La relación entre el Estado y el individuo, rota por la impunidad, un Estado al que no le importan los individuos pese a que existe una serie de documentos que confirman su vínculo con las personas; el silenciamiento forzado durante 30 años y la maldición contra el feminicida de su hermana, retratado a través de la escritura, fueron algunos de los temas abordados en la conferencia magistral “Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel”, que ofreció ayer la escritora Cristina Rivera Garza en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM.
La ganadora del Premio Pulitzer 2024 en la categoría memorias/autobiografía por El invencible verano de Liliana recapituló el proceso que inició el 16 de julio de 1990, con el feminicidio de su hermana y el otro proceso que arrancó a finales de 2019, al comenzar la búsqueda del expediente y la reconstrucción del caso. La imagen de la impunidad es la de un destierro, “la figura de una mujer que grita, pero no puede oír su propio grito”, una imagen entrecruzada por el triunfo aplastante del Estado, la indolencia civil y lenguaje del patriarcado que impide a las víctimas contar su historia, dijo Rivera Garza, entre ovaciones y consignas como: “Justicia”, “Te queremos, Liliana” y “Ni una menos. Todas vivas nos queremos”.
También mencionó ciertas estrategias ante la falta de justicia, la impunidad reflejada en el tamaño nimio de un expediente, en sus palabras; estrategias como que el rostro de Liliana estuviera en la portada de la edición mexicana, o que no se olvidara el nombre del feminicida de su hermana. “Cuando supe que era muy posible que el presunto feminicida de mi hermana hubiera muerto ahogado en el sur de California (...) pensé: claro, tenía que ser el agua, este cuerpo de agua ha hecho su trabajo (...) Este es el veredicto de Liliana”, afirmó la escritora, tras su conferencia, en diálogo con Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural.

El lenguaje fue su mayor arma ante el silenciamiento forzoso del Estado, afirmó. Recordó a la Premio Nobel francesa Annie Ernaux, quien escribió para vengar a los suyos. “Conozco ese sentimiento”, afirmó Rivera Garza. Y recalcó que al feminicida, la escritura lo condena y lo aleja del amparo del Estado y del patriarcado.
“Si yo no hubiera abierto esa caja de documentos (... ) si no hubiera percibido que esto no es una tarea solitaria, sino de ambas, las hermanas y también de la familia, creo que hubiera sido un camino no sólo doloroso, sino carente de esperanza”, le dijo a Beltrán.
Al final, Rivera Garza firmó libros a decenas de admiradores.
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