Cultura

La colección Wenner-Gren del Museo de San Carlos despierta dudas a 50 años de su donación

La historia de la colección del empresario sueco da nuevos giros: el recinto recela de que las 16 obras sean originales de De Goya, Rubens y Rembrandt

(Izq.) Retrato de la Marquesa de San Andrés, de Francisco de Goya y (der.) Retrato de hombre de negro, de Peter Paul Rubens forman parte de la colección.
14/01/2026 |01:55
Frida Juárez Bautista
Reportera de la sección CulturaVer perfil

En septiembre del año pasado se descubrió que el cuadro "La Sagrada Familia", que está en el, es una pintura original de Sandro Botticelli.





La noticia tuvo repercusión a nivel nacional, todos los medios manejaron la información, incluso este diario conversó con Christopher Daly, investigador del Museo Metropolitano de Nueva York y experto en arte renacentista, quien detalló su proceso de investigación sobre esta pintura que, hasta entonces, era considerada como una creación del “Taller de Botticelli”.

Pero la noticia no fue sorpresa para todos. “¡Es un absurdo!”, exclama Santiago Bolaños, abogado que trabajó en la década de los 70 en lo que era el Fideicomiso Liquidador de Instituciones de Crédito (hoy Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado) en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y autor de la biografía de Axel Wenner-Gren, empresario sueco, nacido en 1881, que fue el anterior propietario de ese cuadro de Botticelli y considerado el hombre más rico del mundo a mediados del siglo XX.

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Bolaños –quien llegó a la vida de Wenner-Gren por unos libros viejos que encontró en su oficina– explica que el dato de que había un Botticelli en este recinto ubicado en la Tabacalera no era ninguna novedad ni para el museo ni para el gobierno y señala que esa no es la única joya de Wenner- Gren que alberga San Carlos, pues el cuadro era parte de un lote de 16 pinturas, que en 1972 fueron presentadas como obras de Goya, Tintoretto, Rubens y Rembrandt, pero que hoy están en la base de datos del museo identificadas como anónimos o copias. ¿Por qué el cambio que devalúa las obras? Esta es la historia de la colección de arte que sigue despertando dudas.

El magnate Wenner-Gren

Para saber cómo llegó la colección de Wenner-Gren a este museo en la Ciudad de México hay que recordar la vida del empresario, que fue digna de ser escrita en un libro. Así lo hizo Bolaños, quien tras 30 años de investigación colaboró con Jorge Ruiz Esparza para publicar "La cruz del Sur: Axel Wenner-Gren, el espía que México protegió" (Editorial Ink, 2014).

El autor aclara que de espía no tenía nada, sino que fue una libertad de marketing que se tomó la editorial, pero eso no le quita que haya sido una figura estratégica para el poder del mundo, al grado que su relación con los nazis le valió que se le colocara en una Lista negra que emitió Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, de la que ni su amistad con el presidente Franklin D. Roosevelt lo salvó.

Tras vivir en altamar en su barco Cruz del Sur, así como en su isla en las Bahamas –junto a los Duques de Windsor–, finalmente encontró refugio en México gracias a Maximino Ávila Camacho, el hermano del entonces presidente Manuel Ávila Camacho, cuenta Bolaños en entrevista:

“Él básicamente se hizo rico con la aspiradora”, añade el autor.

Wenner-Gren fundó la empresa de electrodomésticos Electrolux, que existe hasta la fecha y la primera en comercializar de forma masiva las aspiradoras.

Su segundo golpe de suerte fue el refrigerador. Esto le permitió al sueco formar un imperio que abarcó negocios como el de los cerillos, papel periódico y logró cosas como ser dueño de los Talleres Nobel:

“Fue pionero en el desarrollo de la computación y en el desarrollo del monorriel”, añade Jorge Ruiz Esparza.

