“Todo mundo me pregunta: ‘¿A usted le parece bien o mal que se diga CEO en vez de director general?’ La respuesta es que no me parece ni bien ni mal, pero para evitar que eso ocurra, que nuestro paisaje lingüístico esté invadido de inglés, tendríamos que apostarle a la ciencia y tecnología. Si no tenemos soberanía digital primero, mucho menos soberanía dialectal”, señala la lingüista Concepción Company Company a propósito de la publicación de su libro "El español. Un ADN cultural de muchas lenguas".
En entrevista, la integrante de El Colegio Nacional, comenta que no existen las lenguas puras, inclusive ni las lenguas indígenas lo son y, por tanto, no se necesita una defensa en el sentido que plantean los discursos políticos.
“Empiezo el libro con un planteamiento contundente: todos los seres humanos hemos nacido con la misma capacidad biológica de la lengua. Somos un conjunto muy complejo, equilibrado, rico de genes hechos miméticos, heredados, contagiados del otro, porque el estado normal de los seres humanos es vivir en contacto. Entonces, gran parte del libro muestra que esos contactos siempre nos enriquecen a pesar de la obsesión por las lenguas puras”, indica.
La especialista señala que esa capacidad genética e histórica compartida convierte a la lengua en un “poderosísimo ADN cultural”.
“La lengua es tan identificativa como un código genético. De los 8,300 millones que habitamos el planeta, ninguno de nosotros tiene el habla idéntica al otro y eso se debe a la primera onda sonora que emitimos. Esa primera onda es distinta en altura para cada uno de los 8,300 millones de habitantes. Por eso se puede hacer lingüística forense. Y esa poderosa identificación no está exenta de contactos azarosos como el hecho de que Colón haya llegado en 1492”, detalla.
En el libro, que fue presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Company Company menciona que, así como las palabras del inglés hoy son parte de nuestro paisaje lingüístico, las palabras del francés y el alemán lo fueron durante el siglo XIX.
“El léxico cotidiano de la lengua española está permeado de muchísimas lenguas. Por ejemplo, yogurt viene del turco, charol es del chino que llegó a la Nueva España con la Nao de China, y chambrita es del francés, que en su origen no tenía nada que ver con los niños sino con ropa íntima para los aposentos. La palabra ropa es del alemán, lo mismo que guerra. Del árabe tenemos miles de préstamos y aun así sigue habiendo un cierto rechazo por la cultura islámica”, expresa.
Absolutamente los préstamos enriquecen, afirma la lingüista. Sin embargo, indica que aquellos que son del inglés requieren un comentario particular. “El inglés ha invadido, en el buen sentido, la comida, música, cultura y, sobre todo, la ciencia y tecnología. ¿Y cómo no va a invadir si no somos autosuficientes y no invertimos en nuestro país? Nuestros gobiernos han decidido que no merece la pena apostarle a invertir en ciencia y tecnología”, apunta.
Company Company indica que, en 2022 los datos oficiales sobre cuánto PIB aportaba México a ciencia y tecnología, marcaban un 1.48 y hoy la cifra es de 0.09. “Cuando los países están en crisis, suelen meter más a ciencia y tecnología porque saben que es un salvavidas. Después, en educación; pero educación primaria y secundaria real, donde te enseñen matemáticas, gramática, física, química, y no una educación ideologizada”, opina.
Sobre el inglés, particularmente el de Estados Unidos, comenta que provoca rechazo porque se mira como una lengua de imperio. “Lo que nos está molestando no es la lengua misma. Nos está molestando un vecino muy poderoso en la economía, lo cultural y lo político con actitudes difíciles de aceptar. Un vecino incómodo, pero ese vecino incómodo nos ha dado palabras como celular, chat, ciberacoso, ciberdelito, overol, pants, jeans”.
Aunque no todo es inglés. Company Company pregunta ¿por qué cuando pones el Maps, las máquinas te dicen: ‘Dese vuelta en la rotonda’, y no: ‘Dese vuelta en la glorieta’. “Porque está pagado por un país donde se dice rotonda, ¿por qué van a poner palabras que no sean las que ellos pagan?”, responde.
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La lingüista recalca que no existen lenguas puras. “Las lenguas indígenas no son puras, por más que haya un discurso político. El náhuatl está lleno de otomí dada la cercanía con el estado de Hidalgo y Querétaro. El náhuatl de Puebla está lleno de popoloca. Lo que intento con el libro es quitar telarañas, llegar al gran público y que se sientan orgullosos de un patrimonio lingüístico que es universal”
A la pregunta de si ¿ese sería el sentido de la defensa de las lenguas?, la lingüista señala que las lenguas no necesitan defenderse, son herramientas vivas que sirven para que los hablantes funcionen en el mundo, se comuniquen, se quieran, se apapachen, se odien, migren. “Son un poderoso identificador para quien la usa”.
Dice que la defensa de las lenguas se lo deben plantear los políticos o señores viejitos que están en la idea de que sólo hay que usar la lengua heredada del latín y que, además, el latín fue una lengua de conquista. “Es decir, la defensa no va por limpiar la lengua porque la dejaríamos empobrecida”, concluye.
melc
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