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Trump: la barbarie contemporánea

Reflexión acerca de la política del terror implementada por Trump. Su gobierno demuestra un retroceso civilizatorio y una ruptura del orden internacional

Protesta de estudiantes contra el ICE frente al Capitolio Estatal en St. Paul, Minnesota, el 14 de enero de 2026. Crédito: Octavio JONES / AFP
18/01/2026 |01:01Hugo Setzer |
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Sabemos que en la actualidad el término barbarie significa falta de cultura o civilidad. Salvajismo, ignorancia (RAE). ¿Pero, quiénes fueron en realidad los bárbaros?





En la antigüedad, los “bárbaros” eran los pueblos que no pertenecían a la civilización grecorromana. Bárbaro no significaba originalmente “salvaje”, sino “extranjero”.

Los griegos y los romanos se consideraban a sí mismos civilizados, puesto que tenían escritura, ciudades, leyes y filosofía. Los “otros”, quienes vivían fuera de las fronteras del imperio o lo amenazaban militarmente, eran considerados incivilizados o violentos, muy lejos de su sentido original de “extranjero”. Un rasgo que se repite a lo largo de la historia es el de etiquetar negativamente al diferente, con el objetivo de legitimar el poder.

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El ser humano tiene un gen violento por naturaleza. Nuestros ancestros cavernarios resolvían sus diferencias aniquilando al enemigo. La “convivencia civilizada” que presumimos en la actualidad se dio gracias a un proceso largo y acumulativo, en el que la violencia fue canalizada, limitada y regulada.

Uno de los factores clave fue el lenguaje. Su desarrollo permitió negociar en lugar de pelear, resolver conflictos con acuerdos y crear relatos compartidos, como los mitos, las normas y los valores. La capacidad de hablar redujo la necesidad de violencia directa y permitió la organización social compleja.

Otra causa fundamental para lo que hoy podemos llamar “convivencia civilizada”, fue el establecimiento de leyes, con frecuencia basadas en las diferentes religiones, que moderaran los instintos violentos del ser humano.

Por ejemplo, todos los sistemas legales en el mundo dejan muy claro que es ilegal matar a otra persona. Las religiones han ayudado, pues en todas ellas aparece el respeto sagrado por la vida humana. Judíos y cristianos compartimos los mandamientos de Moisés, uno de los cuales es “no matarás”.

El Corán es también muy claro. En la actualidad, a causa de algunos extremistas radicales, se ha visto falsamente al islam como una religión violenta, a pesar de que el Corán prohíbe el homicidio y dice (5:32:), sin lugar a ambigüedades, que: “Quien mate a una persona… será como si hubiera matado a toda la humanidad.”

En fin, la capacidad de diálogo, el establecimiento y respeto de un marco legal, así como posteriormente los principios de la ilustración, la razón, la ciencia y el humanismo, nos han permitido un desarrollo sin precedente de la humanidad. Nos han alejado de la barbarie y han permitido una convivencia y resolución de diferencias civilizada.

Sin embargo, el miedo al otro ha seguido presente y ha sido el causante de las peores atrocidades de las que es capaz el ser humano. Una persona megalómana e inestable como Adolf Hitler logró secuestrar al pueblo alemán y convencerlo de que un sector de la sociedad, los judíos, no eran en realidad seres humanos sino animales que debían ser exterminados. El resultado fueron seis millones de personas inocentes asesinadas, debido al miedo al otro, por el solo hecho de profesar una religión distinta.

Después de la Segunda Guerra Mundial, pensamos que habíamos aprendido la lección. Se creó la Organización de las Naciones Unidas, nos prometimos no volver a repetir actos de semejante brutalidad y nos convencimos de que la humanidad había evolucionado.

Aunque nos cuesta reconocerlo, la barbarie está sucediendo de nuevo. Las señales son clarísimas. Ahora no son los judíos, sino los migrantes, quienes son tratados como animales en diferentes regiones del mundo, comenzando, de manera dramática, en el país que fue considerado cuna de las libertades y que tiene en la entrada de uno de sus principales puertos una enorme estatua consagrada a la libertad.

La famosa estatua de la libertad, diseñada por el ingeniero Gustave Eiffel, fue un regalo de Francia a los Estados Unidos en el centenario de su independencia en 1876. Nueva York era el principal puerto de entrada para millones de migrantes, y la estatua daba la bienvenida simbólica a quienes llegaban en busca de libertad y oportunidades.

Ya no. Los migrantes ya no son bienvenidos. Ahora son perseguidos, arrestados y asesinados por el “Immigration and Customs Enforcement”, o ICE, que actúa como la Gestapo Nazi (Geheime Staatspolizei, o policía secreta del estado), sin rendir cuentas a nadie.

De manera lamentable, en la actualidad vivimos un proceso de franco y peligroso retroceso. Recientemente fue asesinada a sangre fría, por un integrante de este ICE, la ciudadana estadounidense Renee Nicole Good, madre de tres hijos, poeta y escritora. Lo peor es que el hecho, lejos de ser castigado, ha sido defendido por la cúpula del gobierno.

En los videos de la acción se aprecia claramente que ella le dice al hombre que le apunta con una pistola “no estoy enojada contigo”, a lo que él responde con “puta estúpida” y cuatro disparos a la cara. La frontera entre estos hechos y el comenzar a matar personas masivamente en campos de exterminio es muy delgada.

EFE/EPA/YURI GRIPAS / POOL

Donald Trump, quien en palabras del editorialista Peter Wehner es un narcisista maligno, consumido por el odio y motivado por la venganza, no solo está instaurando un régimen de terror dentro de los Estados Unidos, sino que rompe con toda convivencia civilizada entre naciones. Trump ha dicho reiteradamente que tomará Groenlandia, que goza del protectorado de Dinamarca, “por las buenas o por las malas”. Para ello afirma que no hay legislación nacional o internacional alguna que lo detenga y que, en todo caso, lo único que lo contiene es “su propia moral”.

Al mismo tiempo Stephen Miller, un supremacista blanco e ideólogo nacionalista autoritario, quien es uno de los principales asesores en temas de seguridad de Trump, justificó en entrevista con CNN la posible anexión de Groenlandia: "Vivimos en un mundo que se rige por la fuerza, por el poder. Éstas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos".

En pocas palabras, lo que indican las afirmaciones del mismo Trump y de su principal asesor, es que la humanidad no ha avanzado nada desde la época de las cavernas. Lamentable.

El presidente alemán, Frank Walter Steinmeier, advirtió recientemente en un inusualmente fuerte y valiente discurso, que: “el orden mundial basado en reglas está en peligro de desintegrarse y no se puede dar por sentado su mantenimiento.”

Dijo que, “además de la invasión rusa de Ucrania, existe una ‘ruptura de valores’ por parte de Estados Unidos, un país que fue fundamental para construir el orden internacional tras la Segunda Guerra Mundial, pero que ahora contribuye a su erosión.”

Señaló que: “Tenemos que impedir que el mundo se convierta en una ‘cueva de ladrones’, donde los más inescrupulosos toman lo que quieren, donde regiones o países enteros son tratados como propiedad de unas pocas grandes potencias.”

Hannah Arendt, al hablar de la banalidad del mal, afirma que el mal prospera no solo por fanáticos, sino por personas comunes que obedecen o callan. Hay muchísima gente indignada en los Estados Unidos por lo que ocurre en su país. Tengo esperanza de que esos sectores pensantes no se queden callados y que logren frenar las locas aspiraciones de su presidente, antes de que sea demasiado tarde.