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Los límites de la tolerancia

¿Hasta dónde tolerar? Este ensayo distingue entre aceptar personas, tolerar ideas y combatir la intolerancia con “tolerancia cero”

Acto en Minneapolis en solidaridad con las víctimas de Pulse. En una pancarta se lee: “Las únicas cosas que deben estar en el closet con las armas”. Crédito: WikiCommons
01/02/2026 |01:02Hugo Setzer |
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¿Cómo encontrar los límites entre la aceptación, la tolerancia y lo que debería de ser intolerable? Sobre este tema escribe en un sobrio ensayo, publicado por la editorial Piper en 2017, el filósofo contemporáneo alemán Michael Schmidt-Salomon.





Durante muchos años me he ocupado con temas de libertad de expresión. He citado al escritor, filósofo e historiador francés de la Ilustración François-Marie Arouet, mejor conocido por su seudónimo, Voltaire, con su célebre frase: “Podré estar en desacuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo.”

Sin embargo, una pregunta incómoda me ha asaltado desde hace mucho tiempo. ¿Debería de ser tolerable y defendible toda expresión?

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Voltaire acuñó la célebre frase: “Podré estar en desacuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo.” Crédito: WikiCommons

Schmidt-Salomon desmenuza la cuestión de manera magistral. Comienza por explicar el origen de la palabra ‘tolerancia’:

“La tolerancia es la capacidad de soportar una carga. Esto ya es evidente en el origen etimológico de la palabra, derivada del verbo latino «tolerare», que puede traducirse como «soportar», «aguantar» o «sufrir». En términos políticos, la tolerancia significa la capacidad de soportar formas de pensar perturbadoras o inquietantes. Una persona tolerante acepta que otras personas piensen, actúen y sientan de manera diferente, incluso de maneras que resultan desagradables.”

Otro aspecto que resalta Schmidt-Salomon es la diferencia entre tolerancia y aceptación:

“La palabra «aceptación» deriva del latín «accipere», que significa «aceptar», «asumir», «aprobar». La diferencia con la tolerancia es obvia: lo que se «acepta» no se tolera ni se soporta simplemente, sino que se consiente. No es una carga que se debe soportar, ni un sufrimiento del que se desea escapar. Lo que se acepta se aprueba y se respeta.”

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En este punto hace una aclaración muy pertinente: no es que debamos “tolerar” a otros seres humanos, sino que, debido a su dignidad intrínseca, es imprescindible aceptarlos. Eso no quiere decir que aceptemos sus puntos de vista sin más, sino que aceptamos y respetamos a la persona por el solo hecho de ser persona. Sus opiniones pueden ser aceptadas también, o cuando menos toleradas, aunque no nos gusten, pero la persona como tal debe ser aceptada.

Schmidt-Salomon nos habla también de las diferencias entre lo aceptable, lo tolerable y lo intolerable:

“Desde la perspectiva de una sociedad abierta, hay, en primer lugar, actitudes que deben aceptarse en todos los aspectos, es decir, aprobarse, porque cumplen plenamente con los principios de una sociedad abierta. Estas actitudes deben fortalecerse.”

“En segundo lugar, hay actitudes que solo pueden tolerarse, ya que, si bien contradicen los principios de una sociedad abierta, no representan una amenaza inmediata para su funcionamiento. Estas actitudes deben ser confrontadas con ‘desprecio civilizado’, ya que representarían un grave peligro para la sociedad abierta si se impusieran.”

“En tercer lugar, existen actitudes que no deben tolerarse bajo ninguna circunstancia, ya que representan una grave amenaza para los principios de una sociedad abierta. Estas actitudes no solo deben ser rechazadas cívicamente, sino combatidas por todos los medios. En este caso, la solución es, sin duda, la «tolerancia cero».”

Schmidt-Salomon utiliza el ejemplo de las personas con orientaciones sexuales diferentes. En diferentes países musulmanes hoy en día existe una prohibición expresa a la homosexualidad. Sin embargo, esta posición no parece estar basada en las escrituras de la religión.

“El mundo islámico careció durante mucho tiempo de la homofobia eliminatoria que caracterizó al cristianismo durante siglos. Incluso el primer emperador cristiano, Teodosio, había ordenado la quema pública de homosexuales; sin embargo, la persecución constante de los homosexuales apenas comenzó con el inicio de la Santa Inquisición en el siglo XIII.”

“El arabista alemán Thomas Bauer ha señalado que no se encuentra rastro alguno de homofobia en la historia cultural árabe-islámica entre los años 800 y 1800.”

“En mil años de historia islámica, no se conoce un solo caso en el que un hombre fuera procesado por mantener relaciones sexuales consentidas con otro hombre. Esto ocurrió solo a partir de 1979, el año de la revolución islámica en Irán, que no solo impulsó el antisemitismo musulmán, sino que también alimentó la homofobia de forma asesina.”

En pocas palabras, ¿qué quiere decir todo lo anterior? Tomando el ejemplo de la homosexualidad, quiere decir que las relaciones homosexuales consentidas no solo deben ser “toleradas” (como algo que debe ser soportado), sino aceptadas como la libre elección de una persona.

Las opiniones en contra de la homosexualidad deben de ser toleradas, en tanto no supongan un peligro para una sociedad abierta. Lo que sin duda no debe ser tolerado bajo ninguna circunstancia, son las incitaciones de odio en contra de grupos minoritarios de la población.

Estos llamados de odio fueron los que provocaron que Omar Mateen, un ciudadano estadounidense de origen afgano, con un largo historial de conductas antisociales, abriera fuego el 12 de junio de 2016 en un club nocturno frecuentado por la comunidad lésbico-gay en Orlando, Florida, con un saldo de 49 muertos y 53 heridos, muchos de ellos de gravedad.

Ya Karl Popper, uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, especialmente en filosofía de la ciencia y filosofía política, se había cuestionado en 1945 acerca de los límites de la tolerancia. En su obra célebre La sociedad abierta y sus enemigos Popper describió la paradoja de la tolerancia, que percibía en el hecho de que la tolerancia ilimitada necesariamente conduce a la desaparición de la tolerancia misma. Por ello, para proteger a la sociedad abierta, nos instó a afirmar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia.

En fin, lo que podemos decir en resumen es que los seres humanos no es que deban de ser “tolerados”, sino más bien aceptados, en virtud de la dignidad humana que los caracteriza. Las opiniones de los demás deben ser toleradas y defendidas, como decía Voltaire, en tanto no atenten contra los principios de una sociedad abierta. En defensa de la tolerancia, lo único que no nos podemos dar el lujo de tolerar es la intolerancia misma.