Alfonso Armada (España, 1958) ha desempeñado el oficio de periodista desde distintas perspectivas, entre las que destacan conflictos armados como el cerco a la ciudad de Sarajevo o el genocidio de Ruanda. A pesar de ser testigo de crímenes de guerra y ver en ojos propios los horrores de ella, Armada cree todavía en la y subraya la necesidad de conocer a profundidad a los otros para construir entrevistas que valgan la pena ser leídas.

El periodista, quien también es director de teatro, ha sido corresponsal en África del diario español "El País" y corresponsal en la ciudad de Nueva York para el diario ABC. Fue también presidente de la sección española de Reporteros sin fronteras y es autor de diversas publicaciones.

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Su más reciente libro, titulado “El arte de la entrevista. De David Bowie a Adam Zagajewski” (Editorial Turner, 2022) funciona como una recopilación de entrevistas a diferentes personajes de la cultura, el arte y el espectáculo, en donde Armada plasma su tesis principal: la principal función de la entrevista es conocer al otro a profundidad.

En un mundo donde la información cada vez se vuelve más viral y veloz y en un presente donde se desprestigia a los periodistas por el simple hecho de hacer su trabajo, Armada expresa su preocupación y hace hincapié en construir periodismo desde la profundidad, con historias que valgan la pena ser contadas. También hace un llamado a los periodistas jóvenes a construir periodismo de investigación y conocer lo más posible a cada uno de los entrevistados.

¿Cuál es el objetivo de una entrevista periodística?

El objetivo principal de una entrevista periodística es conocer al otro, meterte en la vida del otro de la forma más profunda que puedas. Tenemos que distinguir cuando la entrevista es un género en sí mismo, es decir, cuando va a constituir un artículo periodístico basado en la entrevista, o cuando formará parte de una crónica o reportaje, en donde las entrevistas son fundamentales para construir reportajes. Creo que hay un abuso de entrevistas muy superficiales, banales, sobre todo en radio y televisión, que se hacen sin pluma y sin preparación y sin un tiempo profundo para que se establezca una corriente entre el entrevistado y el entrevistador que pueda llevar a un lugar insospechado e interesante.

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¿Cómo podemos llegar realmente preparados a una entrevista y que no nos tome por sorpresa?

Es indispensable leer y hacerlo con detenimiento, hay que tomar notas, construir preguntas de la obra del entrevistado y conocer detalles de la vida del personaje. Es fundamental leer otras entrevistas previas. Hay que conocer personajes que rodeen a nuestro entrevistado y que sirvan para alimentar la entrevista. Entre más sepas del otro, podrás hacer preguntas más ricas y que denote un interés de tu parte y que no se vea que sólo estás cumpliendo con una papeleta. Debido a la inmediatez que domina actualmente a los medios de comunicación, vemos entrevistas que son realizadas sin mucha profundidad, hay periodistas que hacen más de una nota al día y eso conlleva que no lleguen bien preparados a las entrevistas, como autor uno se compadece de compañeros que tienen que hacer más de una nota al día, lo que sucede ahí es que se empobrezca el trabajo periodístico.

¿El periodista debe informar o conocer al otro?

Una de las cosas que tiene la información de nuestro tiempo es que se ha convertido en algo muy superficial, incluso los propios diarios repiten los mismos argumentos de forma banal, se trata de dar verdaderos aportes. Las entrevistas deben estar bien planteadas.

¿Cuál es el trato que debemos darle a los entrevistados de acuerdo a su profesión o a su problemática particular?

Aquí hay diferentes factores. En España, quizá porque la democracia es reciente con la muerte de Franco en el año 75, la democracia es reciente y se ha difundido una especie de falacia o mal entendimiento de esta. Se dice que todos los votos valen lo mismo, que todos los seres son iguales, pero no todas las opiniones valen lo mismo. No es igual de valiosa la opinión de algún experto sobre arte y que ha dedicado toda su vida a especializarse que la de un ciudadano corriente, que puede tener mucha sensibilidad, pero su opinión no valdrá lo mismo. ¿Por qué entrevistamos a unas personas y no a otras? Son muchos factores. Los políticos, por su propia naturaleza, quieren conseguir apoyo y votantes y no responden, saben escurrirse de las preguntas más incómodas. En el caso de un autor o artista lo que intentará es dar a conocer su obra. Entonces, a mí no me interesa hablar con todo el mundo, aunque si estoy paseando por la Ciudad de México y me encuentro con un vendedor ambulante de tortillas, le invito un café y le pregunto por su vida, seguro encontraré un rostro y una biografía interesantes. Los periódicos, como la vida misma, hacen una selección de los temas que nos interesan y no podemos hablar de todo el mundo. Tenemos que seleccionar personas que suscitan interés por cosas que han hecho antes. En el caso de este nuevo libro, es una selección de entrevistas que hice en El País y en ABC que nos parecían interesantes para un amplio espectro de lectores.

