Este año se conmemora el trigésimo tercer aniversario de la Fundación UNAM, y yo, por mi parte, festejo también 53 años de vida universitaria.

Me resulta grato participar en la celebración de este feliz aniversario de la Fundación UNAM, asociación civil que apoya a la UNAM y, en consecuencia, a nuestro país, a través de una amplia variedad de proyectos de respaldo a la docencia, a la investigación y a la extensión de la cultura, así como con múltiples acciones específicas de gran impacto. Siendo todo ello importante, destaco los siguientes programas que, a mi juicio, resultan de una relevancia excepcional: el Programa de Procuración de Fondos y el Programa de Apoyo Nutricional a Estudiantes de Bajo Rendimiento y Escasos Recursos.

Por otra parte, mi vínculo con la Máxima Casa de Estudios inició en 1973, cuando ingresé a la Preparatoria 7. Posteriormente, me inscribí en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de nuestra Universidad. Concluida esa primera carrera, algunos años después estudié la licenciatura en Economía, en el Sistema Universidad Abierta de la Facultad de Economía. Es pertinente señalar también que, a partir de 1977 y hasta 1995, tuve la oportunidad de terminar los cursos completos de inglés, francés, alemán, italiano y portugués, además de dos semestres de ruso, que se impartían en el entonces Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras, donde recibí una sólida formación en el conocimiento de idiomas, lo que me permitió, sobre todo, confirmar mi perseverancia y disciplina.

Sobre mi trayectoria profesional de 42 años en la UNAM, puedo decir que ésta inició en 1982, cuando realicé mi servicio social en el Programa Universitario de Alimentos. En 1983 fui contratado como responsable del Subprograma de Diagnóstico y Prospección Científica y Tecnológica de ese Programa, cargo que ocupé hasta 1988. Posteriormente, de 1989 a 1996 tuve diferentes nombramientos en la Coordinación de la Investigación Científica: fui jefe de la Sección de Análisis de Información y después, de manera secuencial, estuve a cargo de las siguientes secretarías técnicas: Secretaría Técnica de Extensión, Secretaría Técnica del Consejo Técnico de la Investigación Científica, y Secretaría Técnica para Asuntos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y Relaciones Internacionales.

En 1996-1997 fui secretario de enlace y difusión en el Programa de Educación a Distancia de la Universidad. En 1997-1998, en la entonces Dirección General de Servicios de Cómputo Académico fungí como coordinador de planeación. En el Consejo Académico del Área de las Ciencias Biológicas, Químicas y de la Salud trabajé inicialmente como asesor, de 1998 a 2005 y, después, como secretario, de 2005 a 2012.

A partir de 2012 y hasta 2016 tuve el nombramiento de secretario particular del secretario general de la UNAM. Después fui coordinador del Programa Universitario de Alimentos de la UNAM, de 2016 y hasta 2021. Actualmente, y desde septiembre de 2021, me desempeño como secretario auxiliar de la Dirección de la Facultad de Química.

Como se puede apreciar en este breve recuento, he tenido un amplio desarrollo profesional trabajando en posiciones importantes en entidades académicas y dependencias de la mayor relevancia institucional en nuestra Casa de Estudios, lo que constituye un gran motivo de orgullo para mí.

Quiero resaltar que, en 1977, cuando cursaba el cuarto semestre de Veterinaria, nuestro profesor de Zootecnia General, el doctor Jesús Santoyo Vargas, nos recomendó la lectura del libro Geopolítica del hambre. Ensayo sobre los problemas alimentarios y demográficos, de Josué de Castro, cuyo aporte fundamental es, desde mi punto de vista, la afirmación de que el hambre no es un hecho natural, sino un hecho provocado por el hombre. Y la historia del hambre en el mundo constata tristemente esa afirmación, como lo podemos apreciar hoy en día con el uso de los alimentos como arma de guerra, lo que provoca hambruna en el conflicto que se desarrolla en la Franja de Gaza. A partir de esa lectura nació mi interés y una fuerte vocación por el estudio de la alimentación humana en general, área en la que me he formado de manera autodidacta y la cual sigo cultivando permanentemente hasta el día de hoy y, estoy seguro, lo seguiré haciendo hasta el día que deje de comer tortilla.

Desde entonces he estado interesado en las cuestiones alimentarias en general y, particularmente, en lo relacionado con el análisis de políticas alimentarias en México, vocación que se cristalizó en 1983 al desempeñarme como responsable de un Subprograma en el Programa Universitario de Alimentos de nuestra Universidad y, algunos años más tarde, en 2016, como coordinador de éste.

Tomando en consideración un análisis de más de 50 años de planes y programas de alimentación gubernamentales, y a pesar de los muchos esfuerzos realizados por las distintas administraciones durante ese periodo, se puede afirmar que nuestro país en la actualidad sigue dependiendo en gran medida de importaciones del extranjero para asegurar el abastecimiento de la mayoría de los alimentos básicos que ingiere nuestra población. Por otra parte, en el ámbito del consumo alimentario, hoy en día enfrentamos al que considero es el problema número uno de salud pública de nuestro país: la epidemia de sobrepeso y obesidad, que tiene un gran impacto en la salud de la comunidad y en la economía nacional, y que debe ser atendida cabalmente. Por lo anterior, reitero una vez más la urgente necesidad de establecer una política alimentaria nacional, integral y al más alto nivel en la esfera pública.

Agradezco a la Universidad de la Nación y a todos los distinguidos académicos universitarios con los que he tenido oportunidad de colaborar durante todos estos años por todo el apoyo que me han brindado. Finalmente, deseo una larga vida institucional a la Fundación UNAM.

Secretario auxiliar de la Dirección, Facultad de Química, UNAM

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