El 5 de abril de 1956, la Biblioteca Central y principal emblema del Centro Cultural Universitario de la UNAM fue inaugurada y se convirtió en el principal repositorio bibliográfico universitario con capacidad para albergar alrededor de un millón 200 mil libros, además de otros fondos documentales como revistas, tesis e incluso mapas. Mañana, ese inmueble arquitectónico proyectado y revestido por una extraordinaria obra mural del arquitecto y pintor Juan O’Gorman cumple 70 años de ser una de las más importantes bibliotecas universitarias con arquitectura mexicana de primer nivel.
La Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México es la más importante de las 150 bibliotecas universitarias que conforman el Sistema Bibliotecario y de Información de la UNAM (SIBIUNAM), y posee uno de los acervos bibliográficos más grandes de México en una sede de las más hermosas gracias al mural Representación Histórica de la Cultura, de Juan O’Gorman, que en 2007 fue declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad, junto con el campus central de la Ciudad Universitaria, asegura su directora, la doctora Elsa Margarita Ramírez Leyva.
También directora general de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información de la UNAM, Ramírez Leyva afirma que O’Gorman ideó el edificio y adecuó los espacios y ambientes para la comunidad lectora, para el personal y para todo lo que sería la colección documental, “Sabiendo que cada uno tiene necesidades y características diferentes”, pero contó con un amplio equipo de asesores que definieron las características y funciones de la biblioteca. “En ese entonces se pensaba en que fuera una biblioteca nacional, pero después ya se orientó hacia la biblioteca universitaria central”.

Dice a EL UNIVERSAL que hoy, a siete décadas de su creación, es una biblioteca con todo el potencial para irse adecuando a los nuevos tiempos, como lo ha hecho en estos años. “El arquitecto Juan O’Gorman fue un visionario; estamos hablando de que antes de los años 50, ya había un paradigma de pensar en estructuras funcionalistas, edificios que estuvieran acorde a las funciones de biblioteca y a atender lectores, pero además también una visión naturalista. Y eso lo vemos en sus murales de piedras naturales. Él concibió lo que sería la obra de arte, cómo iban a ser los murales, concibió todo el edificio que es una obra de arte que da servicio a la comunidad”, recalca Ramírez Leyva.
Agrega que gracias a la flexibilidad que les dejó Juan O’Gorman han logrado irse adaptando a las innovaciones “y hasta adelantándonos un poquito a lo que pueda venir a futuro, porque ahora hay que ver ya hasta el 2050”. Además apunta las varias acciones que han hecho desde 2018 a la fecha, pero que la profunda remodelación que está viviendo la sala principal será más visible en agosto, cuando planean hacer la reapertura con una placa conmemorativa y un programa de actividades culturales, artísticas y académicas para toda la comunidad.
“A partir de 2018 incorporamos aulas colaborativas para que la gente pudiera platicar, tener incluso alguna actividad virtual o híbrida. Tenemos una salita de literatura infantil porque los fines de semana vienen personas con sus niñas y niños. Queremos incorporar más aulas colaborativas para que la gente socialice y, pensando en el futuro, que sean más interactivas con tecnología de realidad aumentada, realidad virtual. Ya tenemos una sala así que se hizo con el ICAT (Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología) de la UNAM. En el piso 8 se creó una Comiteca con pantallas, tabletas y una amplia colección de cómics y manga. Además hay silloncitos para una lectura de placer”, apunta la directora.
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Aunque a lo largo de los años ha tenido varias adecuaciones y remodelaciones, que ha incluido pasar a estantería abierta, préstamo a domicilio, salas de lectura en cada piso, elevadores, automatización y digitalización de sus acervos, recursos electrónicos de información, aulas digitales y recuperar una más amplia iluminación natural, es hasta este año —en el marco de sus siete décadas— que la Biblioteca Central ha entrado a una remodelación más intensa y profunda por vez primera, que en particular se centra en la sala principal de consulta y lectura que ya se encuentra en medio de una intervención mayúscula.
“Ahorita se está modernizando toda la parte de la sala de lectura, se cambió el piso con un tipo de piso que ya no hace mucho ruido para que no moleste. Ya se pintó, se arreglaron las luminarias, el techo también se arregló, se modernizaron áreas de trabajo, ya trabajamos en la propuesta para mobiliario que sea más confortable, pondremos aulas con más tecnología, y en el jardincito la idea, si se puede, es poner espacios con techos de energía solar, ir reduciendo lo más posible la basura tecnológica y también impulsando a las bibliotecas hacia la sustentabilidad, que es un eje rector de la Universidad. Tendremos una salita de juegos y videojuegos que se están incorporando al proceso de enseñanza-aprendizaje”, agrega la doctora, quien dice que incluso ya cuentan con un sistema de detección de humo muy moderno que está conectado con bomberos.
Pero también apuesta por un manejo más de espacio cultural para la comunidad. La Biblioteca Central no sólo ha impulsado la promoción de la lectura y ofrece actividades de lectura con las infancias, personas adultas y comunidad general; ahora busca ser un “espacio de socialización intergeneracional, entre distintos grupos, para favorecer la convivencia, porque hace mucha falta la relación humana directa”.
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Ahí juega también un papel importante la promoción en todo el sistema de bibliotecas de Espacios violeta, que son colecciones relacionadas con el tema de género, afirma la directora, y dice que en la UNAM se publica mucho, pero la idea en las bibliotecas es hacer el acervo visible de esta forma, acompañado de actividades. En algunas bibliotecas universitarias son pequeñas salitas, y en otras, como en la Biblioteca Central y por motivos de remodelación, son un área de la estantería.
La Biblioteca Central alberga un acervo de alrededor de un millón de volúmenes, en su gran mayoría libros, pero también otros materiales. Tiene colecciones especiales donde hay obras mexicanas y extranjeras impresas en el siglo XIX y XX que son primeras ediciones, obras de tirajes cortos, ediciones conmemorativas o con formatos especiales, o que son colecciones personales, como la llamada “Tobías Chávez Lavista”, con 522 impresos y 23 manuscritos.
Además del Fondo Antiguo con materiales impresos de entre los siglos XV y XVIII, entre los que destaca la que consideran una de sus grandes joyas: Las siete partidas, de Alfonso el Sabio, todos los demás ya son de imprenta de siglo XVI y algunos del XVII.
Con esa riqueza documental, la Biblioteca Central de la UNAM se prepara para celebrar sus 70 años. El próximo lunes 6 de abril, a las 18 horas, la estudiantina de la Facultad de Contaduría y Administración le llevará las “Mañanitas”; sin embargo, la gran fiesta de aniversario y de reapertura está planeada para agosto, con una gran exposición, un libro conmemorativo, un concierto en la sala Nezahualcóyotl, la develación de una placa, una carrera deportiva y un billete de Lotería, entre muchas otras actividades con las que celebrarán un inmueble simbólico que en su mural representa la historia de México, pero que también mira hacia el futuro.
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