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¿Qué hacer con los libros de texto?

La salida del ex director de Materiales Educativos de la SEP no mitiga el daño. La niñez mexicana necesita contenidos sin ideologías

Marx Arriaga se retira después de cuatro días atrincherado en las inmediaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP); su protesta coincide con el debate público sobre los contenidos de los libros de texto y la remoción del exdirector de Materiales Educativos, apodado “Rasputín”. Crédito: Fernanda Rojas / El Universal
15/03/2026 |01:02Hugo Setzer |
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Finalmente, la presidenta se atrevió a desafiar a Palenque y se deshizo de Rasputín, no sin pasar ingentes vergüenzas por intentar amortiguar su caída con falsos elogios.





Rasputín (el original) fue un místico y curandero ruso que llegó a tener una enorme influencia en la familia imperial de Rusia a principios del siglo XX, especialmente en los últimos años del Imperio ruso. Para muchos rusos, Rasputín simbolizaba la corrupción y decadencia del régimen imperial. Para muchos mexicanos, el exdirector de Materiales Educativos de la SEP, también.

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Libros de texto. Crédito: Archivo de el Universal

Sin embargo, aun con el exilio del operador, el daño ya está hecho. Ha habido muchísima polémica en torno a la mezquindad de un personaje tan abyecto como nuestro pequeño Rasputín. Pero él nunca fue el problema. Él fue tan solo un peón de una estrategia más amplia.

Al día de hoy ha sido documentado de manera abundante por investigadores, académicos y especialistas educativos, que los actuales libros de texto no fueron diseñados para que nuestros niños y niñas desarrollen todo su potencial, sino para adoctrinarlos en una ideología marxista, fracasada por donde se le quiera ver, de lucha de clases.

El objetivo era alejarlos lo más posible de una educación crítica, una que cuestione los excesos del poder. Nuestros niños no están adquiriendo las herramientas esenciales para la sociedad de la información en un mundo globalizado, sino que están siendo esclavizados por una ideología que solo ha provocado miseria y marginación.

Nuestros niños no están aprendiendo matemáticas y ciencias, no están desarrollando una comprensión lectora indispensable para el mundo actual, sino que están aprendiendo a obedecer, y a que la sociedad se divide entre opresores y oprimidos.

Estudios internacionales han demostrado que, para lograr mejores resultados educativos se requiere, por un lado, de una amplia oferta de materiales educativos para que los maestros puedan elegir, pero también de soluciones locales y de una estrecha colaboración entre la industria editorial, las autoridades educativas y los maestros.

El libro de texto único es un esquema que ha fracasado en todos los países en los que se ha implementado. El ejemplo de China es ilustrativo. Al igual que en México, en la década de los años 50 se tenía en ambos países un grave problema de analfabetismo y muy pobre escolaridad. Por ello se implementó un texto único, como una forma temporal de elevar rápidamente los niveles educativos.

Sin embargo, un texto único es incapaz de recoger la diversidad y riqueza étnica y cultural de un país. Adicionalmente, es un incentivo muy poderoso para el adoctrinamiento ideológico.

China se dio cuenta en los años 80 de que el modelo se había agotado, por lo que abrió el mercado de textos escolares. Hoy en día, los distritos escolares chinos pueden elegir, en un país comunista, entre varias alternativas de textos educativos.

México se quedó anclado en el pasado.

Hay una alta correlación entre la oferta editorial de materiales educativos y los resultados de la prueba PISA. Los países con mejores resultados en la prueba PISA son consistentemente los que tienen una amplia oferta editorial de contenidos educativos, producidos por la industria editorial, en colaboración con las autoridades educativas y los maestros.

No es casualidad que países como Finlandia, Suecia, Alemania y Dinamarca muestren elevados niveles educativos que se traducen en una mejor calidad de vida. En esos países, la industria editorial trabaja de la mano con las autoridades y los maestros para brindar los materiales educativos de la más alta calidad.

No alcanzo a entender por qué nuestro gobierno prefiere parecerse más a Cuba o a Corea del Norte, que a Finlandia, Suecia, Alemania o Dinamarca. En salud se ha dicho que seríamos mejor que Dinamarca, lo que no ha sido más que una inocentada macabra. En las dictaduras de Cuba y Corea del Norte hay libros de texto único, pero también una mordaza pavorosa a la libertad de expresión, así como una calidad de vida miserable.

Si Cuba fuera el paraíso que la 4T nos quiere vender, no habría miles de cubanos arriesgando la vida en un intento desesperado por escapar de su pesadilla. ¿Por qué nuestros funcionarios públicos vacacionan en Europa, y no en la paradisiaca Cuba? ¿Por qué tienen propiedades en Houston y Miami, pero no en La Habana? Pero, más importante, ¿por qué nuestros funcionarios públicos envían a sus hijos a escuelas privadas de élite, pero no a las escuelas públicas que se empeñan en destruir?

Estoy convencido de que la mejor forma de mejorar la educación pública de México sería la prohibición para que los funcionarios públicos enviaran a sus hijos a escuelas privadas de élite. Los funcionarios públicos (nuestros empleados) deberían estar obligados por ley a que sus hijos estudien en escuelas públicas.

Una industria editorial educativa saludable es un activo vital y estratégico para cualquier sociedad democrática y un elemento esencial de una economía competitiva basada en el conocimiento. En México la industria editorial educativa ha sido destruida por un capricho del poder.

La industria editorial produce las herramientas que los docentes necesitan para ofrecer un aprendizaje eficaz y elevar los estándares académicos en el aula.

Los editores estamos en una posición ideal para apoyar e implementar los programas educativos gubernamentales y podemos ofrecer mejores soluciones de alta calidad, si los gobiernos se adhieren a los principios políticos clave:

  • Un mercado abierto y competitivo que ofrezca una amplia gama de productos y servicios editoriales, ofreciendo a los docentes opciones que se adaptan a las necesidades de sus estudiantes
  • Leyes de derechos de autor sólidas y respetadas, con una aplicación adecuada para garantizar la inversión continua en contenido local de alta calidad e innovación técnica
  • Estrechas relaciones entre gobiernos, editoriales y docentes para garantizar la colaboración y entornos empresariales sostenibles
  • Respeto a la libertad de publicación

No hay que inventar el hilo negro. Las soluciones están ahí. Solo es necesario dejar atrás los resabios del pasado y las ideologías fracasadas. La educación debe estar libre de ideologías, para centrarse en las ciencias y las humanidades. Comprensión lectora, ciencias y matemáticas, áreas en las que México sale reprobado, condenando a generaciones de jóvenes a un futuro de miseria y marginación.

¿Qué hacer con los libros de texto actuales? Arrojarlos a la basura. En verdad. En temas de educación no cabe la improvisación. Es necesario permitir la colaboración de verdaderos expertos para lograr mejores resultados educativos. Lo único que necesitamos es dejar del lado la ideología, permitir a la industria editorial que haga lo que sabe hacer tan bien, y ponernos a trabajar. Contar con una amplia gama de materiales educativos y dejar que los maestros elijan los que más les acomoden.

Necesitamos, con urgencia, fortalecer las capacidades básicas para ser competitivos en el Sigo XXI: ciencias, matemáticas y comprensión lectora. Nuestros niños lo merecen.