“El arte nos ayuda como humanidad”: la mexicana nombrada primera bailarina en Stuttgart Ballet

La mexicana, recién promovida a primera bailarina del Stuttgart Ballet, destaca la importancia de la cultura en el mundo y el aprendizaje que le ha dejado la pandemia

“El arte nos ayuda como humanidad”: la mexicana nombrada primera bailarina en Stuttgart Ballet
Rocío Alemán. Bailarina. Foto: Cortesía Stuttgart Ballet
Cultura 10/07/2021 02:40 Alida Piñón Actualizada 05:26
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La bailarina mexicana Rocío Alemán, quien en 2003 inició su formación de ballet en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, de donde es originaria, fue promovida a primera bailarina del Stuttgart Ballet, una de las compañías de ballet más importantes de Europa. El nombramiento se ha dado en un contexto complejo como lo es la pandemia y en medio del retorno a los salones de ensayo, después de bailar en la sala de su casa, y el reencuentro con los aplausos vivos de un público.

Alemán, de 28 años, fue ganadora del Youth American Grand Prix 2008 de Nueva York, uno de los más importantes en su género. Tras su triunfo le fue otorgada una beca para estudiar en la John Cranko Schule, en Alemania, de donde pasó a ser aprendiz del Stuttgart Ballet en la temporada 2011-1012, para después ser admitida en el cuerpo de baile, desde entonces ha ascendido poco a poco hasta llegar al nivel más alto dentro de una compañía de ballet.

Ha bailado papeles de solista en ballets de John Cranko, Jiří Kylián, Hans van Manen, Marco Goecke, George Balanchine y William Forsythe. Los coreógrafos Katarzyna Kozielska y Fabio Adorisio crearon papeles especialmente para ella.

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Hoy es, junto a bailarines como Isaac Hernández y Elisa Carrillo, una de las bailarinas mexicanas con mayor presencia en el mundo.

En entrevista habla de lo que ha sido el último año y medio, el regreso a los escenarios con aforos reducidos y ofrece sus reflexiones acerca del arte en medio de una pandemia mundial.

¿Cómo ha sido para ti el último año y medio?

Un poco difícil por la situación que estamos pasando, pero también muy enriquecedor. He podido disfrutar de nuevas experiencias, nuevos papeles que el director me ha encomendado y de lo que nos está pasando.

¿La pandemia te ha orillado a replantearte cosas?

Sí. Ha sido un tiempo de aprendizajes. Por ejemplo, he visto cómo los seres humanos podemos adaptarnos para enfrentar experiencias que no habíamos vivido jamás. Se nos forzó a cambiar nuestra rutina, nos vimos obligados a experimentar cosas nuevas. Se nos cerraron los teatros y tuvimos que mantenernos en forma, pero también teníamos que mantenernos fuertes mentalmente. A mí me ayudó bastante para ver en dónde estoy y para saber cuáles son las siguientes cosas que quiero lograr. También me ayudó a darle importancia a lo que verdaderamente es esencial en mi vida, mi carrera, claro, pero también mi familia. Saber que mi familia ha mantenido salud, que también me he mantenido sana, me ha tenido tranquila todo este tiempo. Además he tenido más tiempo para mí, para otras cosas como mejorar mi alemán o impartir clases. Cuando regresamos a los escenarios me di cuenta de que todo el tiempo ha valido, que hay una madurez que me ayudó a alcanzar este nombramiento.

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¿Entrenaste en casa o podías acceder a los salones por grupos?

Cuando todo empezó estábamos en gira, se cancelaron las funciones y nos tuvimos que regresar a Stuttgart, fue hasta entonces cuando empecé a asimilar lo que estaba pasando. Nos mandaron a casa, hubo contagios en la compañía, tuvimos que estar en cuarentena y empezamos a entrar a ese nuevo mundo de las clases en línea y bailar en casa. Todo fue nuevo, aprendí que se puede bailar en todos lados. Pero de todo, me quedo con la enseñanza de que puedo ser mentalmente más fuerte y puedo ser más abierta a experimentar las cosas que sucendían. También pude dar clases a través de plataformas digitales. Nos acostumbramos, no sé si es bueno o malo, lo que destaco es que nos adaptamos.

¿Cómo fue ese regreso a las actividades esenciales?

Difícil, el cuerpo sintió el cambio. Tuve que cambiar mi forma de trabajar, no es lo mismo estar en la sala de mi casa que en un estudio con tanto espacio y con el piso diferente. Con mis compañeros platicaba acerca de que nuestras articulaciones se sentían diferente con la amplitud con la que hacemos nuestros movimientos. El cuerpo extrañana también más libertad. Fue bonito ver a mis compañeros. Hace un mes regresamos a los escenarios con público, el solo escuchar el aplauso nos motivó bastante para continuar con las funciones. Hicimos funciones por streaming, sin público, nos dio mucha fuerza, pero con público en el teatro fue muy bonito. Hemos regresado paulitinamente, a la fecha no estamos en nuestra rutina normal. Ha pasado que las cosas retoman cierta naturalidad, pero a nivel gubernamental se decide que hay que volver a casa. En noviembre se abrieron las funciones al público, con sólo 300 personas. En diciembre estuvimos sin funciones, sin teatros; en enero regresamos poco a poco. Luego hicimos funciones en línea. Es hasta ahora, hace unos días, cuando pudimos regresar al teatro con 700 personas en el público. Gracias al apoyo del gobierno, no es una ilusión. Y por ahora desarrollo un proyecto en pro del talento mexicano, con lo que espero poder compartir experiencias que puedan ayudar.

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En México es muy difícil que un estudiante baile algo de un coreógrafo como Kylián o Forsythe, ¿de esa imposibilidad surgen esas inquietudes?

Sí. En Europa estamos al alcance de esos coreógrafos, en México no es muy común. En los últimos años ya se pueden ver un poco más este tipo de obras, pero lo usual son los clásicos, por eso tienen inquietud, ven a estos coreógrafos en Internet. Tendría que ser muy importante que los bailarines puedan, desde muy temprana edad, acceder a este tipo de repertorio, porque para todas las compañías en el mundo es muy importante tener intérpretes versátiles, capaces de bailar todo tipo de coreografías. La historia de mi compañía a mí me permite vivir estas cosas.

Alemania es referente en la respuesta que ha dado a la cultura en estos tiempos.

Sí, el arte, la danza en particular, es muy importante para un país como Alemania. Los niños están acostumbrados a ir al teatro para ver ballet u ópera, la cultura es parte de la vida de la sociedad, el gobierno sabe que así, por eso siente la necesidad de aportar a la cultura, al ballet, a la literatura. Las naciones de todo el mundo deberían de apostar por las expresiones artísticas. En este tiempo hemos confirmado que el arte nos ayuda como humanidad.

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Trayectoria

La bailarina Rocío Alemán es originaria de Monterrey.

Ganó el Youth American Grand Prix 2008 de NY; y fue becada en John Cranko Schule.

En la temporada 2011-2012 comenzó a ser aprendiz del Stuttgart Ballet y en 2013 se integró al cuerpo de baile.

Su repertorio incluye obra William Fosythe, Maurice Béjart, John Neumeier, Demis Volpi y Katarzy Kozielska.

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Foto: Cortesía Alwin Maigler

Frase

"Cuando regresamos a los escenarios me di cuenta de que todo el tiempo ha valido, que hay una madurez que me ayudó a alcanzar este nombramiento”.

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