Entrevista con Enrique Krauze: Padecemos abuso de utilización de la historia con fin político

El intelectual afirma que hay un abuso en el uso e invocación de la historia y sus personajes para fines políticos. Los historiadores deben servir al saber y no doblegarse al poder, añade

"La palabra presidencial siempre tiene que utilizarse con prudencia": Enrique Krauze
Enrique Krauze, historiador. Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL

La historia, afirma Enrique Krauze, ha sido muy manipulada por el poder desde tiempos del PRI, cuando había una historia oficial. El historiador, ensayista y editor señala que en la actualidad padecemos un abuso en la utilización y la invocación de la historia y de los personajes de la historia para fines políticos, pero también un abuso en el ataque a los periodistas en un país en donde ejercer el periodismo es ya de por sí una labor muy peligrosa.

En entrevista con EL UNIVERSAL, desde Madrid, un día después de recibir el III Premio de Historia Órdenes Españolas, el intelectual mexicano asegura que hoy en día se ha vuelto a discutir mucho la historia en términos de blanco y negro, “para desde el poder decretar quién es bueno y quién es malo”.

Igual que en su discurso de recepción del Premio que recibió de manos del rey Felipe VI, Krauze (Ciudad de México, 1947) habla de la genealogía de historiadores que ha tenido México, y del valor de la historia. Además hace un llamado a la concordia, a terminar con los odios y las discordias porque dice que la historia demuestra que “un pueblo desgarrado por la discordia se encamina a la guerra civil”.

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¿La importancia de la historia radica en pensar el saber para beneficio de todos, para beneficio de las sociedades y de los países?

Le voy a dar un solo ejemplo, uno solo, en el siglo XVI Fray Bernardino de Sahagún llega a México para combatir las idolatrías de los indígenas y se enamora de México y se da cuenta de que la destrucción ha sido terrible y vasta, no solamente de la civilización y la cultura, sino también de la memoria y organiza a los informantes indígenas, a los que quedaban, los que tenían memoria, y gracias a él y a otros muchos se conserva la memoria en náhuatl, en español, con pictografías, de una parte de ese pasado mesoamericano y de ese pasado mexica que se perdió. Ahí tiene un ejemplo de un historiador, de una persona ocupada por rescatar el pasado, porque no se pierda la memoria.

¿Su discurso fue un ejemplo del valor que tienen la historia y los historiadores para pensar el presente?

Desde Heródoto los historiadores están, existen, para que no se pierda la memoria, pero además de no perder la memoria, está el intento y la vocación de explicar y de comprender al pasado. Es más importante comprender que juzgar, el historiador no está para juzgar, la historia no es un tribunal, necesitamos documentar, explicar y comprender el pasado; esa es la esencia de lo que yo quise transmitir sobre la importancia del historiador. Y en México en particular, nos hace falta que haya conciencia de la labor de tantos historiadores a través de las generaciones, gente que busca estudiar el pasado para servir al saber, al conocimiento, y no permitir que se politice la historia y que la historia se utilice políticamente para servir al poder.

¿No acabamos de comprender a los historiadores? Hay periodos donde los historiadores son celebrados pero hay periodos donde son denostados.

Yo creo que en México ha habido siempre, generación tras generación, historiadores que se han ocupado del pasado y que ojalá sus obras se conozcan más y circulen más, siglo tras siglo los hemos tenido y es una vocación noble, pero no creo que los mexicanos estemos peleados con la imagen del historiador.

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El miércoles, Enrique Krauze recibió de manos de Felipe VI el Premio de Historia de Órdenes Españolas. Foto: EFE. BALLESTEROS POOL

¿Estamos los mexicanos peleados con la historia?

La historia ha sido muy manipulada por el poder, desde tiempos del PRI, por ejemplo, en donde había una historia oficial y ahora se ha vuelto a discutir mucho la historia en términos de buenos y malos, de blanco y negro para desde el poder decretar quién es bueno y quién es malo, quiénes en la historia fueron buenos y quiénes malos; bueno, yo creo que esa postura política sirve al poder pero no al saber; que en la historia la mejor manera de acercarse a ella es con un espíritu comprensivo para tratar de entender los procesos, las estructuras, las coyunturas, los personajes, y esa es la labor de los historiadores. Por eso todo lo que he querido hacer es poner en relieve a esas generaciones y a esos maestros de mi propia generación.

Los gobernantes, y no sólo los mexicanos, tienen la tentación siempre de querer utilizar la historia y a los protagonistas de la historia ¿por qué esa tentación?

Es muy antigua. Digamos, el sha de Irán se veía como un descendiente de los antiguos persas, o los revolucionarios rusos se veían en el espejo de la Revolución Francesa, es una tendencia histórica de los gobiernos y de los revolucionarios y de los gobernantes muy marcada, es algo real y existe en casi todas las sociedades, pero frente a eso, los historiadores tenemos el deber de recordar que la historia fue más compleja, que la historia no fue blanca y negra, y que el presente se hace y que el pasado está ahí para estudiarse, comprenderse y aprender de él, no para utilizarlo, porque por más que el sha de Irán haya querido verse como un emperador persa, como Ciro o como Darío, no lo era porque el siglo XX no era el siglo IV o V antes de Cristo. Entonces los historiadores estamos para recordar y para reivindicar el pasado en sus propios términos, no para que se le utilice.

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“Insisto en la necesidad del diálogo, del auténtico diálogo respetuoso, de distintos puntos de vista y de la concordia, es decir, la capacidad de escuchar y de ser escuchado”

¿Y sin embargo en este momento hay como un deseo de volver al pasado, de vivir glorias del siglo pasado?

