendían de un lado a otro. Los muebles eran de buena clase, pero antiguos. La alcoba debe haber estado montada lujosamente, pero las cortinas estaban hechas pedazos y los muebles, de caoba, estaban deslustrados. Carecía la cama de colchón y de ropas y el polvo la cubría.

Sobre una mesa había ocho pesos diecisiete centavos; en un cajón fué (sic.) encontrada una pistola calibre 44 con cinco cartuchos y había otros cinco en un cajoncito del tocador.

La vida extravagante del misántropo

En una cartera de piel de Rusia había una invitación de la Liga Anticlerical para una velada en honor de don Gabino Barreda, fechada el 8 de marzo de 1888. Había sido, quizás, el último acto social de aquel hombre, cuya edad era de unos setenta años, más o menos. También se encontraron manuscritos, unos versos que, sin duda, dedicó a la mujer amada por él. En un guardarropa había media docena de trajes, todos de excelente casimir, pero dignos de la guardarropa de un teatro, por lo antiguos. En un rincón había resmas y resmas de papel China que aquel hombre empleaba como única y al mismo tiempo breve indumentaria. 

Dijo la señora García Fuentes que el misántropo había sido muy rico en otros tiempos, pero ahora estaba reducido a una gran pobreza, pues familiares suyos que radican en Teziutlán le enviaban cien pesos mensuales para su sostenimiento. Era inquilino de la misma casa de su propiedad y pagaba sesenta pesos mensuales de renta y a la fecha adeudaba seiscientos.

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Refirió que vive la casa número 28 de la calle de Santo Tomás y que, por haberlo tratado con anterioridad, el día primero de junio de 1909 había entrado a su servicio, encargándose de cobrar las rentas de las casa número 84 de la calle de la Soledad, la número 72 de la entonces calle de Estanco de Mujeres, valuada en ochenta mil pesos y la 22 de Arcos de Belén que tenía un valor de sesenta mil pesos. Le pagaba cinco pesos mensuales al principio por ese servicio y posteriormente le elevó el sueldo hasta veinte. Él siempre vivió en la casa de la calle de Gabriel Leyva, valuada en cien mil pesos. Era así como tenía propiedades por cerca de trescientos mil pesos, incluyendo la casa de la calle de la Soledad. Pero en 1913 hipotecó varias de las casas por un adeudo de treinta y cinco mil pesos que no pudo pagar y por ello las fincas fueron rematadas. El abogado que lo representaba, licenciado Luis Aguilar Islas, embargó lo que le quedaba por el cobro de sus honorarios. Y desde entonces era el licenciado Armando Beltrán el que le llevaba sus negocios.

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Juana Hernández Navarrete, portera de la casa donde habitaba Abraham Moreno López, el excéntrico. Foto: Hemeroteca El Universal

No quería hablar ni ver a ninguna persona

Su reclusión se hizo más estrecha desde el año de 1923 en que se redujo a vivir en el departamento uno de la casa de la calle de Gabriel Leyva. En la última pieza vivía. La señora García Fuentes se encargaba de llevarle leche y pan. Entraba a la casa, de la que tenía las llaves, e iba abriendo pieza por pieza hasta llegar a la antepenúltima , desde donde hablaba lo elemental con su patrón. Le avisaba tan sólo que le dejaba allí los alimentos y eso era todo. Regresaba luego hacia la salida, cerrando puerta por puerta.

Las compras principales consistían en leche condensada y en papel de china. En 1931 la casa pasó a ser propiedad del señor Joaquín Cortina Rincón, que dió en arrendamiento la vivienda aquella al propio Moreno López en sesenta pesos mensuales, como hemos dicho.

Era un asiduo lector de EL UNIVERSAL, pues todos los días le era llevado su periódico favorito, el cual formaba una verdadera montaña en uno de los rincones.

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Por el año 1932 comenzó a sentirse enfermo del corazón y a instancias de la señora García Fuentes, consultó al doctor Rubén Barrera Tenorio, inquilino de la casa, quien le prescribió algunos medicamentos que ella le compró y le llevó. 

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Exterior de la casa del misántropo. Foto: Hemeroteca El Universal

El año 1934 fué (sic.) Moreno López personaje central de un episodio policiaco, pues un amigo de un inquilino, el señor Ricardo Fernández, enterado del curioso género de vida que llevaba aquel individuo, supuso que la señora García Fuentes lo tenía secuestrado, pues le constaba que lo dejaba encerrado, y dió aviso a la Jefatura de Policía, habiéndose presentado el entonces Jefe de las Comisiones de Seguridad, señor Alfonso Frías y el segundo Jefe, señor Lorenzo Díaz González, habiendo podido penetrar a las habitaciones: pero en el momento en que intentaron hacerlo al “sancta sanctórum” o sea donde vivía el excéntrico, éste, que había salido a recibirlos, se enfureció, echó mano de la pistola y les hizo varios disparos, sin haber lesionado a nadie. Después se aclaró que aquella extraña existencia la llevaba por propia voluntad Moreno López.

La muerte, tal como había sido la vida

La señora García Fuentes tuvo que hacer un viaje a Tetecala, Mor., habiéndole encomendado a la portera, Juana Ramírez Navarrete, se encargara que llevarle los alimentos al cartujo. Y dice la portera que a mediados de la semana pasada habló, desde una pieza a otra y sin verlo, con Moreno López, habiéndole recomendado éste le hirviera una poca de leche, cosa que ella hizo. El lunes fué (sic.) a llevarle alimento, y por más que estuvo llamando fuertemente a la puerta de la habitación hasta la cual podía llegar, no encontró respuesta. Alarmada, puso un telegrama a la señora García Fuentes y ésta emprendió el viaje de regreso, habiéndolo encontrado muerto.

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El doctor Barrera Tenorio dice que cuando él atendió al misántropo, éste no tenía propiamente señales de enfermedad del corazón, y sí en cambio aparecía como un monomaniático de la reclusión, por lo que entonces se redujo a recetarle unos calmantes nerviosos y eso fué (sic.) todo.

Se conoce que el desventurado demente sufrió alguna enfermedad súbita y murió sin auxilio ninguno, en el completo abandono en que él mismo había querido vivir. 
 

fjb

 

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