El sol se levanta por el lado mexicano del muro en Nogales. Son las 7:17 a.m. Es una mañana poco común para ser enero: no hace el frío que otros años obligaba a arroparse. El puerto de Dennis DeConcini, la “garita de abajo” como la conocen los locales, tiene ya una larga fila de autos que se amontonan para cruzar a Estados Unidos después de las fiestas decembrinas. El tiempo de espera se alarga a más de una hora y media, con picos de 5 horas.
Será un día largo para todos.
Arturo “El Chato” Acuña se alista para recorrer la línea de un lado a otro. En las manos lleva un par de ejemplares, cada vez más delgados, de periódicos que llevan en sus titulares las notas del día. Se frota las manos, a veces por el frío y otras por costumbre, y camina de un lado al otro para ofrecer ejemplares. Su lucha diaria es contra los celulares y el olvido.

“Capturan a Maduro”, es el titular del día. Al vendedor de periódicos poco le sorprende. En sus más de 50 años de periodiquero lo ha leído todo, bueno, casi. Él, en sí, es parte de una historia que poco a poco se apaga en México: los gacetilleros; esos que lo han visto todo, a los que no importa cuál administración presidencial esté de cuál lado del mundo, el suyo es el negocio de vender las noticias siempre del mismo lado del cerco.
Los turistas se toman un café y luego otro. Los tiempos de espera para cruzar se siguen alargando. Más de tres horas en el auto aguardando ser inspeccionados y admitidos a Estados Unidos. Ni los del carril de viajeros confiables del SENTRI se salvan. Y en un instante, quizá por el olor del periódico recién impreso o la añoranza del café Combate de antaño, revive los recuerdos.
El 2020 los Nogales eran como el día y la noche. El de México, en Sonora, vibraba con los mexicanos que, a pesar de la pandemia, salían, vivían, gastaban y se las agenciaban. El de Estados Unidos, en Arizona, era lo más parecido a un pueblo fantasma sumido en el silencio. Donald Trump era presidente, una crisis de salud mundial provocada por el coronavirus se imponía y las restricciones fronterizas se convirtieron en un segundo muro en la ya asegurada y polémica frontera.
Casi seis años después, mucho ha cambiado. Trump se convirtió de nuevo en presidente. Sus políticas migratorias dejaron de ser un estandarte de campaña y el Departamento de Seguridad Nacional es la agencia con más poder y recursos del gobierno federal. El muro fronterizo se llenó de alambres de púas, ahora hay agentes de migración en la entrada y la salida de Estados Unidos y los puertos de entrada se convirtieron en algo parecido a un fuerte custodiado por humanos, patrullas, sabuesos y un despliegue de tecnología sin precedentes.
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¿Le limpio el vidrio?
Un joven con un trapo y una botella de agua jabonosa interrumpe los pensamientos de cualquiera, en especial del despistado de Juan*.
Juan se prepara para cruzar como lo hace todas las semanas. Los fines de semana viaja de Nogales a Douglas por el lado de Arizona y cruza a Agua Prieta, Sonora. Y se devuelve. Es parte de su rutina. Ha notado que en los últimos meses todo parece ir más lento en la garita, a pesar de que hay un despliegue de agentes migratorios que no había visto antes.
“Nuestros hábitos de cruzar la frontera no han cambiado, no hemos tenido ningún problema”, dice. “Pero la cruzada sí ha cambiado, se notó cuando subieron los precios de las visas o el aumento del permiso para internarse más de 75 millas, y los muchos otros cambios y movimientos del presidente actual… esperemos que no sea tan dura más delante la cuestión de la cruzada”, añadió.
Nogales es uno de los puertos de entrada terrestre más importante de los Estados Unidos.
El Buró de Estadísticas del Transporte calcula que durante la temporada invernal de 2025 cruzaron diariamente por los puertos de Nogales alrededor de 35 mil vehículos con pasajeros, 12 mil peatones, 110 autobuses y cerca de 15 mil vehículos de carga, sumando unos 1.2 millones de personas en ese periodo.