Hay cosas que hay que recordar y hay momentos buenos en la historia pasada que conviene conmemorar, pero lo que yo creo es estamos padeciendo una especie de un abuso en la utilización y la invocación de la historia y de los personajes de la historia para fines políticos, eso es lo que estamos viviendo, no sólo en México también en otros países, pero en México la forma de enfrentar eso de una manera civilizada y democrática es recordar, por eso repito el valor del conocimiento histórico.

Hay otro abuso constante: acusar y acosar la libertad de expresión y a la crítica al poder que es el gran tema que usted ha estudiado con profundidad

Creo que hay una asimetría en que desde el poder, desde la mayor tribuna del poder con todos los recursos de toda índole, se ataque y ataque a los periodistas en un país en donde ejercer el periodismo es ya una labor tan peligrosa. Entonces cuando la palabra presidencial se utiliza para atacar a periodistas y además para atacarlos con nombre y apellido, ni siquiera exhibiendo datos verdaderos sino sólo para atacarlos, difamarlos, bueno, esto es altamente riesgoso.

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¿La polarización, el discurso del odio?

A mí lo que me preocupa es que un buen día esos ataques, que son verbales, pasen a que cualquiera se sienta con las ganas de tomar una pistola y matar al periodista crítico para defender la visión del poder, ese es el peligro.

La palabra presidencial siempre tiene que utilizarse con prudencia, el poder tiene que ser moderado, debe ser prudente, sensato, moderado, sobre todo en los hechos, pero también en las palabras; usarlo como se ha estado usando es altamente injusto, es asimétrico, es ilegal, pienso también porque hay jurisprudencia en el sentido de que esto no debe ocurrir, pero más que nada es altamente peligroso y antidemocrático.

¿Sobre todo en un tiempo donde las redes sociales son incendiarias?

En todo el mundo se está viviendo eso, la polarización es muy lamentable y existe en México; pero lo que yo temo es que esa exacerbación de la violencia en las redes, que finalmente es una violencia verbal, pase a la violencia real, por eso una y otra vez he insistido en convocar, en invocar la concordia, el valor de la concordia, que no quiere decir estar de acuerdo.

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¿Por eso la insistencia de su llamado a recuperar la concordia?

Concordia es lo contrario de discordia, un corazón desgarrado por la discordia; un pueblo desgarrado por la discordia se encamina a la guerra civil, esa es la desembocadura, por desgracia ha sido siempre, ha ocurrido siempre en los países desgarrados por la discordia. Una y otra vez he insistido en la necesidad del diálogo, del auténtico diálogo respetuoso, de distintos puntos de vista y de la concordia, es decir, la capacidad de escuchar y de ser escuchado. Bueno para eso falta mucho en México, hay ruido y violencia inaudita, sobre todo en las redes, pero hay llamados como este, y de la inmensa cantidad de mexicanos que lo que queremos es una atmósfera de mayor respeto y de menos crispación, y en esto el poder presidencial tiene una tarea pendiente que espero que escuche con sensibilidad y modifique sus actitudes.

¿Hay que acabar con los odios?

El odio es un fundamento imposible para una convivencia civilizada.

¿La libertad por sobre los fanatismos de la identidad que afectan a la democracia?

Naturalmente en el discurso del premio no me centré en eso, fue un discurso de historiador en el cual puse en valor, me dio mucho gusto hacerlo, tenía el deber de hacerlo, la visión de los vencidos, como diría el inolvidable Miguel León-Portilla, la heroica actitud de Cuauhtémoc, la grandeza de las civilizaciones mesoamericanas, eso lo dije allí y luego también me referí a todo lo construido en los siglos de la Nueva España y en la relación de México y España. Yo creo que es una historia compleja, donde hay dolor, donde hay destrucción, pero también construcción, veamos todos los aspectos de la historia, no solamente uno. Y recordemos los periodos del siglo XIX, donde tanto España como México se hundieron en la discordia civil y en el odio, pues desembocaron en la guerra civil.

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¿Los historiadores tienen la gran responsabilidad de defender la historia para el saber y no para el poder?

Ese es mi mensaje, el resumen de lo que yo quiero decir. Los historiadores debemos servir al saber y nunca doblegarnos al poder ni permitir que el poder utilice la historia para sus propios fines que son otros y legítimos. El poder, el político, tiene una vocación y fines legítimos, pero el científico o el historiador tiene otros fines que son legítimos también, y es muy difícil que coincidan, sino imposible, los fines del poder con los fines de saber.

Este año revisamos la historia de hace cinco siglos entre España y México, ¿es central decir que somos mexicanos porque somos españoles?

Y también indígenas y también europeos y también italianos y también polacos y también judíos y también japoneses y chinos, México ha sido mucho, hay que discutir estos temas, no solamente la Conquista, sino los 500 años que la siguieron, hay que discutirlos y espero que en esa discusión prive la civilidad y que se escuchen a los historiadores; los políticos dirán lo que quieran decir, pero que se escuche a los historiadores.

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Este debe de ser el año en que los historiadores, no solamente mexicanos, sino mexicanos, españoles, estadounidenses que los hay extraordinarios, franceses, alemanes, porque estos temas han interesado a historiadores de todas las latitudes desde hace muchísimo tiempo, ojalá y ellos intervengan.

Este año es un año vital para escuchar a los historiadores y es un año donde el Presidente ya habla de la sucesión presidencial…
Yo realmente quiero defender en los hechos la historia y no quiero politizar mucho esta misma conversación, creo que debemos construir nuestra propia agenda de conocimiento y de diálogo y no solamente la que está a todas horas privando a partir de la Presidencia de la República.
 

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