Confabulario

Relatos inquietantes: reseña del libro de cuentos Umbral de Roberto Abad

Reseña de Umbral, libro de cuentos ganador del Premio Bellas Artes de Narrativa Colima 2025, el cual dialoga con el terror clásico, la cultura pop y las leyendas latinoamericanas

Antes de Umbral, Roberto Abad llamó la atención con Cuando las luces aparezcan (Paraíso perdido, 2020), un libro de relatos centrado en fenómenos ovni. Crédito: Escritores.org
17/05/2026 |01:05Carlos Martín Briceño |
Colaboradores Confabulario
Colaboradores Confabulario Ver perfil

Siempre me llamó la atención lo sobrenatural. De niño, recuerdo haber pedido a mi madre que me comprara una ouija. Escéptica, pero consentidora, mamá me la regaló en mi octavo cumpleaños. “Convéncete por ti mismo, son puras vaciladas”, dijo, mientras me observaba desempacar desesperadamente su obsequio. Fue así como una noche de verano mi hermano y yo intentamos contactar a nuestros antepasados. Lo malo fue que el espíritu que habita la tabla nunca se dignó a responder. Arrumbada en el último cajón de mi clóset quedó la ouija durante años, dándole la razón a mamá.





Más tarde, al llegar a la adolescencia me aficioné a leer la revista Duda, una popular historieta lanzada al mercado en los años setenta que, según comunicaba el editor en la página de bienvenida, estaba dirigida a “los hombres que no tienen temor de mirar hacia el fondo del espacio exterior, hacia las profundidades desconocidas de la tierra y el mar, hacia donde quiera que se presenten los enigmas que no es capaz aún de resolver la ciencia humana”. Historias de ovnis, civilizaciones perdidas, fenómenos inexplicables y misterios históricos. Todo cabía en Duda sabiéndolo acomodar. Sabrá Dios, o mi madre, dónde quedó mi colección que por años guardé también en el último cajón del clóset.

Lee también:

Club El Universal
Crédito: Secretaría de Cultura

Cuento lo anterior porque, luego de leer las historias que conformanUmbral(Universidad Autónoma Metropolitana 2025), el libro más reciente de Roberto Abad, me resultó imposible no evocar aquellos días en que buscaba respuestas a fenómenos inexplicables. Me preguntaba si en verdad los seres humanos éramos capaces de habitar varias dimensiones. Cuarenta años después, vuelvo a hacerme las mismas preguntas.

Estructurados por su autor para que imaginemos que a través de su lectura consultamos una ouija, el libro abre con una inquietante historia que recuerda el argumento de Alien, el octavo pasajero, aquella película de Ridley Scott en la que un ser venido de otro planeta se aloja a su conveniencia en el cuerpo de algún ser humano. La diferencia es que Siempre estarás conmigo —así es como se titula el cuento— transcurre en una ciudad cualquiera, siendo la receptora del bicho, una niña pequeña e indefensa. En el segundo relato titulado Aleación, en cambio, es el Darketo, un vagabundo que vive en un tiradero y se alimenta de fierros el que atormenta a los personajes. Acicateado por la exnovia que acaba de abandonarlo, el protagonista se lanza a la aventura de recuperar en los terrenos del Darketo algunos trastos metálicos que se llevó el camión de basura, sin imaginar que su osadía terminará en desgracia. Laureles, una historia con tintes apocalípticos cuasi religiosos, es el cuento número tres. Una biblia apócrifa, un pueblo extremadamente católico y un osado seminarista conforman este cuento extraño que, por bizarro, podría ser fácilmente vendido a Netflix. El siguiente relato, Ruinas como paraísos, me remite a uno de la argentina Mariana Enríquez, El patio del vecino, publicado en el libro Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016). En ambos, un cambio de casa detona un suceso extraño que trastoca la vida de los protagonistas. Fraternidad de la fauna y Al otro lado del sueño, los que le siguen, navegan en las aguas del cuento fantástico puro: un perro inmortal y un hombre que agoniza mientras sueña, permiten al autor acercarse con éxito a ese filón reservado a narradores latinoamericanos de abolengo. De este modo, los relatos se van entrelazando hasta llegar, tal como sucede en las grandes comilonas, a los que, a mi juicio, constituyen los platillos más apetecibles: Retorno a galápagos, Los niños de esta casa y La noche que mi hermano comenzó a volar. Y me parecen suculentos porque en este trío encuentro un Roberto Abad más maduro y libre, un Roberto que se permite profundizar en ese estilo, mezcla de terror y fantasía, que lo ha caracterizado desde el lanzamiento de Cuando las luces aparezcan (Paraíso perdido, 2020), libro de temática ovni conformado por seis interesantes historias.

He dicho en innumerables ocasiones que los ambientes cerrados son escenarios idóneos para crear grandes cuentos. Cárceles, islas, casas de campo, pueblos alejados de la civilización, hoteles en medio de la nada, automóviles varados a media carretera y barcos a la deriva llevan a los personajes a situaciones límite. En el caso de Los niños de esta casa, una de las historias más interesantes de la colección, se cumple bien este concepto. Dos hermanos llegan a pasar unos días a la casa de unos tíos. Es un inmueble extraño del cual es imposible salir. El manejo de la tensión y la fantasía es fabuloso. La casa, una vez más, es un elemento fundamental del argumento. Poner pie en ella equivale a abrir la puerta a una dimensión desconocida.

“Llegamos a la sala, donde flotaba un olor a comida descompuesta. Leonardo vio los retratos de tía Helga colgados en la pared. Pregunté por ella. Muy serio, tío Marcos dijo que se había ido y no iba a volver. Después soltó una carcajada como si estuviera bromeando. Tal vez se ha vuelto loco, pensé, y tomé de la mano a Leonardo”.

Tanto en este relato como en La noche que mi hermano comenzó a volar hay claras referencias a otros escritores, sobre todo norteamericanos —Stephen King, el más reconocible—, que escriben este tipo de historias: relatos inquietantes que revelan la posibilidad de la existencia de otros universos que preferimos ignorar.

Los once cuentos que integran este libro confirman a Roberto Abad como un autor que posee ya una manera genuina de comunicar al lector su visión del mundo. Por algo obtuvo con Umbral el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima 2025. Celebro su calidad, festejo su empeño.