Una contradicción recorre el : por un lado, encontrar en México una compilación amplia, profunda, de su teatro fue imposible durante mucho tiempo; por el otro, su obra es universal, está en todas partes, afirma la ensayista, poeta y doctora en Literatura Hispánica por El Colegio de México Claudia Kerik.

Un ejemplo de este impacto es su obra más escandalosa y clandestina, , cuyo argumento traza una especie de rueda de la fortuna o carrusel por donde desfilan varias parejas sexuales. “Le ha dado la vuelta al mundo, se interpreta hasta la fecha con otros nombres. Esa obra está al día de hoy representándose en algún escenario o cine”, explica Kerik, quien es una de las editoras de Últimas máscaras, libro que reúne 20 piezas teatrales en un acto, inéditas, del escritor austriaco.

Arthur Schnitzler junto a su familia (Estudio d’ora, 1910). Foto: Imágenes del libro “Ultimas máscaras”.
Arthur Schnitzler junto a su familia (Estudio d’ora, 1910). Foto: Imágenes del libro “Ultimas máscaras”.

Por no mencionar el ejemplo más conocido: Eyes Wide Shut, la adaptación que Stanley Kubrick hizo de Relato soñado. Está la presencia de Schnitzler, continúa Kerick, pero su teatro, en realidad, no tiene el papel debido en nuestro ámbito. Se trata de un dramaturgo que se midió con los gigantes de su tiempo, como Ibsen o Strindberg, señala: “Su teatro es vastísimo y sólo está esa obra, que es escandalosa, dándole la vuelta, pero no está su teatro selecto, el teatro que trajimos en este libro y muchas otras obras que no se han traducido al español. Fue un escritor muy versátil y las obras que han trascendido y se han popularizado son esa pequeñita y la novela que Kubrick llevó al cine, Relato soñado, y lo volvió sumamente famoso. Está esa paradoja, yo creo que no es sólo que no llegó, sino que llegó de otra manera y está todo el tiempo vigente”.

Detrás del esfuerzo por difundir en México el teatro breve de Schnitzler puede rastrearse el consecutivo auge y decadencia en la repercusión de su obra. Los editores, Kerik y Hugo R. Miranda, investigador obseso de Schnitzler y asistente en dos proyectos cinematográficos de Jaime Humberto Hermosillo, cuentan que cuando el nazismo llegó al poder, una parte de la obra de Schnitzler intentó ser destruida. Para salvarla, la viuda de Schnitzler le dio el material a un estudiante de Cambridge. La historia impresionó a Kerik y a Miranda, quienes abundan: Schnitzler murió en 1931 y con el ascenso de Hitler al poder, dos años después, empezó la persecución, la cruzada de censura y purificación emprendida por los nazis contra el arte inmoral.

El libro sobre Arthur Schnitzler incluye un collage con programas de mano y pósters para teatro y cine llevados a cabo en México. Foto: Imágenes del libro “Últimas máscaras”.
El libro sobre Arthur Schnitzler incluye un collage con programas de mano y pósters para teatro y cine llevados a cabo en México. Foto: Imágenes del libro “Últimas máscaras”.

El estudiante de Reino Unido recibió, de último momento, las obras que salvó. “De ahí son muchas de las cosas que hemos rescatado. Es impresionante ese legado porque Schnitzler fue muy famoso en vida, pero la parte que se salvó del fuego, de la destrucción, nos conmovió. Hay materiales que Hugo y yo pedimos del archivo y nos empezaron a enviar. Hugo pagaba por esos envíos que se hacían desde el archivo en Cambridge: piezas inéditas que se quedaron así, en sobres, cosas que Schnitzler no alcanzó a publicar, eso fue lo que se rescató. Hay un valor doble: no es sólo traer los relatos o las obras de Schnitzler, sino traer un material muy sensible”.