Aunque San Ysidro, en California sigue siendo el puerto terrestre con mayor volumen promedio —con entre 70 mil y 100 mil cruces diarios—, los tres puertos de entrada de Nogales son de los de mayor afluencia en el país. Esto a pesar de la retórica de la actual administración contra el proceso de asilo, las visas de turista, las amenazas contra las visas de trabajo, los aumentos en las cuotas de trámites migratorios, el alza del permiso I-94 a 30 dólares, los agentes de ICE (inmigración y aduanas) a la salida, los largos tiempos de procesamiento, el sube y baja del peso frente al dólar, los aranceles, la intimidación por la mera posibilidad de un chequeo de las redes sociales, y los otros tantos titulares que podrían disuadir a cualquier de cruzar una frontera.
En 2023, más de 3.3 millones de visitantes mexicanos llegaron a Arizona, lo que representó casi dos terceras partes de todos los turistas internacionales del estado. Según el gobierno estatal, el gasto de los visitantes mexicanos genera alrededor de 2.5 mil millones de dólares al año y ayuda a sostener al menos 30 mil empleos, con un impacto especialmente visible en el corredor Nogales–Tucson.
El senador de Arizona Rubén Gallego advirtió a finales del año pasado que esas políticas estaba afectando la economía local.
“Las políticas migratorias agresivas, caóticas y restrictivas de la administración Trump están dañando la industria turística nacional. En Arizona, 5.3 millones de visitantes internacionales generaron $3.4 billones estadounidenses en 2024; hoy enfrentamos $12.5 billones en pérdidas nacionales”, sentenció el senador.
Aun así, desde diciembre de 2025, viajeros comenzaron a reportar y documentar la presencia de agentes de ICE en las garitas de Mariposa y Dennis DeConcini, realizando revisiones aleatorias a quienes salen de Estados Unidos hacia México.
“Yo ni siquiera sabía que eran los agentes de ICE hasta que empecé a escuchar los comentarios que también te checaban a la salida”, confiesa Juan.
En los últimos años, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) ha impulsado un modelo de vigilancia fronteriza que combina el muro reforzado con alambre de púas, cámaras, sensores, lectores de placas y ahora sistemas de reconocimiento facial obligatorios para casi todas las personas no ciudadanas que salen del país.
A partir del 26 de diciembre de 2025, una nueva regla federal ordenó que todo no ciudadano que salga por las garitas terrestres, incluidas las de Nogales, sea sometido a escaneo facial y recolección de datos biométricos, extendiendo el control también a la salida.
“Su pasaporte y a dónde va”, le dice el agente de Aduanas y Protección Fronteriza.
Después de tres horas de espera, el letrero gigante de McDonald’s le da la bienvenida a Arizona.
El año de la vigilancia
Para la mayoría de los residentes fronterizos, el primer año de la segunda administración de Donald Trump está marcado por la vigilancia y el endurecimiento de las políticas migratorias.
César Barrón es un periodista de Nogales que tiene décadas de ejercer su profesión con un enfoque en la seguridad pública y migración. Cruza con regularidad y conoce los dos Nogales como la palma de su mano. Él también ha visto tiempos de espera más prolongados, un despliegue masivo de agentes estadounidenses y la presencia de la Guardia Nacional del lado mexicano de la frontera.
“Me dio la impresión de que habían mandado más agentes y le pregunté a la Patrulla Fronteriza si habían destinado más agentes a Nogales, pero me dijeron que no, que lo que había pasado es que se había acabado el asilo, todos los agentes que tenían ocupados procesando los casos de asilo, pues, ya los habían regresado a sus posiciones a Nogales”, explicó.
Con los cambios en las políticas de asilo también disminuyeron las líneas peatonales de solicitantes cerca de la frontera, unas que en Sonora nunca han sido como las de Ciudad Juárez o Tijuana.
“Sí se ve más presencia de la Patrulla Fronteriza en el centro de Nogales, que es donde pues anda uno, y en el lado mexicano, pues también van reforzado un tanto más, de hecho, en esta semana, luego de que anunciaron la llamada de los presidentes de México y Estados Unidos, a los dos días yo creo, pusieron elementos del ejército en el lado mexicano, en la garita mariposa”, expuso.
Aranceles y despliegue militar
El 1 de febrero de 2025, apenas 12 días después de su segunda inauguración, Trump firmó tres órdenes ejecutivas imponiendo aranceles del 25% a todas las importaciones mexicanas (excepto energía), argumentando que frenarían “invasión migratoria y fentanilo”.