En México también hizo negocios inmobiliarios, con plata, fundó Teléfonos de México y creó el Banco Continental. El mundo de las artes y la cultura no le fue ajeno, pues ayudó a financiar descubrimientos arqueológicos como los de el Hombre de Pekín, el Hombre de Tepexpan y Machu Pichu (hasta la fecha existe la Wenner-Gren Foundation en Nueva York, que se dedica a la investigación antropológica).

En 1961, Wenner-Gren murió a causa de un cáncer de estómago, que se trató en Suecia. Su viuda, Marguerite Gauntier, vivió en México hasta su muerte en 1973, durante ese periodo, ella no supo administrar los negocios que entraron en crisis. Es por eso que en 1971, Hacienda entró al rescate y asumió el costo de diluir Continental, así fue como la sucesión de Wenner-Gren contrajo una deuda con el gobierno de México que pagó con varios bienes, como terrenos en Cuernavaca, Acapulco y Lomas de Chapultepec, así como con la colección de arte.

Transacción de valor simbólico

La colección de arte cubría casi en su totalidad la deuda de 93 millones 775 mil pesos que tenía Wenner-Gren con Hacienda. Bolaños detalla que el lote sumaba un valor de 81 millones de pesos.

Los peritos ingleses de Brod Gallery, el crítico de arte inglés Brian Sewell y Enrique F. Gual, entonces director de San Carlos, fueron los encargados de hacer la valuación, en la que se determinaron cifras como 30 mdp por "Retrato de la Marquesa de San Andrés", de Francisco de Goya; 4 mdp por "La Sagrada Familia", de Botticelli; 6 mdp por "Descendimiento, de Juan de Flandes", y 2 mdp por "Retrato de hombre, de Peter Paul Rubens", por ejemplo.

“Era tan rico, tan importante y tan poderoso Wenner-Gren que solamente compraba obras originales y tenía quien le dijera qué comprar y que no”, dice Santiago Bolaños.

Pero el Museo Nacional de San Carlos no concuerda con esa afirmación, pues con el paso de los años, ha ido modificando la información de los autores de algunas de las obras. Por ejemplo, el Goya hoy es atribuido a su discípulo Agustín de Esteve y Marqués, los Rubens son identificados como autor “Anónimo”, los Rembrandts como copias, al igual que el Tintoretto.

Jorge Reynoso Pohlenz, director del recinto, explica que no hay un “elemento incontrovertible” para la autentificación de obras y explica que autentificar es como un proceso científico, que puede ser respaldado y obtener convencimiento, pero también cuestionado y corregido con el paso del tiempo.

En este caso, Reynoso Pohlenz señala que a lo largo de los años ha salido información que pone en duda la autoría de las pinturas, como en el caso de Rubens y Rembrandt, que es muy difícil ser certeros porque se hacían copias de sus obras incluso cuando los autores estaban vivos.

¿Entonces, ahora que se pone en duda la autoría de estas pinturas, el gobierno aceptó obras de menor valor? Reynoso Pohlenz opina que se trató más de una transacción de valor simbólico, que monetario.

“Yo creo que aquí vieron un área de oportunidad para que (hubiera obra). Está la frase ‘a lo perdido lo que se encuentre’. Hay quienes adquieren arte porque es parte del capital simbólico y les falta el prestigio que da adquirir obra y ser un benefactor de las artes y eso siempre ha ocurrido entre figuras del poder”.

¿No podría ocurrir un caso similar como con el Botticelli y confirmar la autoría de las otras pinturas de Wenner-Gren? Reynoso dice que el museo no se cierra a esa posibilidad. Recientemente un investigador extranjero fue al museo y una pintura —que no fue de Wenner-Gren— ya llamó su atención, pero el director prefiere no dar más detalles, pues aún no se desarrolla la investigación.

Por otra parte, San Carlos está por comenzar otra serie de investigaciones en sus pinturas junto con el Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, colaborador del museo desde hace años.

Actualmente, dos pinturas de la colección Axel Wenner-Gren se exhiben en San Carlos, en (Des)ordenar la colección desde el género; otras cuatro están de préstamo en el Museo Arocena, en Torreón.

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