Mis estudios en la UNAM transcurrieron en dos espacios que para mí son fundamentales y que delimitaron el mapa de mis más grandes aspiraciones artísticas y literarias: la Facultad de Filosofía y Letras y el Centro Universitario de Teatro. Haber pasado en ellos toda una época de mi juventud significó respirar la libertad y la pasión del conocimiento en un ámbito abierto y sumamente enriquecedor. La UNAM siempre fue y sigue siendo para mí el lugar donde suceden las cosas.

No olvido a mis maestros de Letras Francesas, especialmente a Marie Paule Simon y Alejandra de la Lama, que me acercaron tanto a una literatura que me apasiona como a la escritura, que ha sido el centro de mi vida artística y profesional. La Facultad con su vida efervescente, los encuentros en el llamado “aeropuerto” entre docentes y alumnos de Filosofía, de Letras Hispánicas, Alemanas, Inglesas e Italianas, el ambiente de libre discusión de ideas y las ideas siempre nuevas regresan a menudo a mi memoria de una manera entrañable. Y menos aún olvido el Centro Universitario de Teatro, cuna del mejor teatro mexicano, situado en ese lugar fantástico que es el Centro Cultural Universitario. En el CUT me formé como escenógrafa pero sobre todo como artista; descubrí que tenía un mundo adentro que esperaba a cobrar forma y los espléndidos profesores del CUT me dieron esa clave. Fue un privilegio estudiar con Ludwik Margules y Alejandro Luna, con Juan Tovar, con Noé Jitrik, con Esther Seligson, con Nicolás Schlee, entre muchos otros maestros, en un momento en que el teatro universitario tenía un papel de avanzada en el panorama artístico del país.

En mi vida profesional he tenido el privilegio de ser invitada a distintas clases y actividades organizadas por las Facultades de Filosofía y Letras,  de Ciencias Políticas y Sociales, y por la Dirección de Difusión Cultural. Soy también autora de la UNAM: una de mis novelas fue coeditada por la institución y para mí es un gran honor formar parte de la emblemática colección Material de Lectura.

Así pues, soy orgullosamente Puma, y mi familia y mis hijas también han estudiado y se han graduado en la UNAM. La Universidad representa para mí el encuentro con lo mejor de México: su diversidad y su riqueza tanto en la cultura como en las ciencias y las distintas profesiones, al igual que el saber en sus más variados aspectos. Los muchachos que ingresan a la UNAM tienen la oportunidad de contrastar su experiencia individual en un ambiente absolutamente libre y plural de discusión e interacción con otros jóvenes de procedencias muy distintas y con excelentes maestros. En la UNAM se lleva a cabo investigación de ciencias y humanidades de altísimo nivel. La libertad de cátedra y la autonomía permiten a la Universidad profundizar en su papel de crear y difundir el conocimiento. El Centro Cultural Universitario, con la Sala Nezahualcóyotl, los museos, los teatros y cines, y la Feria del Libro y la Rosa, que se celebra ahí cada año, albergan a lo mejor de México. He podido participar en diversas presentaciones en esos ámbitos y cada vez me admiro más de todo lo que, contra viento y marea, ha logrado nuestra Universidad.

Las becas que proporciona la Fundación UNAM y las actividades de difusión y formación que realiza ayudan a muchos jóvenes y no tan jóvenes a incorporarse a este proyecto universitario que también es el futuro del país y cuyo trabajo es admirable. He participado como docente en los talleres de Creación Literaria que ofrece la Fundación UNAM y ha sido una labor muy gratificante.  Mi deseo es que la UNAM y su Fundación continúen por muchos años. Da gusto poder decir “¡Goya! ¡Arriba la UNAM!”.

Escritora

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