Pasando al libro, usted afirma que la entrevista es un acto teatral, ¿a qué se refiere con eso? ¿El lector forma parte de ese acto teatral?

El lector es como el público en un acto teatral. Lo más preferible en una entrevista es hacerlo cara a cara, como la que estamos haciendo ahora a través del Atlántico gracias a la nueva tecnología, sin embargo, yo preferiría que fuera cara a cara de verdad, respirando el mismo aire. Creo que la entrevista es un acto teatral porque cuando uno pacta una entrevista con alguien, se supone que hay una especie de confianza mutua, entre el entrevistado y el entrevistador. Es teatral porque ocurre en el tiempo, hechas cara a cara, ocurren en un tiempo determinado y son irrepetibles. Se producen conexiones que son difíciles de explicar. Cuando uno está haciendo una entrevista, debe estar muy atento a las respuestas del otro, proponiendo que el otro se revele como una especie de epifanía. Hay que utilizar los cinco sentidos para captar todo el momento. No hay que olvidar grabar, eso es indispensable, y hay que captar todas las emociones, expresiones y guiños del entrevistado.

¿Cuál es la entrevista más difícil que has enfrentado?

En el libro hay una de ellas. Fue hace unos años con el filósofo Byung-Chul Han que tiene mucho éxito en España. Fue muy complicado conseguir la entrevista en primer lugar. Desde los primeros minutos de la entrevista se dedicó a preguntar y a buscar datos de mi propia persona, quién era yo, debido a que a él lo habían entrevistado grandes editores y jefes de la prensa alemana, en fin, él no podía perder sus palabras con cualquier persona. Desde el primer momento estuvo incomodo, nos citó en un lugar completamente absurdo, en un bar de Berlín muy ruidoso. Mi pregunta primera fue “¿qué es la Filosofía?”, eso le incomodó mucho. Sin embargo, puede ser una pregunta muy vaga, pero para un filósofo es lógica. Después se puso a coquetear con mi traductora y a mitad de mi entrevista me cortó, me dijo que le mandara mis preguntas por correos. Hubo muchos silencios. No fue una entrevista muy satisfactoria, pero mi admiración por él sigue. El resultado final fue una entrevista mixta, mitad cara a cara y mitad por correo electrónico.

En ese momento de crisis, ¿cómo enfrentaste la entrevista?

Tratas precisamente de demostrar que tienes un interés genuino por él, con preguntas que pueden agradarle. Sin embargo, subrayó que yo habló alemán, entonces hacer entrevistas a través de un intermediario puede ser complicado. Tienes que buscar estrategias para intentar agradarle, para persuadirlo de hablar. Pero hay entrevistados que son auténticos erizos y con los que es imposible hablar. Forma parte de la naturaleza humana.

Pareciera que a veces, como periodistas, no estamos a la altura de ciertos temas o de ciertos personajes. ¿Cuál es el consejo que das para enfrentar esto?

Una fórmula es prepararse a tope y no tener miedo. Tenemos que recuperar la humildad y preguntar antes lo que no sabemos, al final, somos transmisores de esa información o conocimiento y debemos hacerlo bien para los lectores.

¿Cómo afrontas la inmediatez en la que el periodismo está sumergido actualmente?

Los avances tecnológicos son ineludibles. Tenemos que adaptarnos a ellos. Opino que los medios deben encontrar nuevas vías para llegar a sus lectores. Sin embargó, quiero señalar que los medios de comunicación y los periodistas tienen la virtud de entender la realidad, que cada día es más compleja. No debemos olvidar las fórmulas clásicas del periodismo, que tienen que ver con reportajes de largo aliento. El trabajo de investigación y de lectura, el trabajo de lenguaje y eludiendo los lugares comunes y los estereotipos no debe dejarse de lado. Debemos elevar el nivel de conocimiento de la sociedad, pareciera que estamos en una epidemia de cinismo donde nadie cree en nadie, donde las instituciones democráticas han fallado. Pero quiero hacer hincapié en la admiración que tengo de periodistas de países como México haya tantos periodistas jóvenes que, a pesar de trabajar en un entorno muy complicado, muy difícil, se la siguen jugando para tratar de contar lo que la gente debe saber. La verdad es incomoda. Contarla es parte de nuestro oficio.

¿Qué opinión te merece que el presidente de México dedique una sección de su conferencia a desmentir o a desprestigiar a ciertos periodistas o columnistas?

El presidente de México tiene la capacidad de dar su opinión. Tiene un altavoz inmenso que ha utilizado de forma abusiva, me parece. Ha puesto en la diana a periodistas que están haciendo un gran trabajo y los ha puesto en una situación de peligro. Es un abuso de poder.

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