México evitó los aranceles generalizados gracias al T-MEC, pero pagó 25% extra en acero, aluminio y vehículos no certificados, afectando el comercio binacional en Nogales, donde el 90% de las exportaciones cruza por sus garitas. Paralelamente, Trump desplegó 10,000 efectivos militares y destinó $376 millones a la frontera sur, incluyendo el sector Tucson-Nogales.
Las aprehensiones en Tucson se desplomaron 95%: de 50 mil al mes en 2024 a solo 7,181 en marzo de 2025, el mínimo histórico desde que hay registros. La Patrulla Fronteriza presume que es su mayor éxito, aunque el cónsul mexicano Marcos Moreno lo explica diferente: “57% menos repatriaciones por Nogales no es victoria, es miedo que paraliza familias”. Para los comerciantes, el cálculo es simple: 30% menos ventas navideñas, no por falta de mercancía, sino porque la gente piensa dos veces antes de cruzar y toparse con otro retén migratorio que pueda arbitrariamente quitarles sus privilegios.
Sin precedentes
Para quienes viven en Arizona la frontera ya no solo se limita al espacio geográfico cerca del muro fronterizo. Al interior del estado se siente la intimidación por los operativos de agencias que antes tenían jurisdicción principalmente a menos de 100 millas del puerto de entrada, pero que desde Trump volvió a la presidencia actúan con normalidad en cualquier espacio.
El activista comunitario Salvador Reza, quien tiene décadas dedicado a la defensa de los migrantes, jornaleros y a los derechos humanos en Arizona asegura que nunca había visto lo que se vivió en el 2025 y lo que espera para 2026.
“Nunca había visto esto, yo de niño entré a Texas en donde había cartelones en los restaurantes de no se permiten ni perros ni mexicanos, pero nunca había visto redadas masivas como ahora, donde se separan a las familias de manera brutal sistemáticamente echándoles encima no solo al ICE sino a los Marines”, dice el director de Tonatierra.
Reza describe el primer año de gobierno de Trump en su segunda administración como “una cachetada para toda la gente que tenía un sueño americano”.
La contraparte
Para los republicanos arizonenses, el regreso de Trump a la Casa Blanca ha sido “una salvación”.
“Ya pasó un año de la restauración del engrandecimiento de América y ha sido un año maravilloso, hoy estamos viviendo el cambio y el presidente Trump está en la Casa Blanca, después de 4 años de caos, pero por fin se impone la ley y por eso digo con mucho orgullo que respaldamos a los agentes de inmigración, aduanas y protección fronteriza”, asegura el legislador estatal republicano Alex Kolodin.
Desde que firmó las primeras órdenes ejecutivas respecto a migración, a unas horas de juramentar por segunda vez como presidente, ha sido aplaudido por legisladores del mismo bando, como el líder del Senado de Arizona, Warren Petersen, quien considera que Estados Unidos va en el camino correcto. Por eso apoya y respalda la colaboración entre autoridades de migración y agencias del orden locales, incluso después de la polémica muerte a manos de un agente de ICE de la ciudadana estadounidense Renee Good en Mineápolis y las muchas otras que han definido la historia de Arizona.
La vida entre política
El sol se pone del lado norteamericano. Juan* vuelve a casa un par de días después de cruzar la frontera. En el lado estadounidense “se encontró a todo el mundo”, los que volvían de vacaciones, los amigos queridos que iban a cambiar regalos navideños, sus compadres que prefieren la gasolina estadounidense y los que cansados del recalentado hicieron fila para comerse una hamburguesa americana.
“Todo parece tan normal y a la vez no lo es”, dice.
Del lado anglosajón del muro muchos comercios cerraron desde la pandemia y no han vuelto a abrir las puertas. Ahora se hace fila también para devolverse a México y esperar que los agentes cuestionen hasta a los que están presurosos por salir del país, ese país en el que Trump ha provocado tanta controversia. Pero todo sigue como siempre: de ida y vuelta, como todas las fronteras. Con las líneas que nos cruzan y las otras tantas que cruzamos.
Nota
*Juan no es su nombre verdadero. Lo cambiamos para proteger su privacidad, como la mayoría de las personas que por miedo a intimidación o represalias en el clima político actual prefieren ser entrevistadas en anonimato.