Cuando se encontró una pirámide en medio del Metro de la CDMX pero fue subestimada

En 1968 EL UNIVERSAL reportó cómo constructores despreciaron el antiguo monumento que hoy en día se encuentra en la estación Pino Suárez

Cuando se encontró una pirámide en medio del Metro de la CDMX pero fue subestimada
Foto: Archivo
Cultura 06/11/2021 13:19 Redacción Ciudad de México Actualizada 13:25
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La pirámide de Ehécatl fue descubierta en 1967 en medio de las construcciones de la Línea 2 del Metro de la Ciudad de México, hoy en día se encuentra en la estación Pino Suárez.

La exploración estuvo dirigida por los arqueólogos Jordi Gussinyer y Raúl Arana.

Este adoratorio al dios del viento Ehécatl formó parte de un centro ceremonial, que era originalmente más grande, según estimaciones de especialistas, y además de la estructura se encontraron esculturas.

Pese a tratarse de un tesoro arqueológico, los obreros encargados de trabajar en el Metro, no le dieron mayor importancia e incluso pusieron en riesgo no sólo a las piezas, sino a los investigadores.

“¡Bah! Tanto escándalo por unos huesitos…”, fueron algunas de las expresiones que reportaron periodistas de EL UNIVERSAL cuando visitaron la zona del hallazgo arqueológico y notaron que no se contaba con el trato ideal para preservarlo.

Ante la indiferencia oficial diariamente se pierden valiosos tesoros arqueológicos

28 de septiembre de 1968
Grandes tesoros arqueológicos, hallados durante las obras del Metro, están a punto de desaparecer.

Ayer visitamos una de las zonas de los hallazgos, sita en la esquina de Izazaga y Pino Suárez. Especialistas mexicanos realizaban labores de observación de una pirámide, tomaban fotografías y hacían algunos trazos previos sobre las características de la construcción. Sobre ellos se hallaban multitud de máquinas y obreros dedicados, sin descanso, a su tarea, relacionada con el Sistema de Transporte Colectivo.

Aparecía ya, bien descubierta, una de las estructuras piramidales, colocada una sobre otra. Una gran extensión era estudiada previamente por los arqueólogos para obtener datos diversos.

Según las conversaciones que fue posible escucharles, en tal región hay muchísimos restos arqueológicos, cerámica y, en general, tesoros valiosos, desde el punto de vista de la antropología y de la arqueología.

Los técnicos no contaban con personal que les ayudara en su labor de descubrimiento y casi estaban arriesgando sus vidas, en medio de la actividad incontenible de los trabajadores.

Todos los grandes tesoros que se están localizando en las excavaciones no son protegidos y están a punto de desaparecer bajo la acción implacable de máquinas y obreros dirigidos por individuos que no toman en cuenta las disposiciones señaladas por el Departamento del Distrito Federal, en el sentido de que deben respetarse y salvarse los monumentos prehispánicos hallados y todo lo que constituya un objeto de interés arqueológico y antropológico.

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Ignorancia evidente

La oficina de salvamento de tales hallazgos lucha por preservarlos, pero se encuentra con la falta de cooperación y hasta la hostilidad de ingenieros y trabajadores del Metro.

Algunos tesoros, como la pirámide indicada, han sido ya destruidos en parte, y, en cualquier momento, pueden desaparecer definitivamente, si las autoridades correspondientes no toman medidas especiales y se proporciona a los arqueólogos y antropólogos todo lo necesario en facilidades, equipo y personal, para realizar una tarea efectiva de salvamento.

Con verdadera desesperación miran los especialistas la forma bárbara en que personas ignorantes atentan contra tales hallazgos, y se molestan más aún cuando los irresponsables destructores hacen comentarios, que pudimos oír, como los siguientes: “... Si sólo era un pedacito de pirámide…” “¡Bah! Tanto escándalo por unos huesitos…” “Vaya “rotos” latosos; “chillan” como si se tratara de las tumbas de sus papás…” Y una impresión final alcanzamos a escuchar: “Ya que se vayan esos… disque “achólogos”...”

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