La calidad literaria de su prosa, el sentido de la autoficción en su obra, el papel de la memoria y su relevancia en el ámbito universitario en México fueron algunos de los puntos que escritores y amigos de Gonzalo Celorio reconocieron durante el homenaje que se le rindió esta tarde en la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni)
Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, fue la primera en tomar la palabra y lo describió no sólo como un gran maestro; sino como coordinador de Difusión Cultural y presidente de la Academia de la Lengua:
"No fue mi maestro en las aulas pero ha sido mi maestro de muchas maneras", dijo.

Otro de los invitados a la mesa, el escritor Eloy Urroz calificó al mexicano el autor de la mejor prosa en español en la actualidad:
"O una de las mejores, algo que hoy a casi nadie le interesa porque no saben que las palabras importan (...) Como decía Lezama Lima: sólo lo difícil es estimulante".
Verónica Murguía centró su participación en "Los apóstatas", novela de Celorio que, en una primera lectura, le "deslumbró y le partió el alma".
"Es una novela desgarradora porque Gonzalo tuvo que contar cosas que le fueron reveladas por la literatura, al tratar de introducirse en la psique de sus hermanos", afirmó Murguía. "Gonzalo, el apóstata, encontró la literatura y la literatura lo bendijo de regreso", agregó.
Las palabras del poeta Eduardo Casar añadieron algo de humor a la mesa:
"He trabajado en varias novelas de Gonzalo Celorio como personaje". Calificó a Celorio como el fundador de la autoficción en la literatura mexicana. Y destacó que ese concepto es una especie de vía de la sinceridad.
La académica, Mary Frances Teresa Rodríguez Van Gort, dijo que Celorio es "profunda y entrañablemente, un alma de nuestra Facultad". Señaló que allí, en la Facultad de Filosofía y Letras, fue donde se formó, empezó a enseñar y después trabajó activamente como director:
"Quienes han tenido la fortuna de escucharlo saben que sus clases nunca parecen aisladas: dialoga con la filosofía, las artes, la arquitectura, la ciudad, la memoria y, por supuesto, dialoga con la lengua".
Para Celorio, abundó, enseñar literatura, no ha constituido transmitir conocimiento sobre autores o libros, sino "enseñar a mirar una ciudad y descubrir sus capas de historia, una novela y reconocer en ella una forma de comprender el mundo, una palabra y descubrir detrás de ella siglos de memoria, de imaginación y cultura".
Con el Premio Cervantes se reconoció no sólo a un gran narrador, cronistas y ensayista, sino a un universitaria que hizo de la literatura una forma de enseñanza: "Gracias por haber hecho de la palabra una de las formas más generosas de nuestra vida universitaria".
Para cerrar, Celorio tomó la palabra y dijo, con cierto humor: "Siento que este homenaje tiene algo de póstumo. Agradezco mucho las intervenciones de mis queridos amigos", quienes abordaron diferentes aspectos tanto de su literatura como de sus funciones académicas y universitarias.
"La universidad ha sido para mí mi casa, estamos en un recinto universitario, una feria universitaria. Eso me resulta particularmente identitario".
Agradeció la presencia, en el público, del exrector José Sarukhán y añadió que éste decía que "ninguna universidad del mundo es a su país lo que la UNAM es a México".
Sobre el Premio Cervantes señaló que "según el acta que tuve la oportunidad de leer, la candidatura la presentó la UNAM" y que el premio se daba a un perfil integral, un hombre cuya vocación abarcaba la escritura y la docencia.
Mencionó, además, que el exilio español republicano fue crucial en su formación: "Buena parte de mis maestros eran exiliados españoles refugiados en México". Y mencionó a Luis Rius, Ramón Xirau y Adolfo Sánchez Vázquez, entre otros.
Por último, al agradecer a cada uno de los participantes en la mesa, reconoció, en particular, la calidad literaria de Verónica Murguía.
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