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Mindset: La actitud del éxito

En este texto, el autor reflexiona sobre la importancia de adoptar una mentalidad de crecimiento en el actual sistema educativo mexicano

En el aula, la evaluación no debería ser un castigo sino una herramienta para medir avances: la mentalidad de crecimiento plantea que el error es parte del aprendizaje. Crédito: El Universal
12/04/2026 |01:10Hugo Setzer |
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Deseo hacer una aclaración importante. Hace un año, en marzo de 2025, terminé mi periodo como presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana. Desde entonces, todo lo que aquí escribo, gracias a que amablemente me sigue acogiendo esta casa editorial, lo he hecho a título estrictamente personal.





La CANIEM tiene un único vocero, que es su presidente en turno, a quien le tengo un gran aprecio y respeto. Desde que terminó mi mandato, jamás he pretendido hablar en nombre de un gremio al que quiero profundamente y que tuve el privilegio y el honor de presidir durante tres años. Estimado(a) lector(a), gracias por dedicar algo de su tiempo a estas reflexiones personales, que espero que contribuyan al debate de ideas en nuestro país.

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Niña caminando hacia su escuela en la región de la Montaña de Guerrero, una de las zonas más marginadas del país. Foto: Salvador Cisneros Silva / EL UNIVERSAL

Tomo prestado el título para este artículo de la traducción al español del fantástico libro de la psicóloga, profesora de la universidad de Stanford y una de las más reconocidas investigadoras a nivel mundial en los campos de motivación y personalidad, Carol Dweck: Mindset, the new psychology of success, publicada por la editorial Sirio.

Ha habido todo un debate en torno a la cuestión de si inteligencia y personalidad son rasgos inmutables con los que nacemos y permanecen igual toda la vida. Yo todavía crecí pensando que éste era el caso.

En la actualidad ha quedado ampliamente demostrado que ambos rasgos se pueden desarrollar. Es curioso que el debate haya continuado durante tanto tiempo, cuando ya a principios del siglo XX el psicólogo francés Alfred Binet, que fue el creador de la primera prueba de inteligencia, afirmaba que la inteligencia se podía desarrollar.

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Binet había sido contratado por el gobierno francés para crear un método para identificar a los alumnos que necesitaban apoyo educativo adicional. Junto con su colaborador Théodore Simon, desarrolló la escala Binet-Simon, introducida en 1905, y que marca el comienzo de las pruebas de inteligencia modernas.

Antes de esta escala, no existía una forma fiable de medir las capacidades cognitivas. La escala Binet-Simon fue la primera herramienta diseñada para evaluar sistemáticamente habilidades de pensamiento como la memoria, la atención y el razonamiento. El propio Binet creía que la inteligencia era flexible y mejorable, no fija, una idea que todavía influye en la psicología educativa moderna.

El problema, que nos explica magistralmente Carol Dweck en su obra, es que, dependiendo de lo que creamos en torno a este tema, formamos actitudes mentales de dos tipos muy diferentes.

La Dra. Dweck identifica, por un lado, a quienes tienen una mentalidad fija: “Creer que tus cualidades están grabadas en piedra genera la necesidad imperiosa de demostrarlas una y otra vez. Si solo posees cierta inteligencia, una personalidad determinada y un cierto carácter moral, entonces más te vale demostrar que cuentas con una buena dosis de ellos. Simplemente no sería aceptable parecer o sentirte deficiente en estas características tan básicas.”

Por otro lado, quienes poseen una mentalidad de crecimiento “creen que el verdadero potencial de una persona es desconocido (e incognoscible); que es imposible prever lo que se puede lograr con años de pasión, esfuerzo y formación.” Esta reflexión conecta perfectamente con lo que afirma Angela Duckwort en su libro Grit: El poder de la pasión y la perseverancia, publicado en español por Urano:

“El éxito a largo plazo no depende tanto del talento natural, sino de la capacidad de mantener el esfuerzo y la motivación a lo largo del tiempo. Por ello, la clave del éxito no es el talento ni la suerte, como siempre hemos creído, sino una mezcla de pasión y perseverancia.”

Pero, para poder mantener el esfuerzo y perseverancia para superarnos, debemos de creer que es posible mejorar. Sigue diciendo la doctora Dweck que: “No es que algunas personas reconozcan por casualidad el valor de superarse a sí mismas y la importancia del esfuerzo. Nuestra investigación ha demostrado que esto proviene directamente de la mentalidad de crecimiento. Cuando enseñamos a las personas la mentalidad de crecimiento, centrada en el desarrollo, estas ideas sobre el desafío y el esfuerzo surgen de forma natural.”

“Del mismo modo, no es que a algunas personas simplemente les desagraden el desafío y el esfuerzo. Cuando les inculcamos una mentalidad fija, centrada en rasgos permanentes, rápidamente temen al desafío y devalúan el esfuerzo.”

Precisamente de ahí se deriva uno de los más graves problemas de nuestro sistema educativo en México (uno de muchos), pues se ve a los alumnos con una mentalidad fija. De ahí nace el rechazo de nuestras autoridades educativas a las evaluaciones, pues consideran injusto y discriminatorio evaluar, como si se tratara de poner en evidencia defectos insuperables de los niños, mientras que, con una mentalidad de crecimiento, buscarían conocer estas insuficiencias, con el interés de superarlas y mejorar, en vez de esconderlas.

Los alumnos necesitan la confianza de saber que una mala nota no los define y que lo que hay que hacer es esforzarse más, con pasión y perseverancia. Adicionalmente, necesitan saber cuál es su grado de avance, por lo que necesitan evaluaciones periódicas.

En palabras de la Dra. Dweck: “Cuando tienes una mentalidad de crecimiento, crees que puedes desarrollarte y estás abierto a recibir información precisa sobre tus habilidades actuales, incluso si no es halagadora. Además, si estás orientado al aprendizaje, necesitas información precisa sobre tus habilidades actuales para aprender de manera eficaz.”

Estamos fallando a toda una generación de niños y niñas, pues por motivos ideológicos y creencias equivocadas los estamos privando de las herramientas que necesitarían para medirse, mejorar y desarrollar todo su potencial. Con una mentalidad fija, centrada en rasgos inmutables, los estamos condenando a un futuro de mediocridad.

Tenemos las bases científicas suficientes para mejorar nuestro sistema educativo, para proporcionarles a nuestros alumnos las herramientas adecuadas para una educación de calidad, como evaluaciones periódicas y libros de texto apropiados, pero para ello es necesario dejar del lado dogmas inútiles e ideologías fracasadas. Estamos a tiempo de reconsiderar, a tiempo de regresar a hacer caso a Alfred Binet y reconocer, desde una mentalidad de crecimiento, que es posible progresar y superarse. Con ello podremos lograr desarrollar todo el potencial de nuestros niños y niñas. Ellos lo merecen.