Aunque Últimas máscaras —que lleva los sellos de Ediciones del Lirio, Schnitzlerian Mexicana, Embajada de Austria en México, Foro Cultural de Austria y Federal Ministry Housing, Arts, Culture, Media and Sport Republic of Austria— vio la luz hace unos meses, el proyecto tuvo un antecesor:

“Antes de este libro publicamos otro que también contenía algunas obras de teatro inacabadas y otros materiales. La idea nació con la intención de recuperar el material que salió después de su muerte, que había permanecido inédito y que fue recuperado por los investigadores que permitieron el renacimiento de Schnitzler. Es un primer volumen que se llama Fragmentos de guerra, en el que recuperamos algunos relatos, obras de teatro, borradores que giraban en torno al tema de la guerra, acompañados también de ensayos de especialistas.

La idea de Últimas máscaras fue anterior a ese primer volumen que publicamos, pero como era teatro, no tuvimos suerte con los editores sin que fuera el libro de 900 páginas que es ahora”, detalla Miranda.

En Fragmentos de guerra se incluye, por ejemplo, un texto inconcluso, Relato del aventurero, que se publicó póstumamente una sola vez, mientras que en Últimas máscaras puede leerse Las fuentes del Nilo, pieza inédita incluso en alemán.

En la primera mitad del siglo XX, la obra de Schnitzler fue del interés de figuras como Xavier Villaurrutia, que hizo puestas en escena y adaptaciones. Foto: Imágenes del libro “Ultimas máscaras”.
En la primera mitad del siglo XX, la obra de Schnitzler fue del interés de figuras como Xavier Villaurrutia, que hizo puestas en escena y adaptaciones. Foto: Imágenes del libro “Ultimas máscaras”.

“Además de que hay 20 piezas breves en un acto que son una novedad, hay una pieza que es exótica y que ni siquiera conocen los investigadores de Schnitzler”, retoma la palabra Kerik. Miranda detalla que si bien las 20 obras son inéditas, mientras el libro estaba por mandarse a imprenta (tuvo varios retrasos por cuestiones presupuestales) coincidió que en España —estima que a finales de 2025— aparecieron tres piezas en una pequeña editorial de teatro.

También explica que el oscurecimiento de la obra de Schnitzler se debió a la persecución de los nazis y las críticas de detractores quienes lo señalaron, en la última década de su vida, justo cuando hizo sus novelas más célebres, de ser un autor empolvado por el Imperio Austrohúngaro. Otro factor que quizá tuvo relación con su oscurecimiento fue que Schnitzler era un hombre muy celoso con el cobro de los derechos de autor. No obstante, el peso indiscutible fue ser un escritor judío en tiempos del nazismo —el hijo de Schnitzler, que fue director de teatro, y un grupo de académicos se encargaron de difundir y recuperar sus obras.

El ámbito mexicano no estuvo exento de este oscurecimiento. Miranda continúa: quien trajo las obras de Schnitzler a México fue el crítico teatral Armando de Maria y Campos.

Hay constancia, dice, de que leyó Anatol en un programa de radio que tenía. Obra que, años después, Rodolfo Usigli llevó a escena.

En los años 40, José Moreno Villa tradujo La señorita Elsa, la cual tuvo una traducción previa, también hecha por un mexicano que figura como la primera en español.

Xavier Villaurrutia escribió un guión de cine y lo registró ante la Sociedad de Escritores Mexicanos, adaptando “La muerte del solterón”, un cuento de Schnitzler: “Es un guión que nunca se filmó, años después, Villaurrutia adaptó ese guión a una obra en un acto que representó y tuvo poco éxito”, dice Miranda.

A ese cuento, Alejandro Casona le llamó Las tres perfectas casadas en la película de Roberto Gavaldón. A Benito Alazraki se le debe otra versión de Las tres perfectas casadas.

Antonio Zavala Kugler hace una adaptación mexicana de La ronda en la cinta Deseo.

Una figura crucial en la revaloración de Schnitzler fue Sergio Pitol, quien lo menciona en sus ensayos y cita su influjo en la novela El tañido de una flauta. A Pitol y Margo Glantz se les debe, además, la publicación de La señorita Elsa, Morir y El teniente Gustl para la coedición de Siglo XXI y la SEP. Guillermo Fernández fue otro entusiasta, tradujo El retorno de Casanova, y Juan Villoro hizo lo propio con la antología Engaños.

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